21 Febrero, 2008...4:57 am

LA QUIEBRA DE LAS RELACIONES DE PODER EN LA SHARIA

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Abderrahman MedinaAbderrahman Medina

El Islam se organiza y esfuerza no sólo a favor de la plena soberanía de la persona respecto al Estado, también por una comunidad independiente, porque personal, individual y colectivamente es preciso romper amarras oficiales, autoritarias, y ser independientes en nosotros mismos. El Islam como hecho profético es definitivamente diferenciador sea tanto a nivel político, cultural, histórico o estético; exige un tratamiento de horizontalidad liberadora frente al verticalismo que nos impone el sistema estatalista. Es preciso pues que se desarrolle, que crezca una voluntad y una conciencia para decidir por nosotros mismos sin imposiciones ajenas, para elegir el derecho a que los perfiles propios —lo islámico— tanto en lo personal como en lo social, sean reconocidos en toda su fuerza simbólica directa. El Islam aparece así como una realidad de muy profundas raíces que hay que defender sin reservas. El din del Islam es un hecho de linajes proféticos y unitarios muy profundos, que resultan imposibles de ser asumidos o respetados por la verticalidad estatal.Queremos manifestar que el Islam ha sido instituido, entre otras cosas, para destruir las relaciones de poder.

Relató Abu Dar al Gifari que dijo el Profeta Muhammad: «Oh gentes: ciertamente Me he prohibido la tiranía, y la he prohibido entre vosotros; ¡Así pues, no seáis injustos unos con otros!». Es obligado creer y poder imaginar una relación entre las personas que permitiera destruir completamente las relaciones de poder, tratar de controlarlas, porque las relaciones de poder pasan por nuestra carne, nuestro cuerpo, nuestro sistema nervioso, nuestra alimentación habitual, etc. La idea de una comunidad o varias comunidades que buscaran romper completamente las relaciones de poder sería de gran fecundidad. Pero debemos decir que la práctica del Islam, tal y como se lleva a cabo en gran número de países de mayoría musulmana, no da margen a que pueda decirse que es la destrucción de las relaciones de poder. Por el contrario, son éstas las que en época moderna y hasta ahora lo han conducido bajo la forma de normalización. Quienes intentan destruir estas relaciones de poder se enfrentan con grandes dificultades y debemos referirnos a muchas tentativas con una modestia loable.

Enseña el Islam: todo el poder es de Allâh y Allâh no lo comparte, ni lo transmite, ni acepta asociados. Allâh es enormemente celoso y no perdona la asociación. En la realidad del duniâ —en la realidad cotidiana— no hay poder sino que, dentro de nuestras sociedades estatalistas establecidas, existen relaciones de poder extraordinariamente numerosas y múltiples, colocadas en diferentes niveles, apoyándose las unas sobre las otras, e incluso cuestionándose mutuamente.

Tenemos relaciones de poder muy diferentes en la economía, por ejemplo, y en las relaciones sexuales, y seria simplista afirmar que son la proyección sin más del poder dominante. Igualmente, desde un punto de vista estrictamente político, puede observarse que en muchos Estados el poder político es ejercido por individuos y estamentos sociales que no detentan el poder económico.La relaciones de poder son sutiles, múltiples y se dan en distintos niveles. Estas relaciones son tan múltiples que no pueden ser resumidas tan siquiera como opresión, y que al menos a personas e incluso grandes colectivos humanos les produce placer. Hay toda una economía libidinal del poder, toda una erótica del poder, lo cual viene a probar que civilizaciones como la judeocristiana surgen y sobreviven gracias a todo un sistema de relaciones de poder aceptado y ponderado: es conveniente recordar factores psicológicos y libidinosos en la comprensión del nazismo y el fascismo, ideologías que revelaron ser un instrumento tan eficaz de los mecanismos de poder con respecto a grandes masas de individuos. Ocurre algo semejante con el sionismo y el imperialismo, relaciones de poder que vinculan a grandes colectivos humanos de una manera fanática incluidos obreros y la burguesía liberal.

Las relaciones de poder también pueden dar lugar a una cierta creatividad, lo que actúa de espejismo para la mayoría de individuos: revolución industrial, tecnología, consumismo, desarrollismo, etc. Por ello no podemos aprobar el análisis simplista que presenta a los mecanismos de poder como algo monolítico. Son muchos los que han dicho que los revolucionarios deben tomar el poder. Respecto a dicha afirmación, los musulmanes estaríamos formalmente más próximos a las corrientes libertarias —aunque también ellas tienen su concepción del poder, negativa, pero concepción del poder al fin y al cabo—. Observemos, por ejemplo, la Unión Soviética o las organizaciones libertarias, y se podrá comprobar que el tipo de relaciones de poder que se produce entre los individuos, las familias, la sexualidad, la producción, las escuelas, son las mismas que se conocen en el sistema judeocristiano u “occidental”. Dice el Corán: «hemos creado al hombre y sabemos lo que su intimidad le susurra. Porque estamos más cerca de él que su vena yugular» (Sura 50, aya 16). El Islam (para los hombres que conocen y que quieren conocer) lleva a niveles tan microscópicos la ruptura de las relaciones de poder (el gran yihad), que cuando se produce la victoria del pequeño yihad (“A1lâh es el único vencedor») no encontramos relación de poder alguna, sólo la rahma de Alláh. El Corán propone una estrategia del lenguaje revelado: discurso como estrategia, ya no como búsqueda de la verdad, sino como reconocimiento de la verdad y unicidad del Poder de Allâh.Frente al hombre del aparato del poder está el hombre de la ignorancia. Es necesario recuperar la voluntad sin sometimiento a las relaciones de poder; es preciso destruir a nuestro sujeto pseudosoberano. Deben desaparecer las relaciones de poder hasta el punto en que culminan y se encarnan en una ideología simplista de nociones como bien o mal, inocencia o culpabilidad. Hay que cambiar esta ideología vivida a través de la espesa capa institucional de relaciones de poder en la que el sistema kufr la ha cristalizado y reproducido. Es preciso conmocionar las conciencias y poner fin a las relaciones de poder.

