19 Abril, 2008...6:38 am

MALAGA: Mercado central de Atarazanas

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La actividad marítima y comercial de Málaga condicionó la existencia en la ciudad de otros peculiares monumentos, siendo uno de ellos el llamado Las Atarazanas, que vino a constituirse como taller naval con una doble función, marítima y terrestre. La marítima permitía la entrada de barcos para su reparación, y la terrestre contenía dependencias de carácter administrativo. En la fachada que daba al mar del edifico original, se abrían siete arcos, de los cuales el situado más a la izquierda era el más monumental y es el que se halla ahora integrado en la nueva construcción del mercado. Los escudos situados en las albanegas de este arco que permiten situarlo en la época nazarí, durante el reinado de Mohamed V (1354-1391).En el siglo XIX el edificio, tras distintos usos como cuartel y hospital militar, estaba casi ruinoso. En 1822 empiezan las peticiones para demoler parte del edificio (sus torreones) porque impedían el paso por la zona. El 31 de octubre de 1840 la Diputación Provincial falla a favor del Ayuntamiento el derribo de los torreones. En 1868, la Junta Revolucionaria decretó la demolición de los restos de las murallas para dar trabajo a las clases pobres, y la construcción de un mercado, ya que la ciudad tenía varios lugares de venta pero todos al aire libre, lo que era poco higiénico.

Poco tiempo después el derribo era un hecho y solo se conservó su puerta de mármol blanco gracias a los señores Rucaba y Riva, y la Academia de San Fernando a quien pertenecía la propiedad de la misma, que cedió a la Academia de San Telmo, y esta a su vez la cedió al Ayuntamiento con la condición de integrarla en el mercado. Tras el proceso de amortización llevado a cabo, el Ayuntamiento pasó a ser propietario del mismo, decidiéndose el levantamiento del Mercado Central de la ciudad que recibiría la denominación de Alfonso XII, también conocido por el Mercado de las Atarazanas, tomando el nombre del edificio musulmán cuyo solar vino a ocupar.

Tal y como hoy podemos observar, el mercado presenta una planta ligeramente trapezoidal y se estructura en tres naves. Básicamente consiste en un esqueletaje metálico que se ha cerrado con piedra y mampostería. En su fachada principal, la portada de acceso aparece centrada por el gran arco nazarí, recompuesto a 25 metros hacia levante de su disposición originaria.

Se trata de un arco de herradura ligeramente apuntado, compuesto de sillares muy bien encuadrados de piedra jaspón blanco cuyo acople no necesitó ningún tipo de argamasa (sus piezas fueron desmontadas, numeradas y vueltas a montar). Lo enmarca un alfiz y en las albanegas sendos escudos de tipo castellano con banda diagonal y la inscripción “Solo Dios es vencedor, ensalzado sea”. Para facilitar su integración con el resto del edificio se le añadió en piedra arenisca un cuerpo superior y dos laterales de menor altura, estos últimos horadados por ventanas con arco de herradura.

En la parte posterior del edificio, esta portada se corresponde con otra metálica en forma de frontón triangular en el que se abre un gran arco de medio punto con una cristalera. Las albanegas se decoran con tondos representando: unas, peces y cornucopias, y otras, un rostro humano. El resto de la superficie aparece recubierta de ataurique finamente moldeado en hierro. Desde un punto de vista artístico, las aportaciones de este mercado son varias. En primer lugar lo acertado de su diseño para integrar adecuadamente unos restos históricos, seguido de su funcionalidad y adecuadas condiciones para la iluminación natural y ventilación tan necesaria en un edificio de estas características. En segundo lugar, la elección del hierro con un claro sentido innovador, nos da a conocer la funcionalidad de un edifico de carácter público.

 

 

 

 

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