7 Abril, 2008...6:38 am

¿NORMALIZAR EL ANDALUZ?. O cómo marearnos la perdiz mientras lo eliminan

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Gorka Redondo Lanzas/Identidad Andaluza

De vez en cuando, aparecen en la prensa noticias y comentarios sobre el andaluz y diversas cuestiones con él relacionadas: si será una lengua, un dialecto, acaso varios, o simplemente, un cúmulo de ordinarieces; si habría que normalizarlo, o normativizarlo, y qué variedad habría que escoger como modelo estándar, o ya está bien como está; si en Canal Sur se habla o no se habla en andaluz; si debe entrar, y cómo, en la escuela y en los centros de ESO; y así un largo etcétera.

En algún caso, el articulista se lía la manta a la cabeza y defiende la pervivencia y, por lo tanto, el reconocimiento del romance andalusí. Otras veces, las más, se propone la difusión de un “andaluz culto”, debidamente expurgado, por supuesto, de vulgarismos envilecedores. Sin embargo, los que tienen la sartén por el mango y están en condiciones de decidir la política lingüística del estado para Andalucía, acantonados en sus honorables cátedras universitarias, no se plantean tantos dilemas, porque saben cuál es su objetivo, la erradicación del andaluz, y disponen de todos los medios a su alcance, aunque no acabe de satisfacerlos el ritmo de su progreso.

A este respecto, convendría que las personas interesadas en estos asuntos le diesen un repaso al artículo que hace algo más de un año publicaba A. Narbona, catedrático de Filología Española de la Universidad de Sevilla, en la revista cultural del ayuntamiento sevillano “EL SIGLO QUE VIENE”, pues, a pesar de no ser muy largo ni especialmente técnico, expone bien a las claras algunos de los presupuestos sobre los que se asienta la labor de la llamada Escuela Española de Lingüística en relación con el andaluz. Un desglose no exhaustivo de sus contenidos podría darnos los resultados siguientes:

1º: La primera referencia a lo que se habla en Andalucía –exceptuando el lema del Congreso del Habla Andaluza y el del Seminario Permanente del HA- se hace mediante la expresión el español hablado en Andalucía, que parece ser la última propuesta en lo que atañe a la nomenclatura, y esto es así porque el uso de conceptos como los de habla o dialecto implica un cierto grado de reconocimiento de la divergencia dialectal andaluza. Ahora bien, puesto que tal divergencia es precisamente lo que debe ser corregido y, en última instancia, eliminado, el primer paso en el proceso represivo consiste en negar su existencia.

Se trata aquí de un recurso que los poderes públicos emplean con mucha frecuencia y en todas partes, para quitarse de encima aquello que no entra en sus planes. Así, y a modo de ejemplo cercano, tenemos el caso de un pueblo corso jurídicamente inexistente y, en consecuencia, inhabilitado para reclamar ninguna clase de autodeterminación, pues el estado francés sólo reconoce un pueblo como sujeto de derecho: el francés. Lo que no existe no tiene derechos. Nótese, además, que esa denominación encaja perfectamente en un discurso que habitualmente sustituye el nombre de Andalucía por el de “El Sur”.

2º: No existe, en Andalucía, complejo alguno de inferioridad lingüística, se dice, sino un “sentimiento” que, además, y esto es cierto, no afecta a todos por igual, veremos por qué. Los andaluces, se afirma también y de manera casi obsesiva, abandonan sus rasgos dialectales voluntariamente, sin presiones de ninguna clase.

Es decir, que el problema existe, a despecho del sustantivo con el que lo nombremos, y efectivamente no es de índole idiomática, sino social, pues se trata de la traslación al plano sociolingüístico de las desigualdades presentes y fundamentales en estas nuestras sociedades capitalistas. Por eso es menos acusado en aquellas capas de la población con mejor nivel de vida y de escolarización, y más acostumbradas al uso de la lengua oficial del estado. Son éstas las menos acomplejadas, porque ya no se expresan en el habla popular, su situación les ha permitido despojarse de ese desagradable estigma dialectal. Además, el fenómeno que afecta a Andalucía y a otras regiones del dominio hispánico, es distinto del que podemos observar en las zonas “rústicas” de Castilla, porque, tal como señalan R. Cano R. Morillo-Velarde y el propio A. Narbona en el manual El español hablado en Andalucía, Ariel, 1998, el español estándar se configura a partir de la lengua de los castellanos, especialmente, de los castellanos viejos, no en la de los andaluces, cubanos o rioplatenses; no en vano se ha llamado siempre castellano.

