G. L. R., un zaragozano de 31 años, propietario de una tienda de cómics y que no se convirtió al islam, está pendiente de juicio por enaltecer la guerra santa en internet
G. L. R. se creó un yo paralelo en internet. En la vida real, era un dibujante zaragozano de 31 años, propietario de una tienda de cómics, calvo, bajito y regordete. En la red, era un islamista militante, que defendía con sus dibujos la yihad en Palestina y Chechenia y que diseñó una bandera española en versión islámica para Al Ándalus. Y todo eso sin ni siquiera haberse convertido al islam.
Poco después testificó en la Audiencia Nacional ante el juez Juan del Olmo, que le pidió explicaciones sobre unos dibujos que hizo y distribuyó en webs islamistas y sobre Al Ándalus Islamiya, un foro islamista que creó con un marroquí. El joven, que puede ser condenado a prisión, está libre en espera de juicio.
En uno de sus dibujos se ve a un joven kamikaze que, con cara sonriente y el cuerpo forrado de explosivos, muestra el billete con que se va a subir a un autobús israelí. Otro es una secuencia de dibujos en que un kamikaze corre, activa el explosivo y estalla. Además, hizo dibujos de Juba, el francotirador –real o imaginario– al que se atribuyen decenas de bajas entre los militares de EEUU en la guerra de Irak. También dibujó a marines en el punto de mira, a un niño palestino chutando la estrella de David israelí, y retrató de Abú Musab al Zarqaui, el líder de Al Qaeda en Irak.
“Yo vengo del mundo de los cómics undergrounds y allí es normal pasarse mucho y dibujar cosas como curas haciendo felaciones”, cuenta G. L. R., desbordado con lo ocurrido, mientras juguetea con los anillos que luce en ambas manos y que encajan en su look de rapero, con grandes cadenas y pendientes.
Horas de charla con él muestran a un joven desorientado, con un punto de inestabilidad e inmadurez, que busca respuestas absolutas a preguntas existenciales y que, exhibiéndose como un islamista, halló el reconocimiento que su vida real no le deparaba. Este treintañero responde al perfil de joven atraído por la simplicidad y dureza de un mensaje islámico que, a sus ojos, lidera la lucha contra el imperialismo y que hace sentir en la red una identidad heroica.
G. L. R. confiesa que vivió “una etapa de intensa radicalidad”. Envió un dibujo –Sharon vestido de nazi– al concurso de caricaturas antisemitas de Irán. El éxito de ese dibujo le hizo emplearse a fondo y a chatear en webs islamistas europeas. El joven recuerda como “a todo el mundo en los foros le parecían una pasada” sus dibujos. Mientras, en la vida real, se movía en ambientes de extrema izquierda, bailaba rap y se iba de marcha.
“No sé en qué punto perdí el norte. Eso sí, nunca justifiqué a Al Qaeda. Si un terrorista me hubiera contactado, le habría denunciado”, dice y explica que la mayoría de internautas islamistas europeos “son jóvenes wannabes (I want to be, quienes desean ser radicales)”. Ahora asume su error. “Me arrepiento. Podía haber usado mi talento para cosas positivas y actué de forma destructiva. Ante el juez vi que mis dibujos podían incitar a alguien a la violencia. Ahora intento limpiarme y colaboro en una revista infantil”.



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