Extracto del libro SIN ANIMO DE OFENDER/Tomás Gutier
“El lenguaje andaluz tiene sonidos los cuales no pueden ser expresados en letras castellanas”.
“Tal vez hoy alguien se ocupe en la tarea de reconstruir un alfabeto andaluz”.
Las palabras de Blas Infante golpeaban las conciencias de los nacionalistas andaluces que se propusieron en 1990 seguir las teorías del Padre de la Patria Andaluza. Hubiera sido más fácil de haber contado con la aquiescencia de las autoridades, la colaboración de las universidades y el trabajo de los intelectuales andaluces, pero tanto unos como otros, instalados en “la verdad”, desprecian ocuparse del andaluz manteniéndonos adormecidos con un alienamiento cultural que nos impide evolucionar y provoca un complejo de inferioridad que no tiene razón de ser. Esa realidad, (con sus justas y reconocidas excepciones) que ya Blas Infante constató en su tiempo, obliga a que ahora, al igual que entonces, sean personas ajenas a la cultura oficial y a las disciplinas universitarias las que asuman la tarea de investigar nuestra identidad. En primer lugar constatamos y comprobamos que “el lenguaje andaluz tiene sonidos los cuales no pueden ser expresados en letras castellanas”. Entonces, intentamos algo muy simple: poner por escrito lo que hablan las andaluzas y los andaluces. Pero la literatura oficial se nos echa encima y lo más suave que nos llaman es imbéciles. ¿Dejamos nuestro trabajo para evitar que nos insulten? ¿Acaso no estamos haciendo lo mismo que hicieron los monjes en el monasterio de San Millán de la Cogolla o el párroco que en el pueblo catalán de Alt Urgell se preocupó de poner por escrito sus sermones? ¿Por qué si alguien en el siglo X o en el siglo XII escribe tal como oye hablar a sus conciudadanos es el padre de una lengua y si lo hacemos en el siglo XX somos unos locos? Una modalidad lingüística, lengua o dialecto, puede tener o no tener una ortografía propia, ser o no ser oficial en un territorio, poseer o no poseer una literatura, pero una u otra cosa no la hace ser menos lengua. Sin embargo, no es éste el caso de la Modalidad Lingüística Andaluza, que, aunque no esté reconocida oficialmente, posee una ortografía, gramática y literatura propias. Detrás del empleo de términos como dialecto o hablas, muchas veces sólo encontramos prejuicios ideológicos y nacionales, que nada tienen que ver con la lingüística. Todo dialecto es una lengua en sí, con unas reglas y formas propias. Lenguas como el francés, el italiano, el inglés o el alemán fueron en sus inicios dialectos del latín o de las lenguas germánicas antiguas. El propio castellano, en sus comienzos, no fue otra cosa que un dialecto latino, sin ortografía, gramática ni literatura propia, sujeto al dominio lingüístico del leonés. ¿Qué hubieran dicho del pobre cura de San Millán de la Cogolla si por aquellas fechas hubiera existido la Real Academia de la Lengua Latina?. Si, como dicen los expertos, el rasgo principal de una lengua es su “sistema vocálico”, el andaluz es una lengua en todos los sentidos. Sus diez vocales son un caso único dentro de las lenguas romances, herencia directa del latín clásico. El hecho de que el andaluz sea un dialecto muy próximo al portugués, castellano o aragonés, no le hace un dialecto de ellos. Pero, sin embargo, todos ellos comparten un sinfín de elementos, formando junto al gallego, asturiano, etc, lo que se ha llamado Grupo Iberoromance. El citado grupo tiene un mismo substrato lingüístico, así como un rico elemento léxico común, fruto de unos procesos históricos paralelos. Todas las lenguas romances emplean un léxico cotidiano formado aproximadamente por unas tres mil palabras. El italiano y el castellano comparten el ochenta por ciento de ese vocabulario. El portugués y el gallego, cerca del noventa por ciento. El rumano y el italiano el setenta por ciento, etc. No debemos sorprendernos, por tanto, de que el andaluz comparta la mayoría de su léxico con otras lenguas como el italiano, portugués o castellano. Ya la lengua romance de al-Andalus y el castellano compartían un gran número de palabras, prácticamente iguales en una y otra lengua. Los filólogos españoles durante muchos años han dado una lectura castellanista a la realidad lingüística andaluza, por lo que les ha sido imposible entender plenamente los fenómenos que se dan en el andaluz. Pero, claro, partían de una premisa equivocada, porque el auténtico referente hay que buscarlo en la lengua latina y no en el castellano. Sólo entonces empezaremos a entender