Así las cosas, este “sentimiento”, debidamente alentado y manejado por los especialistas de la universidad, se ha convertido en el primer recurso coercitivo que desmiente la supuesta voluntariedad del hablante, en el proceso de abandono del habla andaluza, una experiencia de sustitución lingüística como tantas otras, por más que las dos variedades implicadas no sean especialmente distintas. Luego, una vez que el desdichado se ha convencido de lo mal que habla, no le faltarán quienes, como el propio articulista, se ofrecerán para “orientarlo”, a lo largo de todo el proceso “ortológico”. Y si bien el sistema educativo es el primero de los recursos aplicados a este menester, con la gramática normativa emanada de la Real Academia de la Lengua Española –porque tal academia existe y su gramática es prescriptiva, no descriptiva, y basada en la lengua literaria, no en la hablada- como texto de referencia, no es, de ninguna manera, el único utilizado, pues hay que contar igualmente con el efecto constante de los medios de comunicación, amén del cine, la literatura, etc, en los que el andaluz sólo sirve para contar chistes o identificar al personaje “garrulo”. En resumidas cuentas, bastaría con echarle un vistazo a alguno de los trabajos que tanto la Sociolingüística como la Sociología del lenguaje han generado sobre esta cuestión, para entender que no hay grupo humano, máxime establecido en su propio territorio, que abandone por las buenas su peculiar variedad idiomática. Ni profesional de la lingüística que se atreva siquiera a sugerirlo.

3º No se puede escribir en andaluz. Da por sentado el articulista que, cuando se habla de regularizar el andaluz, se está pensando sólo en el modo de hablar y añade, al parecer a guisa de argumento, que los andaluces, es obvio, escribimos en castellano. Obvio es tambien, sin embargo, que todo el mundo árabe escribe en la misma lengua, mientras habla dialectos mutuamente ininteligibles. Es el caso, además, que la imaginación humana hace maravillas y que cualquier buen lingüista es capaz de confeccionar una ortografía válida y viable para lo que se le proponga, llámese lengua, dialecto, subdialecto, jerga o lo que sea. En este sentido, también es obvio que, a lo largo de todo el siglo XX, han sido cientos, si no miles, las lenguas y dialectos a los que se les ha proporcionado unas normas ortográficas con las que afrontar regularmente su andadura literaria. Un ejemplo cercano, y posiblemente molesto para ciertos académicos, es el del asturiano; otro, el gallo de Bretaña; otro, el scots de varias regiones del Reino Unido. No es necesario, en efecto, irse a la antigua Unión Soviética ni al continente americano, territorios en los que la lista de “lenguas indígenas” normativizadas resulta impresionante, para encontrarnos con esta otra obviedad.

Entonces, si los inconvenientes que plantea la posibilidad de escribir en andaluz no son de orden técnico lingüístico, ¿De qué clase son? En el libro antes mencionado, nos dan una pista escribiendo lo que sigue: “nunca debería estar ausente, sino que habría de hacerse cada vez más fuerte, la voluntad de mantener la unidad (de la lengua española), de lo que sólo ventajas pueden derivarse”. Es decir, que no es que no se pueda, sino que no se debe. Lo que nos lleva a pensar que se trataría de argumentos de carácter estrictamente sociopolítico, pues esa unidad es la excusa sobre la que se construye el discurso neocolonial español, en lo que respecta a Hispanoamérica, y el patrioterismo estatal en lo que a nosotros nos concierne.

Y todavía más, si la tal unidad fuera tan incuestionable ¿Por qué tendríamos que implicarnos consciente y voluntariosamente en su mantenimiento? Si esa unidad depende de la presión que la lengua escrita ejerce, a través de los más instruidos, sobre las diferencias dialectales fácilmente observables en los registros orales de todo el ámbito hispano, es que se trata de una unidad artificial y artificiosamente mantenida, contra la naturalidad, digámoslo así, de los procesos de cambio, siempre abundantes e inevitables, a no ser que entren en juego diversos factores sociales de coacción, como la política lingüística del estado, por ejemplo. Y, en todo caso, para terminar con este punto, ¿Qué ventajas tienen las decenas de millones de pobres que hablan, más o menos, en castellano, y por hablarlo, frente a las decenas de millones que se expresan, más o menos, en portugués, inglés o indi?

