Said Jedidi/Identidad Andaluza
Tanto la acusaron que la convirteron en huérfana de una servidumbre voluntaria..
En este océano de disgusto y de dialéctica grosera, Muy Malika no ignoraba que su tenacidad era màs excusable que el crimen de su hijo. Sin embargo, insatisfecha y habiendo descubierto prematuramente, como las demás mujeres de su generación, la extrema proximidad entre sumisión y libertad, no se cansaba de buscar explicaciones.
Sabes Aicha, aunque parezca un efecto perverso, te juro que yo nunca dudé de lo que era realmente mi hijo..
¿Pero, qué culpa tienes tú ?
No estoy hablando de culpas
Te atormentas por nada
A lo mejor, cortó conciente de su modesta ecuación personal pero segura del valor añadido de lo que iba a revelar. Quería decir que yo juraría que la metamorfósis de mi hijo ocurrió en otros cielos y no aquí en Tetuán
Si, asentió con la cabeza su amiga poco convencida pero sin ganas de escuchar más explicaciones.
Mira, Aicha siempre he sido una madre virtuosa. Los que me conocían sabían que nunca fué de hàbitos ligeros y menos aún de palabras improvisadas, en este caso, acusaciones, ligeras.
Ya lo sé mujer.
Justamente no lo sabes.De hecho nadie lo sabe. Por determinadas razones se elaboran estrategias en función de los intereses. Intoxicada por la psicología del rumor, la gente especula y..
Y..
…y los que saben en este pais, no se pronuncian como Dios manda.
Se quedó muda un instante y volvió a romper su mutismo impávido.Su mirada lánguida traicionaba sus gigantescos esfuerzo con vistas a interpretar, a su gusto, la prefiguración de su drama.
Una vez, vaciló un buen instante antes de enlazar,Yussuf me reveló su intención de olvidar el mundo y su codicia y de dirigirse hacia el Creador.
Hacia Dios
Unica y exclusivamente hacia Él porque me había confesado que necesitaba un padre…otro padre.
¿ Otro padre y el suyo?
Me dí cuenta de que el chico no necesitaba ni consejos ni orientaciones. Su decisión estaba tomada y bien tomada. Era algo asi como la génesis atormentada de su destino.
Y el vuestro y el de muchos inocentes en Madrid
¡ Y dále con inocentes! Pues si, en efecto y el nuestro o más exactamente el mío.O sea de todos. O por lo menos de muchos.
Homenaje póstumo a quien todo el mundo ha condenado. Pero Muy Malika creía firmemente que debía, cueste lo que cueste, asumir su actitud más o menos confesable. Nunca « perdía » el tiempo tratando de identificar la verdad o la mentira, el bien o el mal. Forjada desde el comienzo de su drama, su imaginación frenética se apagaba poco a poco. Edulcorada primero, su esperanza le fué traicionando. Horas..dias..meses..años de desesperada e infructuosa búsqueda de una palabra de compasión….de un gesto de solidaridad…de un « tiene razón » aunque de complacencia.
Nada…nunca.
Sabía que la expresión de sus ideas comenzaba a cansar y a aburrir. Sus aullidos de antaño se fueron apagando para convertirse en vulgares súplicas y quejidos roncos y sólo es adulada ahora por quien desprecia. Su increíble discernimiento la conduce hasta la realidad desnuda, de donde su destreza ventiladora, mezcla de telepatía y de fatalidad. Soltaba cualquier carcajada cuando le decían que tenía una edad canónica.
Si esto no es musulmán, soltaba secando las lágrimas de la risa
Se refiere a tu edad avanzada y seguramente a tu clarividencia
Clarividencia…clarividencia.. clarividencia cuántas tonterias se cometen en tu nombre.
El curso de los acontecimientos se convirtió para ella en simple consecuencia. Le daba igual hoy como ayer o mañana. Este o aquél. Bueno o malo.
El futuro es pura hechicería, solía predicar sin mucha convicción.
Para ella Yussef… su Yussef y nadie más. Yussef que nunca creció…que nunca debió crecer…que nunca fue adulto.. que « mi pequeño era inocente porque no tenía la edad de la razón ». Yussef, en los mil y un relato de Muy Malika, alegre, deportista y eternamente alternando camisetas del Mogreb Atlético de Tetuán(9) y la del Real Madrid. Yussef que nunca olió a pólvora y cuya sonrisa-sedante contagiaba a propios y extraños
Alucinación deliberada de quien defendía, a capa y espada, una causa perdida. Lo sabía pero « no puedo hacer otra cosa ».
Ahora sonrie, cuando una temblada tarde del irrespetuoso otoño tetuaní le sorprendió recitando un poema que nunca olvidó:
Me alejaron de tí, amor
hablando de patria
como si fuera mía,
yo que, entre tía y tía
siempre preferí otra tía
Era la primera vez en que recordaba su origen ceutí y añoraba su infancia dilapidada entre Calle Principe(8)) y Jamaa Al Mezuak., por una extraña fantasía del destino, renunció a la seducción y al placer.
