9 Mayo, 2008...7:13 am

MUSULMANES Y ANDALUCES

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Hubo tiempos no lejanos en que Occidente, al menos, nos ofrecía el amable señuelo de la pluralidad, tal vez precisamente porque le faltaban los medios que hoy le sobran para uniformar definitivamente a su propia población. Ha ido, a lo largo de las últimas décadas, afinando los mecanismos que le permiten un absoluto dominio sobre todo el mundo, empezando por los occidentales mismos. Jamás ha existido la mediocridad tan miserable en la que se nos sume ahora. Al menos antes se podía huir de ella, se podía soñar con la utopía de un mundo mejor. Los valores de cambio actuales hunden sus raíces en la falta de imaginación y la desidia: mientras sobre el pan que se roba al Tercer Mundo estaremos satisfechos con el circo del que se nos ha hecho espectadores.

 

Nos hemos acostumbrado a que nos mientan. Pero lo peor es que en nuestro nombre se cometen los mayores crímenes. Se creía que fenómenos como el racismo eran expresión de incultura y fanatismo. Los hechos demuestran lo contrario: el civilizado mundo occidental abandera semejante barbarie como verdadero mecanismo de defensa, como auténtico sistema. Cuando debía suponerse que la información llega a todos, con ella llega el miedo a todo lo que amenace el status del ciudadano occidental, pertrechado en la arrogancia de su supuesta superioridad en la que es continuamente educado. El racismo, como todos los fenómenos culturales occidentales no es un hecho marginal, sino estructural. Por mucho que las instituciones quieran lavarse la cara, la cotidianidad demuestra que el aislamiento de Occidente es una tendencia, no un accidente. Y, al aislarse lo hace con todas las consecuencias, constantes por otro lado a lo largo de su historia: la hipocresía es el denominador común de sus actuaciones en todos los órdenes. La hipocresía y el amor al espectáculo hueco. Como buenos escaparatistas, los ideólogos del Nuevo Orden Mundial ofrecen a su público, convencido de antemano, un decorado en el que los occidentales son majestuosas criaturas que están más allá del bien y el mal, y con ello capaces de juzgar al resto del planeta. ¿Qué más hace falta para perder el sentido común, el buen juicio y la decencia?, ¿qué es lo que, aparte de esto, anuncia los gérmenes del racismo más vergonzoso?. El racismo no es sólo una actitud ante lo diferente, es una mentalidad pacata que en este caso se disfraza con las mejores galas de la cultura de moda en el mundo. Es un racismo que aparece bajo los ropajes de la tolerancia, la buena voluntad, los derechos humanos, la democracia una bondad infinita que bajo banda comete los mayores atropellos y justifica los crímenes más atroces.

 

Hay cosas que debieran ser evidentes para todos: Europa ha cerrado sus fronteras al Tercer mundo. Después de colonizarlo y esquilmarlo, después de volver a colonizarlo y continuar esquilmándolo actualmente, después de mover sus entresijos de modo directo a través de sus títeres y sus agencias y empresas, después de todo ello y más, cierra las frontera, y lo hacen gobiernos que se dicen democráticos y contrarios a la intolerancia, que afirman defender la paz y ser solidarios con los desheredados que se muestran dramáticos defensores de las libertades. Todo ello para ocultar el verdadero rostro de su codicia. Seguramente, la hipocresía jamás ha alzados tales cumbres.

 

La unificación absoluta es el corolario indispensable para hacer efectiva esa labor civilizadora de Occidente en el mundo. No puede presentar la más mínima grieta por la pueda filtrarse fantasmas que perturben la tranquilidad de su sueño beatifico. Uniformación y racismos son las dos caras de una misma moneda. Y subliminalmente, los medios de comunicación predican esta doctrina, que siempre ha existido, pero que vive ahora su paroxismo. No sólo la predican: ello sería imposible si implícitamente no formara parte de toda una mentalidad, se trata de una práctica, una forma de ser en la que la hegemonía pertenece a una concepción exclusivista de la cordura. El mundo entero esta loco, salvo Occidente.

 

Hubo tiempos en que cierta disidencia era posible. Siempre en los márgenes, las alternativas ofrecían un refugio donde mentes abiertas podían encontrar un reposo fugaz. Pero en la actualidad, frente a la uniformidad y el racismo imperante de modo absoluto, se ha hecho causa común contra lo que cuestione su inmunidad. Y todos se suman con fe ciega y sobrevenida al carro del inmaculado vencedor. La nueva religión, corona del cristianismo, tiene sus sacerdotes, sus mediums y sus exégetas, y una capacidad increíble de sugestión que hace negro lo blanco y blanco lo negro. Los diplomáticos, misioneros de este credo, hacen universal (¿católico?) este mensaje a la vez que preparan el terreno para la llegada de un mesías que nunca tarda. No han llegado los occidentales a ninguna parte del mundo que no hayan arrasado, donde sus secuelas no hayan provocado dolorosos y abominables partos.

