18 Enero, 2008...10:03 am

ILEGALIZACIONES

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Javier OrtizJavier Ortiz

Ante la inminencia de la ilegalización de ANV y EHAK, los escasos dirigentes de la parte de la izquierda abertzale asociada a Batasuna que quedan en libertad multiplican los llamamientos a la solidaridad y a la protesta unitaria.

 

Hay en sus demandas un par de puntos que me parecen dignos de reflexión.

 

El primero se refiere al diferente tratamiento que aplican a los actos que implican un claro desdén por los derechos humanos, según quiénes sean los que los protagonizan. Si es ETA o son los aficionados a la kale borroka los que reparten leña contra quienes se les ponen por delante, así sea en un terreno estrictamente político, ellos se niegan a condenar tales desmanes, alegando que las condenas no llevan a ninguna parte porque estamos ante manifestaciones del «contencioso que enfrenta al Estado español con Euskal Herria», que hay que enmarcarlas en ese contexto y que sería un error evaluarlas aisladamente. Sin embargo, cuando alguno de los suyos es torturado por la Policía, o ellos mismos ven lesionado tal o cual de sus derechos, nunca he visto que emitan un comunicado diciendo que no vale la pena condenar lo que les pasa, porque las condenas no conducen a nada y se trata de algo que se enmarca… Etcétera, etcétera.

 

El segundo punto que me llama la atención de esos llamamientos a la respuesta unitaria contra las previsibles ilegalizaciones de ANV y EHAK es la forma tan rara que los dirigentes de Batasuna tienen de preconizar la unidad política: poniendo a caldo a casi todos los demás partidos. Eso no plantea sólo un problema bastante obvio de falta de diplomacia, sino también de llamativa carencia de lógica. Si casi todos los demás partidos vascos merecen ser catalogados como agentes del enemigo, como ellos pretenden, ¿qué sentido tiene pedirles que se enfrenten a quien sirven?

 

En lo que a mí respecta y en relación a este asunto, tengo claras dos cosas.

 

 La primera es que manifestaré mi total rechazo de la ilegalización de ANV y EHAK. No porque simpatice con su modo de hacer política, sino porque sostengo el criterio de que los partidos no delinquen. En puridad jurídica, sólo pueden delinquir los individuos (me refiero, claro está, a delitos de tipo penal). Si algún miembro de algún partido –de los dos citados o del que sea– merece ser llevado ante los tribunales por algo que ha hecho, que lo lleven. Pero los partidos no son sus dirigentes: constituyen instrumentos para que la ciudadanía pueda estar representada a todos aquellos niveles en los que la representación es posible. Prohibir un partido es privar a una parte de la sociedad de su derecho a estar representada.

 Lo segundo que tengo claro es que manifestaré mi rechazo a esas ilegalizaciones por mi cuenta, sin apoyar ninguna iniciativa que esté amparada por Batasuna. Tengo mi propio criterio, y no me gustaría nada que se confundiera con planteamientos que no sólo no comparto, sino que me pillan a kilómetros de distancia ideológica y política. 

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