4: La diversidad dialectal andaluza sería un grave obstáculo para conseguir una cierta estandarización. Y se aduce al respecto el problema de los diferentes “hábitos articulatorios”. Además, la elección de alguna de las variedades andaluzas como modelo, podría significar, sugiere A. Narbona, un agravio para los hablantes de las otras, que se verían abocados a sentirse menos andaluces y se tendrían que avenir, injustamente y a la fuerza, a asumir una norma ajena. Sin embargo, la primera objeción es perfectamente gratuita, pues, como bien sabe cualquier lingüista, la normalización ortográfica se hace sobre el sistema fonológico, bastante homogéneo en el caso de los dialectos centrales andaluces, y no sobre las realizaciones fonéticas, siempre variables, incluso para un mismo hablante y unos mismos enunciados en momentos diferentes. En cuanto a los problemas sentimentales, me parece que no pintan nada en este asunto, a no ser como excusa, sumamente pobre, por cierto, para bloquear cualquier intento de defender la supervivencia y el desarrollo del habla popular andaluza. Pero sí merece algún comentario esa manera de aducir los derechos de unos hablantes, frente a otros, para no reconocer, en resumen, ni el habla de éstos ni la de aquéllos, porque es la muy manoseada y antigua estrategia del “divide y vencerás”. No sé, por otro lado, si será necesario comentar, sobre este particular, que los lingüistas españoles no manifiestan los mismos escrúpulos de conciencia a la hora de imponer la norma de Castilla la Vieja a las decenas y decenas de millones de hablantes de todo el mundo hispano que hablan no ya según otras normas regionales, sino incluso otras lenguas.

5º: Tampoco, cree este profesor, pasará por las cabezas de los paladines de la normalización la descabellada idea de elaborar una gramática “andaluza”, distinta de la del español general. Por las de esos “paladines”, no sé yo, ni si tendría sentido, en estas circunstancias, una gramática andaluza normativa, pero ¿Qué clase de argumento científico podría traerse a colación, para disuadir a un equipo de lingüistas de confeccionar una gramática descriptiva de los dialectos andaluces, recogiendo y ampliando los conocimientos ya disponibles sobre su fonética y su fonología, su morfología y su sintaxis, si se lo propusiera? O también ¿Por qué no ha salido ya ese manual de la propia universidad andaluza? Si el andaluz es, como bien dice A. Narbona, la más estudiada de las “modalidades del español”, habrá que convenir en que algún interés tendrá.

Un breve repaso a su bibliografía nos dirá que la fonología del andaluz, y más aún sus realizaciones fonéticas, es verdaderamente compleja y diferenciada de la del castellano, que es lo que se le impone a la población andaluza –léanse la constitución española, por favor- no el dialecto de Puerto Rico, ni el del Río de la Plata, por ejemplo. De ahí que se señalen las divergencias con la lengua oficial y no con aquellas otras hablas, más semejantes al andaluz y que, más o menos, afrontan la misma coyuntura. Ahora bien, si el andaluz se aparta del castellano en el plano fonológico, raro sería que los procesos de cambio sólo hubieran afectado este nivel y hubieran “perdonado” los planos morfológico y sintáctico. No suele pasar, creo. Sin embargo, los que si parecen haber “perdonado” estos aspectos gramaticales del andaluz son, precisamente, los encargados de estudiarlos, porque les han prestado, salvo excepciones, muy poca atención. Así pues, que la bibliografía al respecto sea ya muy extensa y que, por el contrario, no haya todavía una obra general que recoja ordenada y comprehensivamente tanto conocimiento acumulado es la pregunta que los lingüistas andaluces deberían contestar.

A no ser que ya lo hayan hecho. Sospecha que nos conduce a las actas del Congreso del Habla Andaluza y, más concretamente, al artículo Justificación de la Dialectología, firmado por G. Salvador y en el que se dice: “han sido otros muchos investigadores, de campos muy diversos, los que han tenido que asistir, impotentes, a la malignización de sus descubrimientos o de sus ideas”; y también: “Porque, si la inanidad del trabajo realizado…..puede resultar deprimente, peor es comprobar que los frutos conseguidos se están utilizando torcidamente, acaso en flagrante contradicción con la escala de valores humanos a la que uno pretende ajustar su conducta”. Llegados a este punto, bastaría sustituir lo de los “valores humanos” por “valores españolistas”, para entender qué nos están diciendo ad nauseam Salvador y sus discípulos.

6º: Hablar cateto es una cosa … y hablar andaluz otra bien distinta. Veamos, si todo un catedrático universitario tacha de cateta una determinada variedad lingüística, y no es precisamente el único –recuérdese a tal efecto que el propio F. Lázaro Carreter escribió en un libro destinado al alumnado de BUP, de esto ya hace algunos años, que el ceceo era un fenómeno andaluz extremadamente plebeyo y absolutamente evitable-, ¿Habrá o no un propósito cierto y verificable de acomplejar a los que la hablan, para mejor convencerlos de que la abandonen? Y, en todo caso, ¿Qué entiende este catedrático por “hablar andaluz”? A tenor de lo que dice en este mismo texto, y cito: “los andaluces también tenemos nuestra propia lengua, que no es otra, obviamente, que el español”, se puede suponer que para este lingüista “hablar andaluz”, y hablarlo correctamente, consiste en hablar español en Andalucía, y listo.

