Isidoro Moreno/Diario de Sevilla
En cualquier caso, parece cierto que ha concluido una larga etapa de creciente debilitamiento del que ha sido el referente político-electoral más importante del andalucismo, que nació como ASA (Alianza Socialista de Andalucía) todavía bajo el franquismo y luego pasó a ser PSA, PSA-PA y PA. Un partido que comenzó su proceso de autodestrucción -siempre fomentado desde el PSOE- en el mismo momento de sus mayores éxitos: grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados en 1979, alcaldías importantes y muchas concejalías ese mismo año, representantes en el Parlamento catalán, apoteosis andalucista el 28-F… La torpeza, el oportunismo y los enfrentamientos internos llevaron al fracaso en la gestión de estos éxitos, a no aprovecharlos para extender y profundizar la conciencia andalucista, y generaron el mayor problema arrastrado durante casi treinta años: la falta de credibilidad y de proyecto ideológico-político. La obsesión ha sido siempre mantener algunos puestos de poder ofreciéndose como muleta de apoyo a unos y otros. Y la estrategia para ello, el no pronunciarse con claridad sobre las cuestiones y problemas centrales de Andalucía y del mundo. Y así, evidentemente, no se consolidan respaldos y ni siquiera se logra respeto. Esto es lo que explica, principalmente, que cuando en los últimos tiempos se han adoptado algunas posiciones claras, respecto, por ejemplo, a la reforma del Estatuto de Autonomía, ello haya sido considerado otra pirueta oportunista y no haya impedido el previsible fracaso electoral.
Es claro que el modelo de partido y la estrategia diseñada a finales de los setenta por sus líderes de entonces está más que agotado. Pero ello no significa que no exista un espacio político andalucista. Primero, porque Andalucía, por poseer identidad histórica, identidad cultural e identidad política tiene los tres requisitos para autoafirmarse como nación -en el propio Estatuto es definida como nacionalidad e incluso como realidad nacional-. Segundo, porque, como señalaban hace unos años los profesores Del Pino Artacho y Bericat, en su análisis de la Encuesta Mundial de Valores, casi un tercio de los andaluces, exactamente un 27,5% del total, declara sentirse “más andaluz que español” o “sólo andaluz” (frente a sólo un 10,5% en la posición contraria), un porcentaje que jamás ha tenido reflejo electoral. Y, tercero, porque incluso si todo lo anterior no fuera así, que lo es, habría necesidad de un proyecto para defender los intereses de nuestra tierra, de nuestra gente y de nuestra cultura que en modo alguno cabe en los dos modelos de gestión del capitalismo globalizado neoliberal que representan el PP (su versión más dura) y el PSOE (su versión edulcorada). Y que tampoco, por múltiples razones, puede tener sitio en IU (si es que ésta sigue existiendo).












1 comentario
10 Abril, 2008 a las 10:59 am
El andalucismo ‘politico’ como está planteado ahora mismo, con los partidos y los politicos existentes no tiene ningun futuro.
Todo está tan podrido que hay que pegarle fuego para matar a los virus y empezar desde cero a crear una base social comprometida con la liberacion nacional de andalucia.
Quizás así, con coherencia y trabajo, dentro de 20 años podriamos hablar de andalucismo politico.