Bernard Vincent*
Los documentos no engañan. Siempre que tratan el tema de Purchena en el siglo XVI, cronistas, administradores o simples testigos nos hablan de un lugar estratégico cuya importancia no escapa a nadie. Al hacer una presentación del reino de Granada en 1526, el embajador veneciano Andrea Navagiero, cita 24 localidades de las que solo 5 se encuentran en tierras almerienses (1). Por supuesto, al lado de Adra, Almería, Mojácar y Vera figura Purchena. Igualmente, se habla del Valle de Purchena para definir la parte media del cauce del Almanzora, como en los Anales de Henríquez de Jonquera (2). De este tratamiento toponímico privilegiado, queda hoy un recuerdo elocuente, el de la Puerta de Purchena, en Almería, que era el punto principal de entrada a la ciudad por el norte. Parece que el nombre de Purchena comenzó a aplicársele a dicha puerta en lugar del de Pechina a finales del siglo XVI. Ello era el reconocimiento del papel eminente de Purchena en la vida regional.
Su rango puede ser fácilmente definido. Purchena es ciudad, depende de la jurisdicción real y posee una sólida fortaleza. Título apreciado y raro, que comparte con Almería, Vera y Mojácar. Este prestigioso título es suficiente por sí mismo para darle preeminencia sobre una amplia zona que recuerda las capitulaciones firmadas e17 de diciembre de 1489 por los soberanos Isabel y Fernando y las autoridades de la ciudad, el alcaide Ibrahim Abenedir y el alguacil Abufar Abenedir. El texto concierne a todos los habitantes de la «dicha ciudad de Purchena e de todas las villas e lugares del Río de Almanzora y de la Sierra de Filabres…» (3). Un siglo más tarde, cuando otros hechos dramáticos modificaron radicalmente la situación, veremos que el estatuto de Purchena permaneció intacto. El censo establecido en 1591 enumera las comunidades del partido del río Almanzora y de la sierra (4). La primera de las 40 citadas es Purchena como cabeza de un partido que incluye tanto a Vera como a Mojácar. A lo largo del siglo XVI, las autoridades eclesiásticas confirman la superioridad de la ciudad. Está a la cabeza de una de las seis vicarías de la diócesis de Almería (las otras son Almería, Vera, Serón, Cantoria y Vélez) (5). Su parroquia es, aparte de la catedral, la mejor dotada con 6.000 maravedís al año de toda la diócesis (6). A la iglesia de Purchena asigna el mayor número de beneficios, cuatro, de todo el obispado (7).
La jurisdicción real era inviable a finales del siglo XVI. Isabel y Fernando estaban obligados a recompensar a los miembros de la nobleza que habían participado en la guerra de conquista del reino de Granada otorgándoles la jurisdicción de algunos pueblos con el fin de no enajenar excesivamente el dominio real, las concesiones concernían sobre todo a las localidades situadas en los márgenes de su nueva posesión. Las tierras del río Almanzora respondían a esta definición. De hecho, el dos de octubre de 1492, tanto Purchena, Olula y Urracal fueron dadas a Luis de la Cerda, de Medinaceli con motivo del matrimonio del matrimonio de Leonor, hija de Luis, con Rodrigo Díaz de Vivar, hijo del cardenal Pedro González de Mendoza y titular del señorío del Cenete desde marzo de 1491. Paralelamente, Bayarque, Serón y Tíjola fueron otorgadas a López Pacheco, marqués de Villena; Suflí, Armuña, Sierro y Lúcar, al señor de Aguilar; Fines y Somontín señor de Alcaudete; Cóbdar y Lijar a Francico Rodríguez de Madrid; Oria a Juan Chacón, adelantado del reino de Murcia; Albox, Arboleas, Albanchez y Benitaglia a Pedro Manrique de Lara, duque de Nájera; Cantoria y Partaloa al duque del Infantado. Sin contar la sierra de los Filabres, dividida en tres señoríos, Vélez, dados anteriormente a Luis de Beaumont(8). La zona septentrional de las sierras almerienses Macael y Laroya quedaron bajo jurisdicción real.