fenómenos lingüísticos como las diez vocales, la geminación, la pervivencia de la -t intervocálica, el rechazo a las consonantes finales o la forma de construir el plural en nuestra lengua. Todos estos rasgos hacen que en muchos aspectos el andaluz vivo sea un puente lingüístico entre los dialectos italorromances e iberorromances y que esté, por tanto, tan cerca del italiano como del castellano. Para entender la realidad lingüística andaluza hay que mirar, necesariamente, hacia la lengua romance de al-Andalus, expresada en numerosos textos escritos en Aljamía, pues en ella se encuentran las piezas que faltan a la hora de reconstruir el proceso evolutivo de nuestra lengua. Aún hoy nos encontramos miles de palabras aljamiadas en el andaluz, que no se encuentran en el castellano. La principal causa de las diferencias lingüísticas entre los dialectos del norte y del sur de la península ibérica, radica en el desigual grado de romanización -unos 300 años en la zona de Álava-Burgos y unos 700 años en la Bética- y de arabización -casi la mitad entre una zona y otra-, lo que ha hecho que el andaluz y el castellano evolucionen de forma diferente. La coexistencia en el norte peninsular del latín y el vasco modificó profundamente la lengua de la zona, adoptando ésta un sinfín de hábitos lingüísticos vascos como: las cinco vocales, el sonido ñ, las terminaciones en consonante, la transformación en -d de la -t intervocálica, etc. En cambio, la lengua latina de la Bética se mantuvo mucho más próxima a la hablada en la península italiana. En algunos aspectos, la lengua andaluza se encuentra a medio camino entre el italiano y el castellano.
Precisamente, y como ya dijimos anteriormente, si, como aseguran diversos lingüistas, el rasgo más claro de la individualidad de una lengua es su sistema vocálico, las diez vocales andaluzas, herencia directa del latín, hacen al “andaluz vivo” una lengua diferente del castellano.
El castellano adopta como sistema vocálico el vasco, por algo es el latín rudimentario hablado por vascones, y está formado por cinco vocales. El andaluz, en cambio, mantuvo las diez vocales del latín clásico, un caso único dentro de las lenguas romances. Ni siquiera los dialectos italianos pudieron evitar que las diez vocales clásicas evolucionaran a siete. El sistema triangular del castellano, contrasta con el cuadricular del andaluz. El esquema andaluz se encuentra dentro del sistema de cinco grados de apertura, rarísimo en Europa y que sólo se da también en Kerenz (Glacis, Suiza). Este hecho lingüístico, aparentemente trivial, modifica profundamente la morfología y sintaxis de nuestra lengua. Es curioso que en los dialectos del norte de África (Túnez, Argelia y Marruecos) se dé un vocalismo muy parecido al andaluz y las tres vocales del árabe clásico -a (alif), -i (ye) y -u (uau), se han desdoblado, apareciendo tres vocales largas: -a, -i, -u, -ä, -ï, -ü, y con ello un sistema parecido al andaluz. Es difícil precisar si este fenómeno es semita o producido por el sustrato latino latente en los dialectos árabes de la zona. En relación a todo esto, el profesor de lengua beréber en la Universidad de Cádiz, Mohand Tilmatine, reconocía que: “el parecido fonético entre el andaluz y el beréber es estupendo. la pronunciación de ciertas consonantes es casi idéntica como el caso de la ll y la sustitución de la l por la r. Con el beréber es lo mismo, lo que me facilita su enseñanza…”. Si original es el sistema vocálico andaluz, que produce una reordenación fónica agrupando las vocales en dos grados, no menos original es la solución dada por el andaluz para la construcción del plural, usando las vocales largas -ä, -ë, -ï, -ö, -ü, en vez de la forma castellana en s. Por lo tanto, es el artículo, actuando como determinante, el que de verdad nos indica el género y número del sustantivo andaluz, debiendo acompañarlo siempre. Como hemos indicado anteriormente, la desigual romanización entre el Valle del Duero y el del Guadalquivir, es la causa real de que el sistema vocálico andaluz se diferencie del castellano y que construyamos el plural como lo hacemos. La romanización de la Bética duró casi 900 años (del 212 A/C al 665 D/C), frente a los 397 años de romanización de la zona de Burgos/Álava. Pero la romanización de la Bética no sólo duró más, además fue más intensa y de mayor calidad. Precisamente la supervivencia de las diez vocales del latín clásico debió estar íntimamente ligada a la existencia de un amplio sistema educativo y una rica sociedad urbana.