 

Nosotros, musulmanes andaluces, somos herederos de una tradición antigua que está en las antípodas de lo que se nos viene encima a todos los seres humanos. Tachados de fanáticos, integristas, terroristas, misóginos o simplemente snobs, debemos estar molestando a alguien. En cierta manera, somos ciudadanos occidentales que nos hemos bajado del tren del nuevo destino universal. Otros locos: somos partidarios de una causa extraña, una causa por la que ningún cuerdo estaría. Sólo una gran mediocridad intelectual confundiría el Islam con engendros como Arabia Saudita; pero interesa esa confusión, del mismo modo que es un análisis carente de luces hacer de todo lo que se sale de la unanimidad creada por la televisión y la prensa, quintacolumna de algo.

 

La recuperación del Islam es la única vía coherente por la que puede encaminarse un andaluz. Todo lo demás, todas las otras alternativas, son un parche, una solución mediocre en la que se desarraiga a nuestra gente, con la que se le amputan sus posibilidades más fecundas. Es urgente en nuestra tierra perderle el miedo al Islam: las excusas son mediocres e infantiles. No se nos confunda: cuando hablamos del Islam no estamos privilegiando una fase de nuestra historia, estamos hablando del verdadero constituyente de nuestra identidad. Ni tampoco se nos haga agentes de una C.I.A. árabe, el Islam no es un  proyecto de una cultura: el lslam es antídoto de toda ideología que pretenda la hegemonía en el mundo. Para nosotros, el lslam significa recuperar esencias humanas, retomar un sentido común donde la diversidad, la pluralidad, donde todo lo bueno, no es fruto de un discurso demagógico sino que brota de lo más noble de cada uno de nosotros. Tampoco se confunda nuestra opción con un sentimiento de melancolía, una nostalgia por Al-Andalus, con una postura romántica. Somos la garantía de que ese mundo no se perdió, que tiene sus herederos, a pesar de los que ven como única salida para Andalucía el vasallaje aburrido a los poderosos. Creemos en la tierra y en su gente, nos sentimos de donde somos y deseamos lo mejor para nuestro pueblo y por ello, sin ser salvadores de nadie, deseamos transmitir lo que sentimos.

 

2 Comments

  • Un artículo para reflexionar sobre la actitud y las consecuencias de las políticas occidentales en el mundo. Me ha llamado la atención el comentario sobre el miedo como herramienta de control de la población y difundido a través del excepcional poder de los medios de comunicación. Este miedo genera racismo y fobia hacia todo lo diferente, hacia todo lo que puede amenazar el modelo social existente, hacia todo lo que puede supuner un cambio. El mundo ya no lo mueven las ideologias ni los procesos revolucionarios…el miedo impide todo ello y actua como freno a las ideas progresistas e igualitarias, facilitando la adopción de políticas represivas sobre los mismos ciudadanos que padecen el miedo inducido y que aceptan esas políticas como antídoto a la angustia producida por sus miedos.
    Si en algo puede ayudar el Islam a Occidente, es precisamente en esa faceta, en superar los miedos al aceptar y asumir la condición humana como tal, derribando los mitos y los dioses de la sociedad de consumo, mediante la insumisión que transmite el Islam hacia todas las formas de idolatria, de represión y de esclavitud.

  • El racismo no es patrimonio unico de occidente. el racismo esta bastante arraigado en muchas culturas. Y a todos los niveles.

    Hay racismo entre los mismos pueblos africanos, los pigmeos de Congo sufren racismo y desprecio de los bantues (negros tipicos), en la misma China hay racismo sobre pueblos como los uigures o los tan de moda ahora tibetanos.
    Los japoneses en la II Guerra mundial consideraban inferiores a los chinos y koreanos obligando a sus mujeres a prostituirse y a sus hombres a la semiesclavitud.
    Los “judios negros” de Etiopia que emigraron a Israel sufren racismo por parte de sus “hermanos” askenazis y sefarditas.
    Muchos hindues consideran impuro que un musulman comparta la mesa con ellos y deben proceder a “limpiezas rituales” para purificarse. Por no hablar del sistema de castas de la India, lo más racista que puede haber (los bramahnes de origen indo-ario en lo alto de la piramide y los intocables de 0rigen dravidianos en su mayoria de piel mas oscura)..

    Creo que el mundo islamico tampoco esta libre del “pecado del racismo”. Solo hay que ver como se trata a los negros animistas y cristianos en Darfur por parte de los “arabes”.

    El epiteto de “Kafir” como inferiores a los negros no convertidos …y la esclavitud aceptada hasta los años 60 y legal en varios gobiernos islamicos.

    Incluso en las sociedades andalusies habia un racismo tremendo hacia los “hispanos” ya fuesen estos muladies o mozarabes (epitetos de “perros” o “politeistas” hacia los mozarabes o “hipocritas” y “no buenos musulmanes” a los muladies, cuando en lo alto de la piramide estaban los arabes.

    ¿donde hay esclavitud actualmente?….

    Creo que las primeras voces contra el racismo y los derechos humanos se levantaron en el mundo occidental.

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