1 Mayo, 2008...10:37 am

LA TRAVESIA DEL DESIERTO

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Juan Luis ValenzuelaJuan Luis Valenzuela*/El Plural

Cuando una organización política pierde unas elecciones con un humillante resultado, se comienza analizando sus errores, cambiando los líderes y adoptando nuevas estrategias, tanto de gestión interna como de comunicación y acción hacia la sociedad

Pero en el caso de que el resultado sea una hecatombe política, un derrumbe en votos con aplastamiento electoral y una desaparición del mapa parlamentario e institucional, la solución en términos eufemísticos, la denominan “travesía del desierto”.

Las travesías del desierto en política son muy duras. No depende solo de quien lo cruza.Cuando se llega a una situación límite es muy duro salir de ella.

 

Le pasó a la UCD y por mucho que intentó salir de ella y recuperar presencia política con los restos que quedaban, no pudo y acabó disolviéndose. Sus cuadros se fueron unos al PSOE, otros a AP y otros desaparecieron de la vida política.

Trayectoria similar fue la del PSP de Enrique Tierno Galván. La sangría de votos dio paso a otra de cuadros políticos. Al final, incluso el entrañable “viejo profesor” tuvo que superar sus antiguas reticencias e ingresó en la “casa común” y sentarse cerca de Alfonso Guerra. Ejemplos europeos también los hay por distintas causas ( El PSI de Craxi o el PCF)Cuando un partido inicia su particular travesía del desierto, lo hace en condiciones muy duras. Lo primero que siente es el agobio de la penuria económica al no recibir las ayudas del Estado o de la Comunidad. No pueden pagar las sedes, deben renunciar a las secretarias, al personal liberado y a las dietas. Sus dirigentes se ven obligados a reducir sus viajes y a redimensionar, en número y tamaño, los actos públicos. Las comidas de trabajo desaparecen y a la falta de presencia institucional deben sumar la de la desmovilización de la organización. Todo son problemas en forma de catarata.

Los medios de comunicación le dan escasa cobertura porque ya no contratan publicidad, la TV ni “olerla” y la repercusión mediática se circunscribe a sus disputas y “purgas”. Las mesas redondas y debates mediáticos se quedan con una pata menos. Los militantes suelen desanimarse e irse. Los dirigentes que antaño clamaban fidelidad a los principios, abandonan el barco en busca de nuevas profesiones o se recolocan en el partido con el que dicen limitar al norte por la derecha o al sur por la izquierda.

 

El caos surge cuando vienen los primeros pagos de la campaña y no solo no hay liquidez, sino perspectivas de tenerla algún día. No hay dinero, solo deudas. Y eso hace más mella aun en quienes podrían liderar el nuevo proyecto.Como en la “travesía del desierto” de Moisés, ante la dureza del trayecto –para los valientes que se atrevan a emprenderla-  muchos empezarán a infundir rumores y a murmurar contra sus líderes, aduciendo que era mejor estar bajo el yugo egipcio que padecer las penurias de la travesía.

 

La diferencia de lo que se dice en las Sagradas Escrituras es que Moisés realizó innumerables milagros para aplacar el cruel viaje. Para alimentarlos, Dios hacía llover maná del cielo. Para beber, Moisés golpeó con su báculo una roca, para extraer agua.Me parece a mí, pensando en quienes estoy pensando, que milagros y maná poco van a recibir.
Y ni mucho menos habrá un mar que se les abra o una Tierra Prometida que les espere.

*Coordinador de El Plural/Andalucía

 

 

 

 

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