Por lo tanto, teniendo clara la génesis del andaluz actual, se hace necesaria la reconstrucción y normalización de la modalidad lingüística andaluza, en base a los siguientes puntos:
Reconstruir la evolución de la lengua andaluza.Identificar y reconocer las aportaciones andaluzas a la cultura universal.Potenciar los estudios y sensibilizar a la población andaluza en la necesidad de usar y proteger su lengua.Dotarla de una ortografía unificada válida para todo el territorio nacional andaluz.Recuperar toda la literatura antigua posible, a la vez que se promueve la Nueva Literatura Andaluza.Propiciar reformas políticas que hagan posible el reconocimiento de la realidad lingüística andaluza, normalizando su uso en la enseñanza, televisión, radio, etc y su aceptación como la Lengua Nacional Andaluza. Para comenzar los trabajos sobre el andaluz, en primer lugar se comparó la lengua romance de al-Andalus con el andaluz actual y con el castellano, comprobando con asombro, que un setenta por ciento del léxico del andaluz vivo -lo que hablamos actualmente- coincidía con el romance andaluz o lengua de Aljamía, mientras un veinte por ciento de las palabras que ahora usamos son iguales que en la lengua romance andaluza, pero desconocidas en el castellano.
En relación con las demás lenguas de la península Ibérica, se pudieron crear tres grupos léxicos en el andaluz:
Un primer grupo formado por palabras que son iguales en lengua de Aljamía, castellano y andaluz, como por ejemplo: mano, monte, sierra o moreno.
Un segundo grupo de palabras que, aunque de claro origen aljamiado, pasaron al castellano (y, en menor medida, al portugués, gallego, asturiano y aragonés). Son palabras como mandil, manta, candil o madroño.
Un tercer grupo de palabras que existen en la lengua romance de al-Andalus y en el “Andaluz Vivo”, pero no en el castellano. Palabras como cambalada, sangacho, mayuelo o parata. Siguiendo las propuestas del Padre de la Patria Andaluza, se inició un largo y complicado proceso de reconstrucción en base a la idea de Infante de dar a cada sonido un sólo signo, representar cada sonido lo más aproximadamente posible y tratar de evitar los signos dobles. En su momento, Infante propuso recurrir a la grafía árabe a la hora de representar los sonidos de la Modalidad Lingüística Andaluza: “…Al alifato, mejor que al español, hay necesidad de acudir para poder encontrar una más exacta representación gráfica de aquellos sonidos…”. Se estudió profundamente el tema, llegándose a la conclusión de que el alfabeto árabe era poco apropiado para representar las diez vocales latinas conservadas en el andaluz, al tener esta grafía una sola vocal (y dos semiconsonantes con la doble función de vocales y consonantes). El hecho de que el andaluz sea, por su morfología y sintaxis, claramente una lengua romance, fue determinante a la hora de adoptar como grafía propia la de la lengua Latina. Pero no solamente se tuvieron en cuenta los trabajos teóricos de Blas Infante, también se profundizó en la literatura de Demófilo, Schuchardt, De Mena, Baldinger o Pezzi. Aunque es justo recono-cer que el trabajo teórico y práctico desarrollado por Infante configuraría la evolución y posterior desarrollo de la Nueva Literatura Andaluza. Este es el comienzo de una labor ardua y complicada. Sabemos que no cuenta con la aprobación de los estamentos oficiales, todo lo contrario, la repulsa y el desprecio serán una constante a la hora de enjuiciarnos. Pero no importa, probable-mente quienes empezaron a escribir una cosa diferente del latín tendrían la crítica y los ataques más furibundos de los ortodoxos de su época. Ahora reciben homenajes de los intelectuales españoles y se estudia como el comienzo de una lengua llamada castellano. Por lo visto, todo es cuestión de tiempo.












2 comentarios
16 Julio, 2009 a las 8:54 pm
l`ehkritura impide ke dezahparehka er idoma i l`kurtura no perdamô l`e`nohotro biba l`andalû
29 Julio, 2009 a las 7:08 pm
hablamos castellano y ya esta, que elucubraciones dios, y las unicas propuestas que veo es de que cada uno de los miles de acentos andaluces tengan su propia gramatica, si hasta en canal sur esta prohibido el andaluz ceceante, que hacemos dos gramaticas una ceceante otra seseante, mas cada uno de los cientos de acentos intermedios, por dios nos volveriamos locos y no llegariamos nunca a ninguna parte, POR CIERTO LOCUTORES CECEANTES EN CANAL SUR. ESTAMOS DISCRIMINADOS.