Pero mientras los señoríos son objeto, en los últimos años del siglo XV de una redistribución, bién por el cambio del titular o bien por la modificación de los límites, una sola localidad ve su régimen modificado: Purchena. Así como Urracal y Olula van a cambiar de señor y pertenecer a la familia Serrano, Purchena no dependerá nunca de un particular. La excepción es mucho más significativa cuando Macael y Laroya, lugares de realengo de la región, son, curiosamente, incorporados a Baza. ¿Por qué Purchena, islote real en un oceano señorial, conoció esta singularidad? Sin duda porque los soberanos querrían tener un fuerte punto de anclaje y ninguno respondía mejor a sus exigencias.
El interés dado a la ciudad del Almanzora se debía, primeramente, a su posición central en el eje Vera-Baza. Lugar ideal para controlar los desplazamientos, buen lugar de parada para administradores y comerciantes, Purchena inspiraba confianza por la presencia tranquilizadora de una sólida fortaleza. A lo largo del siglo XV abundan los testimonios sobre su calidad. Citaremos tres de ellos. Juan de Madrid, inspector del sistema de defensa del reino de Granada anota el 19 de octubre de 1509: «Hay una fortaleza en lo más alto de la ciudad y su distrito fundada sobre piedra viva y sierra tan alta que casi descubre ocho leguas de tierra y no tiene padrastro ninguno de donde se la pueda ofender con artillería ni arremetida, ni por donde se pueda minar, y tiene agua de pie de la torre principal, que está junto a la del homenaje, la cual agua nace de una peña y de su remanente hay siempre en los aljibes, donde se recogen dos estadios de agua por todo lo cual es fortaleza de importancia, porque en toda la comarca desde la mar allí, que es a nueve y diez leguas todos los lugares que hay no tienen otra parte donde recogerse» (9). El experto insiste sobre la necesidad de reparación de las zonas en mal estado y hace inventario de las armas y municiones: lanzas, ballestas, adargas, espadas, espindargas, bombardas, etc… Casi un siglo más tarde, el corregidor Pedro Martín Salou emplea prácticamente los mismo térninos: «por lo cual, la tengo por fortaleza de importancia, porque en toda la comarca desde la mar allí que es a nueve y a diez leguas, todos los lugares que ay, el día de la necesidad no tienen otra parte donde socorrerse» En cuanto a Mármol Carvajal, nos habla en su famosa crónica del alzamiento de los moriscos de 1569-1570 de «sitio muy fuerte» y de la calidad de la fortaleza ((11). De hecho, cuando una expedición de monfies o de guerrilleros moriscos siembra la desolación en la sierra de los Filabres en septiembre de 1573, los habitantes de Laroya, presa de pánico se refugian en el interior de las murallas de Purchena (12).
Y en consecuencia, podemos imaginar lo que era la ciudad, protegida por un conjunto de numerosas torres, en el interior del cual se había construido una capilla. En el centro había una plaza cerca de la cual había una taberna, una posada, una forja. La iglesia, construida hacia 1550 bajo la dirección del arquitecto Juan de Orca tenía tres naves y una torre cuadrada. Esta también estaba en el centro y se llamaba Santa María. La invocación a san Ginés de la Jara data de 1636. Sin duda hubo a mitad del siglo XVI dos iglesias, pues la primera, muy pequeña, que ocupaba el lugar de una mezquita subsistía probablemente. Los cristianos viejos eran enterrados en Santa María mientras que los moriscos tenían por sepultura un cementerio fuera de Purchena. Entre las construcciones de importancia había aún, al menos un molino y varias almazaras (13).
Entre 1.000 y 1,500 personas residían en Purchena a lo largo de la mitad del siglos XVI. El pueblo era seguramente uno de los más grandes de la región de Almería ya que solamente estaban más poblados (aparte de Almería) Vélez Blanco, Cuevas y Serón. Vélez Rubio y Vera tenían más o menos el mismo tamaño (14)
Los habitantes, aunque entre ellos se encontrasen algunos artesanos (herreros y alfareros cuya presencia está atestiguada como también probablemente sastres, zapateros o herradores como en cualquier ciudad importante (taberneros, posaderos… ) la inmensa mayoría estaba compuesta por labradores y jornaleros que cultivaban principalmente cereales, trigo y cebada, olivos y moreras en tierras parcialmente irrigadas como las de los pagos de El Faz, el Conaitan o de Onegar que encontramos aún en los topónimos de hoy, del Bodar, de Algaydo, del Quenje, del Daybadin. etc… Muchos tenían algunos animales y a veces, verdaderos rebaños. Así, en los años 1530, el posadero Martín de Jara enviaba sus 75 cerdos a pasar el invierno en los pastos de Vera (15). Otros le imitaban, como un rico habitante de Baza cuyo nombre Luis el Purchení indica su origen; hacia 1555, éste tenía más de cien vacas. Por otra parte, seguramente algunos habitantes de los pueblos vecinos, en particular de Olula y Urracal, poseían tierras en Purchena o por lo menos trabajaban allí. Finalmente, las personalidades públicas eran el alcaide de la fortaleza (cargo que correspondía siempre a un noble), el alcaide mayor, los alguaciles, regidores y jurados.
