Alí FATOLÁ-NEJAD/Traducido por Javier Fdez. Retenaga
Tras cinco años de ocupación en Irak, el balance es desastroso, y la guerra aún no ha terminado. Alí Fatolá-Nejad entrevista a Joachim Guilliard, experto en Irak y organizador de la Conferencia Internacional sobre Irak, celebrada en marzo de 2008 en Berlín. Conversan sobre el papel de los medios de comunicación, que pretenden reducir el desarrollo de la tercera guerra del Golfo a un enfrentamiento entre fuerzas iraquíes, la participación alemana en la «misión», la posibilidad de un ataque estadounidense a Irán y las posibles soluciones para el permanente conflicto en Irak.
Con motivo del quinto aniversario de la invasión de Irak por parte de tropas estadounidenses y británicas, se celebró una Conferencia Internacional en Berlín. ¿Cuáles han sido las razones para celebrar dicha conferencia con participación internacional en la capital alemana?
Más de un millón de iraquíes han caído ya víctimas de la guerra y la ocupación, y más de cuatro millones, casi la sexta parte de la población, han tenido que huir. La agresión estadounidense ha provocado la mayor catástrofe humana de los últimos decenios tras las guerras en Congo.
Aunque con respecto a sus proporciones y relevancia para la política mundial, esta guerra es perfectamente comparable a de Vietnam, hasta ahora no se ha desarrollado ningún amplio movimiento de protesta. Está claro que las noticias diarias y las imágenes procedentes de Irak promueven sobre todo una cosa: la sensación de impotencia. Esto se debe fundamentalmente a su total parcialidad. Si, como en la guerra de Vietnam, también nos llegaran imágenes de los bombardeos de la aviación estadounidense, el panorama sería muy distinto.
Sin embargo, las noticias de los medios se concentran exclusivamente en el conflicto entre fuerzas iraquíes, en los excesos de las milicias, en la violencia religiosa y en los ataques terroristas. La violencia de las tropas dirigidas por los EEUU no se ve por ningún lado. Los ocupantes aparecen como fuerzas que se afanan desesperadamente por llevar la paz y la estabilidad a un pueblo desgarrado por dentro. Se dice que su retirada llevaría al país a un caos aún mayor. La Conferencia, por medio de ponentes competentes, también de Iraq y los EEUU, debería servir para poner en claro esa imagen distorsionada.
¿Cuáles son los puntos más importantes que se han tratado y sus conclusiones?
Un punto central ha sido —de manera análoga al informe «Guerra y ocupación en Irak», publicado en junio de 2007 por el Global Policy Forum y otros 30 grupos pacifistas y defensores de los derechos humanos— demostrar que los EEUU son los principales responsables de la terrible situación y también, de manera directa, de la escalada de violencia. El segundo punto más importante ha sido el debate en torno a las soluciones frente a la ocupación planteadas tanto por expertos occidentales independientes como por la oposición iraquí.
¿Qué resumen hace tras cinco años de ocupación de Irak?
Como he apuntado antes, el balance de estos cinco años es desolador. La vida diaria está condicionada por una violencia omnipresente y un abastecimiento catastrófico. La situación de la salud y la educación es calamitosa. La política del divide y vencerás ha provocado ya un profundo resquebrajamiento en la sociedad iraquí.
No obstante, a pesar de toda su brutalidad, los EEUU no han conseguido dominar el país. Han caído ya más de 4.000 soldados estadounidenses, los gastos directos de la guerra ascienden a 800 mil millones de dólares, y los gastos totales podrían superar los tres billones. En la conferencia, todos los expertos, desde el ex asesor de seguridad estadounidense William R. Polk, hasta el director del Centro de Estudios para la Unidad Árabe, Jair El-Din Haseb, han estado de acuerdo en que los EEUU ya no pueden ganar la guerra.
Al comienzo de la guerra, Alemania se mostró contraria a participar en una intervención armada contraria al derecho internacional, representando así, en palabras del anterior ministro de defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, la «vieja Europa», junto a Francia y Rusia. ¿Cómo puede describirse el papel representado desde entonces por Berlín respecto de la guerra contra Irak?
En el plano de la política exterior, el canciller Schröder y el ministro de exteriores Fischer han manifestado de hecho su oposición a la guerra. En la práctica, no han hecho nada para oponerse a ella. Al contrario, el gobierno de Schröder cedió a los aliados británicos y estadounidenses el territorio alemán como plataforma logística principal. El ejército alemán destinó hasta 4.200 soldados para la vigilancia de los cuarteles estadounidenses, permitiendo así a sus colegas de los EEUU centrarse en el ataque, envió misiles Patriot a Turquía y desplegó tanques en Kuwait.
El SPD y Los Verdes lo han venido justificando, basándose en que las obligaciones derivadas de alianzas y los acuerdos de despliegue de fuerzas no dejaban otra opción al gobierno. No obstante, como dejaron bien claro los servicios jurídicos del Parlamento y posteriormente el Tribunal Federal de lo Contencioso Administrativo, no hay compromisos ni acuerdos que puedan obligar a Alemania a apoyar una agresión contraria al derecho internacional. E incluso si los hubiera, prevalecería el derecho internacional.