Luego “hablar cateto” será, sin ningún género de duda, lo que hacen en mi pueblo, que es pequeño, pobre y muy “rústico”. Además, resulta que los rasgos de este hablar cateto coinciden casualmente, y en gran medida, con los que los estudios dialectales le atribuyen al conjunto de las hablas andaluzas. Y añadamos que esos mismos estudios nos dirán que gran parte de los rasgos que los andaluces percibimos como identificadores de nuestras hablas no son sino vulgarismos e incorrecciones de hablantes cuya competencia lingüística no alcanza el grado de suficiencia deseable, argumentación para la cual se queda corto el calificativo de engendro mental, pues confunde la facultad del lenguaje, que es la misma para todo ser humano, con el dominio de una variedad estándar escrita, que se consigue siempre artificialmente, a través de la escuela, y que, muy a menudo, no se corresponde con la variedad hablada por el escolar.

Pero, en fin, en lo que a mí respecta, los que aprendimos a hablar en cateto deberíamos haber entendido ya que, a pesar de ese calificativo peyorativo, nuestra habla es tan digna como cualquier otra, que no hay condicionamientos técnicos objetivos que nos impidan usarla por escrito, como no sea nuestra propia pereza mental, y que, mal que les pese a algunos, hablar andaluz consiste, a mi modo de ver, precisamente en eso, en hablar cateto radicalmente, y no en expresarse en ese castellano ligeramente teñido de andaluz que pretenden hacer pasar por “andaluz correcto” o “culto”.

No se agotan con éstos los comentarios que podríamos hacer a propósito de este artículo, pero serán, me parece, suficientes para hacernos reflexionar sobre los problemas que se le plantean a cualquier grupo humano, cuando los más capacitados para defender y desarrollar su patrimonio cultural no hacen nada en ese sentido, y esto no porque no puedan, sino porque no quieren; en el caso andaluz, porque ya han elegido un marco sociopolítico y un modelo cultural a los que adherirse, y el habla popular andaluza no encaja en esas opciones.

5 comentarios

  • Coincido con Gorka Redondo en todo, especialmente en lo de la pereza mental de los andaluces para escribir en Andaluz.
    Deberiamos de hacer un esfuerzo para escribir en andaluz, aunque los linguistas que defienden el andaluz deberian ponerse de acuerdo para su normalizacion en base a unas unicas normas liguisticas.

  • Para los no perezosos:
    Hunta d’ehkritoreh en andalú - Hunta d’ehqritorê en andalú - Jhunta d’ehkritoreh en andalúh
    IVª Reunión de escritores/as en andaluz
    4th Meeting of Andalusian Writers
    En Marxena (Zebiya), del 18 al 19 de octubre 2008

  • Ya existe Wikipedia en Estremeñu, enhorabuena a los que hablan este idioma. Los andaluces, mientras, seguiremos perdidos en el pozo del olvido.

    http://www.elpais.com/articulo/internet/Estremenu/tiene/Wikipedia/elpeputec/20080408elpepunet_1/Tes

  • Que bueno, no conocía este tema. Todavía recuerdo el asombro que sentí la primera vez que fui a Andalucía, siendo un adolescente. ¡Me costaba mucho entender a la gente! Siendo yo víctima de esa voluntad uninformizadora, observé con horror que los niños pequeños ya hablaban de esa forma. Con lo fácil que hubiera sido -pensé- enseñarles a hablar “bien”. Por suerte, más de 20 años después, ya veo las cosas con otra perspectiva.

    Pero hace unos meses, una chica andaluza fue por primera vez a Barcelona. Y se sorprendió y alarmó al ver que la gente realmente habla catalán. Menos de la mitad de la gente en Barcelona, pero se puede oír y ver escrito. Su desagrado debió ser parecido al mío, fruto de la ignorancia, sin duda. Y estamos hablando de una lengua normativizada desde hace mucho, con literatura, radio, televisión e incluso algo de cine ¿Posiblemente a ella nadie se lo había explicado en el colegio? ¿Estos 20 y tantos años han pasado en vano?

    Deberíamos reflexionar todos un poco acerca de como queremos que sea nuestro país, quien mueve determinados hilos y por que.

  • Efectivamente Frikosal, deberiamos reflexionar sobre que tipo de estado queremos.
    España es una unidad artificial fundamentada en la fuerza y en la represion de las nacionalidades que integran el estado.
    Una unidad futura solo podria estar fundamentada en la libertad de la libre asociacion de las naciones y en el respeto a las diferencias.

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