Las diferencias de fortuna debían ser bastante considerables entre un pobre diablo como Miguel García Naquif que, jornalero y pregonero, falto de todo bien precisa «que si no fuere hombre pobre que no sería pregonero» (17) y hombres como Hernando Enríquez o un tal Toledo que hacia 1520 compraron un esclavo. Sin embargo, es probable que, normalmente, la mayoría de los habitantes de Purchena pudieran satisfacer sus necesidades. En cambio, algunos años eran difíciles como ocurrió en 1562 después de violentas inundaciones invernales que destruyeron numerosas moreras y árboles frutales y dieron un duro golpe a la economía local (19).
La investigación realizada en esta ocasión y otros muchos documentos, muestran muy bien otra característica fundamental de la población de Purchena: la cohabitación entre moriscos y cristianos viejos. En efecto, la ciudad del Almanzora se distingue también con relación a casi todas las otras comunidades almerienses. Solamente pertenecen a esta categoría, Almería en la que la población cristiana es dominante, Vélez-Blanco y Fiñana donde constituye un tercio, Níjar, Serón y Purchena donde representa del 15 al 20% (20). En el caso que nos interesa, habría en 1568, 250 vecinos moriscos y 47 vecinos cristianos. Esta convivencia entre unos y otros dio origen a numerosos y fructíferos intercambios.
Los moriscos eran, como se sabe, oficialmente cristianos desde principios del siglos XVI. Los que no aceptaron recibir el bautismo, como el alcaide de Purchena, Ibrahim Abenedir, tomaron el camino del exilio. Pero la mayoría prefirieron quedarse en el lugar y abrazar pues, el cristianismo. Abulcacen Aben Cohbe dio el paso el 8 de octubre de 1500, se convirtió en Diego (o Juan) de Mendoza y ejerció el cargo de alguacil; su hijo y su nieto le sucedieron (21). Notaremos que en 1500
Abdulcacen firma los documentos en árabe. La práctica de la lengua de los antepasados, que es también la del Corán, fue mantenida a toda costa por los moriscos de Purchena. Era un signo fundamental de identidad. Así en 1515, durante un proceso que concernía a unos pastos, fue necesario recurrir a los servicio de un intérprete (22). En otro caso de 1528, sobre el que volveremos, los propósitos de los testigos moriscos resultaron incomprensibles para los cristianos viejos porque fueron recogidos en lengua árabe. En 1562, en el momento de la investigación posterior a la inundacione, Francisco el Capocho, de más de 60 años, Bernardino de Avila, de 45 años y Pedro Alorceb de 66, tuvieron también que recurrir al intérprete para hacerse comprender por los administradores.
Tenemos la huella de la permanencia de otros signos culturales de la nueva comunidad cristiana. Con motivo de una visita de la Inquisición, en 1561, siete mujeres de Purchena son reprendidas por haber participado en una boda celebrada según la costumbre musulmana y particularmente en el baño ritual de la recién casada (23). Otros nueve habitantes de Purchena conocieron los tormentos de la prisión inquisitorial de Granada entre 1563 y 1568. Cuatro de ellos fueron acusados de haber escondido a un renegado, o dicho de otra manera, a un cristiano convertido al Islam, el quinto de haber blasfemado pronunciando el nombre de Mahoma, el sexto de hacer «cosas de musulmanes», sin más precisión. Todos fueron condenados. Finalmente, de los tres últimos encarcelados en 1568, no sabemos casi nada (24). El hecho de que 16 habitantes de Purchena sean condenados por el terrible tribunal en un lapsus de tiempo tan corto muestra que la población morisca local estaba aún muy apegada a su fe de origen.