Pero no se acordaba o no quería acordarse de la primera vez en que vió a quien iba a ser posteriormente su esposo y responsable de su actual marasmo.Tampoco recordaba cuándo y a su « la gente me decía a menudo que era bella », la contestaban burlonas, como un blasfemo « aún te quedan los rasgos». Lo que la hacía retornar durante horas a sus interminables penitencias.
Calor y quemaduras.
Muy Malika que decía y repetía que nació con la premonición de lo que conoció y dejó profundas huellas de su frialidad, no se cansaba de recordar cínica y desencantada que « era esposa, soy madre y lo reivindico ».
Rechazaba con fuerza y a veces con asco lo que llamaba con desprecio « verginidad de fachada » como si condenara aquella sociedad hidonista que « rechaza todas las ideologías de quien perdió toda esperanza ».Se refería a la metamorfósis de su hijo. Era, a la vez, víctima y culpable de su sueño inacabado y de su castigo por despertarse prematuramente.
Aunque no lo aparentaba con su continuo ascetismo, casi santida que la transfiguraba, y una arrogante lógica prestada a su secreto sortilegio durante su existencia en Calle Príncipe, Muy Malika no paraba de profanar la memoria que « selecciona los recuerdos ».
Un kocktail apocalíptico: desenfrenada carrera hacia el abismo, sensibilidad que roza lo imposible y un humor chirriante que pone los pelos en punta.
Compartía voluntaria la emoción. Y perdida entre el sentimiento de su convicción y la conciencia de su ignorancia o por lo menos de la insuficiencia de sus conocimientos, trataba de invitar a todo el mundo a amar al prójimo « como protector y no como amo y señor ».
En su feroz deseo de blanquear a su hijo, no vacilaba en blasfemar.
Dios debe saber la verdad
Dios sabe la verdad
Lo espero
« saltó a la vida sin paracaídas », volvía a enlazar, respondiendo a quien no se sentía con suficientes ganas de contar la larga y complicada historia de Yussef. « O lo empujaron », se precipitaba a puntualizar, tratando de engañar su incapacidad de explicar la transhumancia de su hijo de ideas a otras y de conciencia a otra.
« Ecos de los momentos olvidados ». Muy Malika confesaba aburrirse cada vez más. « de hecho me aburré para siempre ». Se sentía infinitamente sola. De sus compañeras de circunstancia o de infortunio, que para ella cesaron de ser seres humanos para convertirse en simples individuos, sólo le interesaba sus oídos receptivos para…quejarse de « unos que no me comprenden, otros, más crueles, me ignoran ». Era conciente y no le importaba que, a medida que la gente descubría quién era, le retiraba su compasión. Se acostumbró a lo que llamaba entre dos sonrisas, aferrándose a sus certezas, « la trampa de una vida » que no le correspondía. Por ello, enligada en su nuevo,« medio social» sabía que prestaba argumentos a quien no los necesitaba y fingiendo vivir no ignoraba que sólo existía…a menudo de manera satírica, permitiendo que las pasiones de otros la devoraran poco a poco pero irresistiblemente.
Exhumando recuerdos de infancia vencía las vicisitudes del presente.
Buscaba lo improbable y se preguntaba por qué en Fnideq la lluvia era siempre fría, intermitente y absurda. Comenzaba a creer que «vivir no es viable»(10). Desde su improvisado refugio en la esquina de aquella mezquita se limitaba a comprobar la distancia entre lo inmediato y lo inaccesible.
No le importaba aquella miseria insondable ni aquella ruina moral. El impacto marchitado de algunas miradas y la emoción desnuda de algunos inconfesados simpatizantes de la « causa » de su hijo la convencían de que, pese a no creer ni en la cortesía ni en la amistad, no era imposible convertirse un dia en un símbolo proverbial de la solidaridad crepuscular. Muy Malika no respondía nunca a las preguntas. Las volvía a plantear o a formularlas porque creía que responder es juzgar y ella, como Joseph Joubert(11) entendía que « cualquiera que apague en el hombre un sentimiento de afabilidad lo mata parcialmente » porque « cuando se encuentra lo que se busca no se puede tener tiempo de decirlo. Se debe morir ».Para ella, la vida era eso: despecho, dolor y rupturas. Su existencia-pesadilla le inculcó la cultura del desprecio y del nihilismo. Sin tarjeta de identidad…sin identidad, Muy Malika gustaba decir « soy de ninguna parte ». Nadie se lo había preguntado. (8) Barrio de mayoria musulmana de Sebta(9) Equipo de primera división en la Liga marroquí (10) Referencia de Cédric Demangeot en su “Vers rongeurs” a su amigo Guy Viarre(11) Escritor francés (1754-1824)



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