30 Enero, 2008...7:04 am

CERCO AL NACIONALISMO

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Juan Gámez Cobo/Andalucia 24 h. 

El panorama político andaluz y español, pretenden conformarse de forma bipolar. A los nacionalismos se les excluye y desacredita. Andalucia necesita voz propia en Madrid. Que no vengan a salvarnos.

Son fechas en las que, quien más y quien menos, se empiezan a contar los días que faltan; no para el Carnaval o la Semana Santa, como sería lo habitual, sino para las Elecciones. En esta cuenta atrás, faltan menos de cuarenta días, parece que gobierno y oposición se han puesto de acuerdo: los nacionalismos no interesan.
Tanto es así que, la nueva figura del marketing político, “gobierno de España”, presta servicio a los dos partidos mayoritarios. En un principio, decir gobierno o reino daría lo mismo, pues somos una monarquía parlamentaria, como se diría en nuestras escuelas. Pero ocurre que, con el uso del nuevo vocablo se engrandece la percepción que se tiene de los órganos de poder, institucionalizando, en los paradigmas de la mente, una figura orgánica, ejecutiva y omnipresente que se llama “Gobierno”. Por el contrario, la figura parlamentaria, el Parlamento en sí, donde radica el poder del pueblo, se diluye, se queda sin nombre, perdiendo su valor figurativo.

Al bipartidismo, retrógrado y absolutista, que se está implantando en España, no le interesan las minorías. Y mucho menos si llevan el calificativo de nacionalistas… ¡toma mayorías!

Al partido popular, con sus diversas actualizaciones de modernidad, de corte derechista, conservador y neoliberal, por principios y por discurso es totalitarista y antinacionalista; solo responde a intereses propios y es, entonces, cuando echa mano de los nacionalismos. Pero ocurre también que el partido socialista no se queda atrás: establece falsas alianzas con grupos nacionalistas en las autonómicas y municipales, para luego cortar cabezas en las generales ¿A qué juega?

El doble lenguaje, en política, es más peligroso que la demagogia. A ésta última se la ve venir, pero el primero confunde y desorienta. El Gobierno actual, utilizó el discurso y las promesas de corte nacionalista para derrocar al partido popular y ahora, a través del poder judicial, los desacredita y persigue. ¿Es un doble lenguaje o una doble intención?

Las máximas partidistas, para gobierno y oposición, buscan o pretenden la mayoría absoluta; esa que da licencia para casi todo (normalmente, ese todo se centra en hacer y en deshacer lo anterior). En las tres décadas de gobierno parlamentario que llevamos, las mayorías sólo han conocido el freno y la sensatez cuando determinadas formaciones políticas, de corte nacionalista, les han obligado a sentarse en la mesa. Es curioso, pero ha sido entonces cuando menos desmanes -entiéndase torpezas- se han cometido. Resulta que los partidos nacionalistas son, para el bipartidismo estatal, como el agua para el cemento y la arena: sin ellos o sin ella, no sirven; al menos en nuestra pretendida democracia.

A nivel de territorio español, algunas formaciones han sabido utilizar la coyuntura y canalizar, los esfuerzos políticos y los recursos estatales, más o menos en beneficio de su tierra. A nivel autonómico, estas formaciones se han convertido en fuerzas referenciales vivas (Cataluña, Euskadi, Galicia, Aragón, Canarias…), es decir; alguien que está ahí y con quien hay que contar. El ocultado crecimiento nacionalista molesta a los partidos mayoritarios, sobreviene pues, que en la actualidad se les intente desbancar.

Andalucía no ha sido ajena al contertulio político entre estado y nacionalidades, a Andalucía y al nacionalismo andaluz se le ha ahogado a conciencia pues, porcentualmente y por votos, representaría una fuerza demasiado ostensible en Madrid. Al nacionalismo andaluz, para que no llegue a Madrid, se le ha parado antes, aquí, en su tierra. El Partido socialista ha hecho cuestión de patria que el andalucismo no suene; que para andaluces ya están ellos. Lo que desemboca en una absoluta fatalidad, pues siempre han seguido y seguirán directrices y dictámenes centralistas (la voz socialista en Andalucía siempre ha andado supeditada a Madrid; cuando no está presa, la andan buscando). ¿Dónde están las voces andaluzas? ¿No hay andaluces y andaluzas válidos y valiosas en Cádiz, capaces de hacer llegar nuestras voces y problemas a Madrid? ¿Vuelve la aria España visigótica? ¿Tanta cultura como pregonamos, tanta innovación y tantos máximos, son incapaces de producir un político o política de talla que represente a nuestra tierra?

Desde la Andalucía profunda y callada… ¡Dejadme! ¡No quiero que nadie venga a salvarme! (tradúzcase por engañarme).
  

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