Sin embargo, no podemos excluir una cierta erosión de las práctica. Durante las inundaciones de 1562, otros dos testigos, Luis del capocho, de 37 0 38 años (¿el hijo de Francisco?) y Hernando Enríquez de 25 años se expresan en castellano. Casi no podemos sacar una conclusión de este ejemplo, pero cómo no remarcar que son los dos más jóvenes los que se han impregnado de la cultura castellana. Y si la lengua árabe estaba en retroceso, podía ser debido a que los esfuerzos de evangelización dieron sus frutos, o a que las relaciones entre las dos comunidades fueron relativamente intensas. Por mi parte, daría importancia, sobre todo, a este segundo factor. Y he aquí dos ilustraciones: en 1528, un joven alfarero de 20 años, Jerónimo el Guadix, acusado de sodomía, se refugió en la iglesia de Purchena. Alonso de la Panuela, juez de residencia, intentó arrestar al joven morisco, pero el sacerdote Cristóbal de la Vezilla, invocando la inmunidad eclesiástica se interpuso. En vano. El sacerdote no renunció: reclamó al prisionero y excomulgó al representante de la justicia que replicó ordenando de manera intimidatoria a los comerciantes no abastecer de provisiones a los clérigos. Los adversarios se hicieron frente en la plaza y algunos incidentes graves fueron evitados por muy poco. Detrás del cura, acompañado por un sacerdote portugués y por el sacristán se encontraban numerosos moriscos. Este episodio, probaría que el clima entre las dos comunidades era sereno (25). Tenemos una confirnación de ello en los escritos de los cronistas del levantamiento de los moriscos de 1568. En Purchena, un noble llamado Gaspar Hurtado de Mendoza era muy apreciado por los nuevos cristianos. Gracias a su mediación, 200 cristianos habrian sido protegidos por sus conciudadanos cripto-musulmanes y se habrían instalado en un lugar seguro (26).
Precisamente, la insurrección morisca fue el gran acontecimiento que cambió el curso de la vida de Purchena más que en ningún otro sitio. Sabemos que el movimiento comenzó en las Alpujarras la noche de navidad de 1568. Los purcheneros no se sumaron a él antes del mes de junio de 1569. El 12 de este mes, una expedición de 4.000 hombres mandados por tres famosos guerreros, el Gorri, el Peliguí y el Malolí llegó de las Alpujarras con el fin de incitar a la zona del Almanzora a la revuelta. Naturalmente, Purchena fue su primer objetivo pues su fortaleza era la llave del valle. Los cristianos viejos pensaron refugiarse en ella, pero pronto decidieron ganar otras plazas, Oria o Vera, menos amenazadas. Los asaltantes destruyeron la iglesia y las casas de los cristianos y ocuparon la ciudad. Los moriscos del lugar tomaron el camino de las Alpujarras (27).
Purchena permaneció musulmana alrededor de nueve meses. Las mezquitas fueron reutilizadas bajo la tutela del alfaquí Gonzalo Zacarías. La importancia de la ciudad fue una vez más confirmada con el famoso episodio de las fiestas que Aben Humeya celebró allí. Ficción creada por Pérez de Hita o realidad, poco importa, todo es verosímil (28). Los festejos tuvieron lugar, parece ser, al final del mes de septiembre en la plaza que es al propósito muy ancha y muy grande. Purchena fue durante una semana la verdadera capital de los insurgentes. El retorno al seno cristiano tuvo lugar a finales del mes de marzo de 1570, después del sitio de Galera (enero) por el ejército de don Juan de Austria y la batalla de Serón (del 18 al 28 de febrero). Una parte de los mariscos de Purchena huyó y otra se rindió. Muchos fueron hechos esclavos como una mujer de 30 años, vendida el 5 de abril de 1570 por un soldado a un tratante de Madridejos por 42 ducados o Mayor, de 12 años, vendida a un orfebre de Vera por 30 ducados el 6 de marzo de 1571 (30). Paralelamente los habitantes cristianos de Purchena (Alejo de Haro, Jerónimo de haro, Pedro Minguez) adquirieron esclavos, pero ninguno de