Todas las formas de represión actuales —que son muchas— se globalizan fácilmente desde el punto de vista de las relaciones de poder y sus mecanismos de control y dominación, la agresión y el imperialismo, los Estados, la represión racista, la represión en el lugar de trabajo y el sistema que las organiza, la represión en la enseñanza, la represión contra los jóvenes en general. El capitalismo necesita un “volante” de paro, abandonar la máscara paternalista del pleno empleo. Desde este punto de vista es como encuentran su unidad: la limitación, marginación y represión de los inmigrantes, represión laboral, represión educativa… Todas las categorías profesionales han sido convidadas a ejercer funciones policiales cada vez más precisas: profesores, psiquiatras, psicoanalistas, educadores en general, etc. Están siendo reforzadas todas las estructuras e instituciones de encierro. Los musulmanes somos conscientes y podemos dar a conocer en qué consiste el llamado poder y sus mecanismo de reproducción y dominación. Ni Marx ni Freud ni los teóricos libertarios son suficientes para conocer esa cosa tan enigmática, a la vez visible e invisible, presente y oculta, investida por todas partes, que se llama “relación de poder”. La teoría del Estado, el análisis tradicional de los aparatos de Estado no agotan en absoluto el ámbito y los mecanismos de las relaciones de poder. La gran incógnita en la actualidad es que la conciencia humana no sólo debe aprehender su realidad a instancias ínfimas, debemos saber también la trascendencia que detenta dicha realidad. Es necesario saber bien hasta dónde se ejercen las relaciones de poder, por qué conexiones y hasta qué instancias, de jerarquía, de vigilancia, de control, de prohibiciones, dependencias, fijaciones. Por todas partes donde existan relaciones de poder, shaytan ejerce. Todas las luchas a las que nos tiene acostumbrados el sistema judeocristiano en sus diferentes versiones (dictaduras), se desarrollan alrededor de un centro particular de relaciones de poder: un jefe político, militar, un director de prisiones, un redactor de periódico o simples periodistas, directores de escuela o maestros… e incluso hablar de la intimidad y vida privada de los demás es una lucha de relaciones de poder. Todo ello no se debe a que nadie tenga conciencia de esta realidad, sino que hablar de estos temas personales o privados forman parte de la red de información institucional, “cotillear”, decir quién ha dicho, qué ha dicho, designar el blanco, es una primera inversión satánica del poder.Es preciso estar preparados a escuchar de nuevo el grito del fascismo y el racismo: las grandes masas populares —engañadas respecto a sus propias necesidades— pueden desear el fascismo y el racismo en un momento determinado. Hay inversiones de deseo que modelan las relaciones de poder, y las difunden, y hacen que estas relaciones se encuentren tanto a nivel del policía como del primer ministro, y que no exista en absoluto una diferencia de naturaleza entre el poder que ejerce un simple policía y el poder que ejerce un ministro. La naturaleza de estas inversiones de deseo sobre un cuerpo social es lo que explica por qué los partidos o los sindicatos llamados “de clase”, que tendrían o deberían tener inversiones revolucionarias en nombre de los intereses de los trabajadores y desheredados, pueden tener inversiones reformistas o perfectamente reaccionarias a nivel de deseo. Dice la surat al kafirun (s. 109):

Dí: ¡Oh, destructores!
No reconozco lo que reconocéis.
Y no reconocéis lo que reconozco
Yo no soy adorador de lo que adoráis
ni vosotros sois adoradores de lo que adoro.
Vosotros tenéis vuestro modo de vida y yo el mío.

Todos aquellos sobre los que se ejercen las relaciones de poder como uso o como abuso, todos aquellos que las reconocen como intolerables, como shaytan, deben aproximarse a la sabiduría del yihad íntegro que reconoce el Islam, deben comprometerse en esta lucha allí donde se encuentren y a partir de su actividad o pasividad propia; dice un hadiz de Muhammad: «la lucha es una bendición». Es preciso persuadirse que todas las costumbres, enseñanzas, ideologías, religiones, organizaciones, relaciones humanas, judiciales, e imposiciones que se reproduzcan en la Umma y en todas partes son relaciones de poder. Todo el poder es de Allâh y Él no lo transmite ni acepta asociación. Nosotros, los musulmanes, somos vivificadores del din. «Dí: Allâh es único / Allâh es pleno, no engendró ni ha sido engendrado / Y no es semejante a nada».

Las relaciones de poder no sólo se producen en la realidad de formas que conocemos y observamos, tienen una trascendencia, una gran trascendencia diríamos mejor, contra la que igualmente habremos de luchar. Hay que rechazar cualquier asociación o relación de poder que tenga que ver con el culto a la personalidad de los vivos o los muertos.

Hay que rebelarse con particular esfuerzo en todo género de culto o idolatría. Todo culto a la personalidad, magia, ideología o religión es incompatible con el din del Islam. Es necesario rechazar los jefes y los panteones, hay que quitarle toda aura religiosa a los vivos y a los muertos, porque toda asociación con Allâh degrada al hombre y lo arroja en las relaciones de poder.

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