Los musulmanes, aquí, en Andalucía, no reivindicamos al-Andalus: somos al-Andalus. El simple hecho de ser musulmán significa una recuperación, la recuperación de algo olvidado, pero que jamás ha estado ausente. Estas afirmaciones deben ser explicadas porque al principio pueden parecer infundadas, y lo parecen sólo porque hemos perdido el sentido de muchas palabras, y sobre todo desconocemos su sentido en el Islam.
Lo que podría parecer una sencilla reivindicación nacionalista, en el fondo no lo es. Trasciende con mucho cualquier teoría acerca de las naciones o los estados. El término “al-Andalus” designa la forma que adquiere el Islam en nuestra tierra. Esto no quiere decir que sea distinto al Islam de otras geografías, sino que se concreta aquí bajo ese nombre porque el Islam, siendo universal, sabe hundir sus raíces en cada realidad.
El Islam, en Andalucía, necesariamente implica la recuperación de al-Andalus: el Islam trastoca las cosas, las transforma, desde el momento en que, por su propia definición, elimina las relaciones idolátricas. Con ello, y ya sólo con ello, crea una nueva forma de vivir, un estilo que le es propio. Es, por tanto, un hecho radicalmente liberador. Y en la actualidad, quizás más que nunca, ser musulmán es ir contracorriente.
Al recordar al-Andalus comprobamos que es posible un mundo distinto en el que el ser humano recobra su dimensión más profunda. Todo ello nos convierte en protagonistas de una elección que nos hace tremendamente críticos con la realidad que nos rodea. Pero además resulta que nuestra elección está estrechamente vinculada a este país: es como si recuperáramos también el sentido profundo y mágico que tiene nuestra tierra. Es como si nuestra presencia aquí tuviera el efecto de un hechizo que hiciera despertar de su sueño una tierra durmiente.
El Islam nos abre a otra forma de entender las cosas. Cuando hablamos de al-Andalus no podemos evitar hacerlo utilizando una terminología que podría sugerir ideas decimonónicas entorno a lo que es una nación. Efectivamente, al-Andalus, o Andalucía, tiene una historia determinada que le da una personalidad marcada y distinta. Nosotros sabemos que su especificidad le viene dada por sus siglos musulmanes. Pero ello no lo es todo. En gran medida, los andaluces son ajenos a estas reflexiones. Sus expectativas son las de quienes han olvidado su ser y sólo buscan sobrevivir y para ello se apuntan al carro vencedor, que ahora es el del liberalismo que gobierna el mundo desde Estados Unidos. La respuesta a esta tendencia generalizada, su cuestionamiento, no puede venir desde el fanatismo de una ideología nacionalista ya desfasada, sino de una conciencia que se convierte en una forma de ser, y no tan solo en una forma de pensar u opinar. Nuestras reivindicaciones “nacionalistas” no son, o no deben ser, el fruto de un planteamiento político que haga el juego a la forma en que se hacen las cosas en este mundo moderno; deben ser el resultado de un posicionamiento en la vida, la consecuencia de una manera de vivir. Sólo transformándonos seremos capaces de transformar nuestro medio, seremos capaces de recrear al-Andalus. Como lo enseña el Corán en el que Allah dice: “Yo no cambio la realidad de un pueblo hasta que ese pueblo no se cambia a sí mismo”.
Es cierto que debemos insistir constantemente en al-Andalus, investigar su historia, aclarar las mentiras que se han dicho; es necesario que nos dirijamos a los andaluces y a las andaluzas con un discurso capaz de hacerles recordar, un discurso que despierte en ellos su memoria de moros. Y es necesario y bueno sentir nostalgia por al-Andalus, es un sentimiento noble y justificado. Pero debemos saber que recuperar al-Andalus es algo que ya estamos haciendo, es un proceso que se inició en el momento en que proclamamos la Shahada. En ese breve instante, y sin nosotros saberlo, resucitaba algo latente. Con nosotros resurgía lo que había estado olvidado, pero que jamás había estado ausente. Y al-Andalus es y será lo que nosotros deseamos que sea, y lo que debe ser es una realidad abierta, integradora, civilizadora, tal como lo fue.
De una mentalidad “nacionalista” sólo podría surgir un estado. De una mentalidad musulmana sale algo que no tiene fronteras. Si nos aferramos a consignar, sólo seremos capaces de crear una realidad estrecha que acabaría asfixiándonos. Si relanzamos nuestro ser con el Islam, nos convertiremos en “hombre de luz que a los hombres alma de hombres les dimos”. Esa luz es a lo que nos referimos cuando hablamos de al-Andalus: esa luz es al-Andalus, y la principal propiedad de la luz es la de iluminar, no la de oscurecer. Nuestro “nacionalismo” no es oscurantista, es iluminador. Quizás algún día tengamos que inventar palabras nuevas para designar lo que queremos.
Todo lo que hemos dicho puede quedarse en palabras. Sí; en teoría todo es muy bonito. Pero hay una cosa que no debemos olvidar jamás. El Islam nos invita a ser combativos. Es más, el Islam nos educa enseñándonos a luchar por nuestros sueños, y es algo que algún día acabaremos aprendiendo y comprendiendo. AI-Andalus será el resultado de los esfuerzos que despleguemos, y he aquí que estaremos siempre en encrucijadas; deberemos estar siempre eligiendo, y todo dependerá de nuestra sabiduría. Ello nos expone a errores. Si nos armamos de paciencia y perseverancia, si nos damos cuenta de que equivocamos es inherente a nuestra condición humana, todo eso nos dará fuerzas para seguir adelante: “ciertamente, Allah está con los que saben tener paciencia”.



4 comentarios
16 Mayo, 2008 a las 4:04 pm
Pero Al-Andalus no es solamente Andalucía, es un proyecto más amplio que va desde Lisboa hasta Huesca, desde Tudela hasta Cadiz, desde Menorca al Algarve.
17 Mayo, 2008 a las 9:14 pm
que tipo de proyecto?
19 Mayo, 2008 a las 12:53 am
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19 Mayo, 2008 a las 12:56 am
Andalucía Libre???
Liberación Andaluza???
y despues liberación Lisboeta???
y asi con todas las regiones?
esto que es!!!
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