Así pues, acabó la convivencia, que había sido la mayor característica de la Purchena del siglo XVI. Después de 1570, la ciudad se reconstruyó sobre bases nuevas. Los moriscos casi desaparecieron bruscamente. La mayoría fue expulsada a finales del año 1570, principalmente en dirección a las tierras de Albacete y Toledo. Quedaron algunos pobres individuos como Luisa, esclava del regidor Sebastián de Bustos, reconciliada por la Inquisición en 1584 por haber hecho las abluciones rituales (32) Se quedaron también las familias de cristianos viejos supervivientes. Sobre todo, hubo un llamamiento de repobladores a los que fueron dadas suertes que se componían cada una de una casa, de cinco fanegas de regadío, de diez de secano, de cien pies de viñas, de 25 olivos y de tres onzas de seda (33). En diciembre de 1573, 104 repobladores fueron censados. La mayoría venía de otras tierras andaluzas y principalmente de Écija (58, más 3 de Ubeda y Cazorla; 2 de Benamejí, y 1 de Jerez, Baeza, Jáen, Andújar y Baena). Un grupo de una quincena de familias venía de la región de Murcia y de Levante (7 de Lorca, 2 de Tobarra y Alicante, y 1 de Murcia, Cartagena, Aledo, Orihuela y Requena), y los demás (alrededor de una veintena de familias) de horizontes muy diversos de ambas Castillas (3 de San Clemente; 2 de Alcazar de San Juan, Tembleque y Zamora; 1 de Ocaña, Almagro, Mora de Toledo, Almonacid de Zurita, Alcarria, Aranda de Duero, Logroño), más 14 de procedencias desconocidas o no identificadas. La mayoría eran campesinos, pero entre ellos se contaban algunos artesanos (herradores, zapateros, albañiles, talabarderos, armeros) o pequeños comerciantes (posadero). En suma, las estructuras socioprofesionales, no cambiaron.
La vida en Purchena se hizo difícil. La población había sido reducida casi un tercio con relación a la que había en la primera mitad del siglo. Los efectos de la guerra de 1568-1570 dejaron tantas huellas como las expediciones de corsarios que devastaban la región. Se sabe que los habitantes de Laroya se refugiaron en Purchena en 1573. Los tiempos felices habían terminado. Nadie mejor que el cronista Henríquez de Jorquera, que escribió en 1646, captó intuitivamente la irreversibilidad de la mutación. Hace un retrato adulador, pero indica que el esplendor pertenece al pasado: «La ciudad de Purchena o las reliquias de ella está situada a veintiséis leguas de Granada a la parte de levante en el poblado río de Almanzora en el hermoso valle de Purchena, de quien tomó su nombre, ameno y delitoso sitio, bien regalado de muchas y delitosas frutas, buena cría de ganados, pan, vino y regaladas cazas, benigno cielo y saludables aguas a quien dulces y frescos aires le regalan el estío. Cercanla fuerte muros con castillos fuertes; fue en tiempo numerosa población, en tiempo de los mahometanos que recreo suyo, hoy arruinada por accidente de su conquista y por dos rebeliones de sus naturales moriscos; despoblada por su expulsión, habítanla poco más de cuatrocientos vecinos con sus arrabales que son sus alquerías y en ella una parroquia de beneficiados y curas, tres ermitas de la diócesis de Almeria. Gobiérnanla Alcaldes ordinarios, regidores y alcaldes de la hermandad con aprobación del Corregidor de Guadix. Su mayor trato es la cría de seda…
NOTAS
(1) Andrea Navagiero: Viqje por España, en «Viajes por España y Portugal», ed. José García Meracadal, Madrid, 1952, torno I, pág. 86
(2) Francisco Henríquez de Jorquera: Anales de Granada. Descripción del reino v ciudad de Granada, ed. Antonio Marín Ocete, Granada, 1934, tomo l, pág. 116.
(3) Texto de la capitulación en Miguel Angel Ladero Quesada: Lo,, mudéjares de Castilla en tiempo de Isabel /, Valladolid, 1963, pag. 127.
(4) Alonso Castillo Pintado: El servicio (te millones y la población del reino (le Granada en 1591, Saitabí, 1961, pág. 84.
(5) Tomás González: Censo de población (le las provincias y partidos (le /n Corona de Castilla en el siglo ,VI’/. Madrid. i
7?.