El gobierno alemán, según el Tribunal Federal de lo Contencioso Administrativo, habría estado incluso obligado a cerrar el espacio aéreo a los agresores e impedir por todos los medios disponibles la participación en la guerra de las tropas aquí estacionadas.
En opinión de expertos competentes, también en los meses que quedan del gobierno de Bush, entra dentro de lo posible un ataque masivo contra Irán. Desde el pasado verano, y recientemente por parte del comandante de las tropas en Irak, el General David Petraeus, se habla en Washington de una «injerencia iraní en Irak» que estaría provocando la muerte de soldados estadounidenses y el debilitamiento del gobierno iraquí. ¿Qué significan esas acusaciones? ¿Qué factores de la política estadounidense en Iraq hay que tener en cuenta con respecto a un ataque al vecino Irán?
Por una parte, la delicada situación en Irak es uno de los principales obstáculos para esa guerra. Dentro del país, aparte de los kurdos, las únicas fuerzas en las que pueden apoyarse son los dos partidos chiítas, el Consejo Supremo Islámico de Irak (CSII), —antes Consejo Supremo para la Revolución Islámica en Irak— y Dawa, que también son los dominantes en el gobierno. Ambos combatieron contra Sadam Hussein desde Irán y en la actualidad continúan manteniendo relaciones muy estrechas con el régimen iraní.
Los EEUU deben contar con que, incluso en caso de un ataque limitado de su aviación, al menos parte de las brigadas Badr del CSII se volverían contra sus tropas. Aparte de esto, ante un ataque contra su territorio, naturalmente Irán tendría la posibilidad de tomar represalias y reaccionar atacando a las fuerzas estadounidenses que tiene a su inmediato alcance: las tropas que se encuentran en Irak y en Afganistán.
«Irán está interesado en la estabilización»
Por otra parte, hay reproches de que Irán se está inmiscuyendo en Irak con propósitos desestabilizadores y de que está apoyando militarmente a la resistencia chiíta. Estas acusaciones son pura propaganda. Por un lado, tratan de justificar el fracaso de su política de ocupación, y por otro, fabricar una razón para la guerra. En Washington, cada vez suenan con más fuerza las voces que exigen poner fin a esta «injerencia» por medio de las armas.
Evidentemente, Irán juega un papel de peso en Irak, pero sobre todo por sus buenas relaciones con los partidos del gobierno, e incluso con los dos partidos kurdos. En su lucha contra Sadam Hussein, también éstos estuvieron al final estrechamente ligados a Irán. En el terreno económico también hay bastantes relaciones.
Irán tiene por tanto un gran interés en la estabilización, y se guardará mucho, en particular, de apoyar a las milicias que atacan a las tropas británicas y estadounidenses, ya que éstas son al fin y al cabo opositoras a los partidos del gobierno. El embajador iraní, por ejemplo, ha apoyado de manera explícita el ataque dirigido personalmente por el primer ministro iraquí contra las milicias del popular clérigo chiíta Moqtada al-Sadr, al que los EEUU consideran su principal enemigo.
¿Cómo es la situación actual en Iraq? La prensa habla a menudo de enfrentamientos sectarios entre chiítas y sunitas, y la palabra terrorismo se oye con mucha más frecuencia que la de resistencia.
Antes de la ocupación no había conflictos importantes entre chiítas y sunitas, y tampoco en la actualidad son las confesiones religiosas las que marcan las líneas del conflicto. Evidentemente, hay toda una lista de fuerzas rivales de lo más diversas, entre ellas grupos terroristas próximos a Al-Qaeda y milicias religiosas sectarias. Sin embargo, las fuerzas enfrentadas son, en lo esencial, como también muestran los recientes acontecimientos de Basora, las que quieren conseguir sus objetivos violentamente en alianza con las fuerzas de ocupación —los partidos kurdos y los mencionados partidos chiítas islámicos radicales— y las que se oponen a éstos y a los planes de la potencia ocupante. La inmensa mayoría de la población iraquí está decididamente en contra de una presencia duradera de las tropas estadounidenses, así como de la privatización del petróleo y de la división del país en regiones casi independientes.
Por esta razón, la mayoría de los iraquíes apoya a la resistencia. Ésta nada tiene que ver con el terrorismo. Como muy bien explica Jürgen Todenhöfer en su nuevo libro «¿Por qué matas, Said?», la resistencia no va contra los civiles, sino contra las fuerzas de ocupación y sus aliados locales.
Ha mencionado usted la ofensiva del gobierno de Maliki en el sur del país. En opinión del ex colaborador de la CIA Ray McGovern, ésta fue ordenada directamente por el vicepresidente de los EEUU, Dick Cheney, durante su visita a la región a finales de marzo. ¿Qué objetivo persigue la ofensiva?
