Rafael M. Martos/Director Diario de Almería
Aquí, en Andalucía, también hemos tenido nuestros héroes irreductibles, como Ben Humeya, que consiguió sublevar a todas las Alpujarras contra el invasor castellano, perverso incumplidor de pactos sagrados como las Capitulaciones que les permitieron la entrada en Granada. Pero aquí, en Andalucía, a nadie se le ha ocurrido hacer de su vida un cómic en el que los niños aprendan el valor de la rebeldía contra el poderoso, no sea que vayamos a aprender y luego la liemos.
Por eso a mi, a esa edad de los primeros libros, lo que me flipaba era Tintín, si bien nunca entendí que Milú hablara y los negros balbucearan, pero luego me enteré de las presiones políticas de Hergè y “sus circunstancias”. Supuestamente era periodista, pero nunca llegué a verle en una viñeta ante la máquina de escribir.
Me gustó de otra manera Asterix, pequeñito pero matón, siempre contra el imperio romano, el imperio del latrocinio, el del ordeno y mando. Amigo de sus amigos, y siempre dispuesto a disfrutar de una noche de fiesta tras poner a los legionarios en su sitio.
Pues eso, que a mi siempre me ha costado estar callado cuando algo no me gustaba, me ha costado estar quieto ante algo injusto, me ha costado no decir lo que pienso, me ha costado… y me está costando. Aunque hay alguien que quiere que me cueste más, pero no sólo a mi, personalmente (que jode que te toquen la cartera) si no también hay alguien que quiere callar a este medio que usted, lector, tiene en sus manos. Debe ser que cinco años de periodismo gratuito, accesible a todos, es demasiado tiempo. Por eso quienes nos castigan negándonos la publicidad a la que por ley tenemos derecho, buscan subterfugios y complicidades espúreas para cerrarnos la boca. Coacciones, amenazas, presiones… ¿tanto escuece la verdad?
Quiero pensar que podemos ganarles. Somos más y mejores.



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