(6) José Angel Tapia: Historia general de .-1 lmería r Su provincia, tomo VII, «Almería mudéjar (1489-I 522), Almería. 1989. pág. 167. (7) Ibid. pág. 431.
(8) Las referencias sobre los señoríos de finales del siglo XV son bastante numerosas. Las publicaciones al respecto más recientes son las de Juan Grima Cervantes. El corregimiento de Vera-Baza antes del año 1500, Roel, 1986-1987, recogido en Almería y el reino (le Granada en los inicios (le la modernidad (siglos XV, N\171), Almería. 1994. Ver cl cuadro, pp. 160, 161 y la de José Angel Tapia, «I Historia general de Almería», tomo VII, pp. 441, 443.
(9) J. Paz y Espejo: Castillos y fortalezas del reino. Revista ele \1 – chivos, Bibliotecas y Muscos, 1912, pág. 442.
(10) Juan Grima Cervantes y Manuel Sola Bcrnabé: Purchena ciudad abierta y cautivadora, Almería, 1993, pág. 19.
(11) Luis de Mármol Carvajal: Historia de la rebelión r castigo de los Moriscos de Granada. Biblioteca de Autores Españoles’, XX. Madrid, 1946, pág. 275.
(12) Bernard Vincent: El bandolerismo morisco en Andalucia (siglo XVI), en «Minorías y marginados en la España del siglo XVI. Granada, 1987, pág. 194.
(13) Manuel Espinar Moreno: Escenas de la vida cotidiana de Purchena y su tierra en época musulmana y morisca (siglos XI y XVI). Roel, 9-10 (1988-1959), pp. ?9-58, en particular 54-55.
(14) Bernard Vincent: ha población de la región de Almería en e/ siglo XVI, «Almería en la Historia», Homenaje al Padre Tapia, Almería, 1988, pp. 271-288.
(15) Archivo Municipal de Vera, legajo 947, por ejemplo, documen-to del 5 de junio de 1534.
(16) Ibid. legajo 953, folio 111 vto.
(17) Manuel Espinar Moreno: obra citada, pág. 40.
(18) Archivo de la Chancillería de Granada, cabina 504, legajo 173 I , pág. 4.
(19) Archivo General de Simancas, Expediente de Hacienda, legajo 146, pág. 26.
(20) Bernard Vincent: Les morisques granadins, une frontiere intérieure? Castum 4 «Frontiere et peuplement dans le monde mediterranéen au Moyen Age, Roma, Madrid, 1992, pp. 109-126. Ver sobre todo pp. 111 y 124.
(21) Manuel Espinar Moreno: «Abulcacem Aben Cohbe se convierte al cristianismo como Diego de Mendoza. El aguacilazgo de Purchena en manos de esta familia desde octubre de 1500 hasta 1568», Roel, 1986/87, pp. 83-111 -
(22) Manuel Espinar Moreno: obra citada, pp. 37 y 47-54.
(23) Ana Isabel Llada Granado y Pelayo Alcaina Fernández: Visita inquisitorial al obispado de Alrnería, año 1561, Boletín del Instituto de Estudios Almerienses, núm. 9-10, 1990-1991, pág. 43 y ss.
(24) José María García Fuentes: La Inquisición en Granada en el
siglo XVI; Bernard Vincent: La Inquisición y los moriscos nos, en «Minorías y marginados en la España del siglo \’. nada, 1987, pp. 119-155.
(25) Ver nota 13,
(26) José Angel Tapia: Rebelión (le los moriscos del Almanz n° 6, 1985, pp. 35-55.
(27) Luis de Mármol Carvajal: obra citada, pp. 275 y 276 (28) Ginés Pérez de Hita: Guerras civiles ¿le pa XIV. Biblioteca de Autores Españoles, núm. XXI, Madrpág. 678 y ss.
(29) Nicolás Cabrillana: Documentos notariales moriscos, Granada, 1978, pág. 155.
(30) Ibid. pág. 203.
(31) Ibid, pp, 121, 131, 212, 215.
(32) José María García Fuentes: Obra citada. pág. 308. (33) Archivo General de Simancas, Cámara de Castilla, le inf.
(34) Ver nota 2.
*ECOLE DE HAUTES ETUDES EN SClENCES SOCIALES (PARÍS)