Es evidente que la orden para esta ofensiva viene de los EEUU. El mando supremo militar sigue estando en manos del ejército estadounidense, y el ejército iraquí tampoco tendría los medios para llevar a cabo una operación de esa envergadura por su cuenta.
Basora y otras ciudades del sur fueron desalojadas por los británicos tras largos y duros combates, pero luego el control ha sido tomado en buena parte por opositores a la ocupación como el movimiento de al-Sadr. Con la ofensiva, los EEUU y sus aliados iraquíes quieren recuperar el control. A fin de cuentas, en Basora está el grueso de la producción petrolífera, y allí se encuentran también los puertos desde donde sale la mayor parte del petróleo. En el punto de mira tenían no sólo a las milicias opositoras, sino también a los sindicatos de trabajadores del petróleo y portuarios, que hasta ahora se habían opuesto con éxito a todas las medidas privatizadoras.
El intento de los ocupantes fue un completo fracaso. De repente, se vieron envueltos desde Bagdad hasta Basora en duros combates con el ejército Mahdi de Moqtada al-Sadr y otras fuerzas opositoras, y tuvieron que contemplar, a veces ante las cámaras, cómo filas enteras del ejército iraquí, formado con tanto esfuerzo, se pasaban al bando de al-Sadr. Algunos historiadores estadounidenses ven aquí un punto de inflexión en la guerra, similar a la ofensiva del Tet, en Vietnam.
Los combates terminaron —provisionalmente, al menos— tras un alto el fuego negociado con el gobierno de Maliki por mediacion de Irán. Como el ejército estadounidense ha continuado sus ataques contra el movimiento de al-Sadr, éste ha amenazado con una «guerra abierta hasta la liberación».
La Conferencia de Berlín sobre Irak se propuso como objetivo analizar las diversas vías de solución propuestas para llegar a un común denominador. ¿Cuáles son las piedras angulares de esas soluciones y qué perspectivas de éxito cree que tienen?
La primera condición es el fin de la ocupación. Mientras dure la ocupación, no hay solución concebible. El primer paso sería el acuerdo de un calendario vinculante para la progresiva retirada de todas las fuerzas militares y civiles de las potencias ocupantes, unido a la inmediata suspensión de todas las operaciones ofensivas de las tropas de ocupación. La mayoría lo estima en unos seis meses. Esto despejaría el camino para iniciar negociaciones que implicaran a todos los actores iraquíes, incluida la resistencia.
Irak necesitará una ayuda masiva para poder reconstruir el país. Para la mayoría de los expertos, así como para la oposición iraquí, será precisa la intervención de tropas de paz neutrales para sofocar las luchas entre grupos rivales que se producen en algunos puntos calientes.
Posibilidades de alcanzar un consenso sin injerencias
En cuanto a las posibilidades de éxito, yo sería totalmente optimista en lo tocante a la parte iraquí. Las diversas fuerzas iraquíes han dado muestras una y otra vez de que pueden llegar a acuerdos, siempre que no se inmiscuyan las potencias ocupantes. En todo caso, sería importante que la ONU adoptara de una vez un papel de mediación neutral orientado hacia el interés de los iraquíes. Por desgracia, no existe ninguna otra organización que pueda asumir esa tarea.
El principal obstáculo es, naturalmente, el gobierno estadounidense, que no muestra la menor disposición a plantearse una retirada. Cierto es que los dos candidatos demócratas a la presidencia han anunciado que, en caso de llegar a la Casa Blanca, retirarían de Irak todas las tropas de combate. Pero no se definen con respecto al número del resto de soldados que deberían permanecer allí. Incluso Barack Obama, crítico con la guerra, quiere hacer que la cantidad de tropas «dependa de las condiciones de seguridad en la zona». Aparte de las tropas destinadas a garantizar la seguridad de las instalaciones estadounidenses y de las que se ocupan de la formación de unidades iraquíes, en cualquier caso permanecerían en la zona o en los países vecinos tropas suficientes para poder combatir eficazmente a Al-Qaeda. Eso sería una especie de «ocupación light».
Pero ahí puede entrar en escena el movimiento contra la guerra de los EEUU. Con independencia de lo serias que sean las promesas de los candidatos, la guerra de Irak será uno de los temas determinantes en la campaña electoral. En vista de la precaria situación de las tropas de ocupación, es preciso intervenir con los mejores argumentos y empujar así a los candidatos a pronunciarse con mayor claridad. El movimiento pacifista europeo debería apoyar esto presionando de igual modo a los gobiernos aliados. En esta fase debería comprometerse con más fuerza contra la guerra de Irak, hacer de ella el asunto prioritario.
Joachim Guilliard es autor de numerosos artículos especializados y coautor de diversos libros acerca de Irak.
Fuente: Neue Rheinische Zeitung
Javier Fdez. Retenaga es miembro de Tlaxcala
http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=5063&lg=es



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