Pilar González/Ideal.es
Es aún incipiente, pero no deja de ser alentador encontrar en los medios de comunicación artículos y reflexiones que hablan de la ética el futuro. La tarea de pensar, a lo largo de la Historia, siempre ha sido necesaria, hoy es, además, urgente, imprescindible, para pasar del vértigo y de la incertidumbre a la esperanza. La política, que es una voz importante en el concierto de la autoorganización social, se fundamenta en la tarea de pensar.En Andalucía, como en el resto del mundo, vivimos tiempos de cambios profundos. Nuevas realidades sustituyen a las certezas antiguas. Por eso, las organizaciones políticas, los clásicos partidos, lejos de la pasividad o de la inercia, debemos estar en permanente alerta, tenemos que ser capaces de articular respuestas nuevas para la convivencia de la sociedad andaluza futura.
La ética del futuro es en el fondo una ética del presente para el futuro, una proyección comprometida que se basa en la responsabilidad. Este planteamiento es válido para la economía, para el medio ambiente, para el patrimonio cultural o para la política.
Las incertidumbres que atenazan el presente de Andalucía son principalmente económicas y políticas. Por el lado de la economía surgen problemas graves: el incremento del paro, la subida de los precios, la subida imparable de los tipos de interés que repercute en las hipotecas y en el consumo, que trae consigo, a su vez, un menor crecimiento… El bienestar se tambalea.
Por el lado de la política nos encontramos con un sistema anquilosado, inmóvil, una democracia mediática más virtual que real, donde los ciudadanos son sólo 0opinión pública’; un sistema político que ha perdido toda capacidad de innovación y que cada vez está más lejos de los intereses, las preocupaciones y las necesidades de la gente. No puedo evitar la impresión de que Andalucía va a menos, ni la imagen de Andalucía en un laberinto.
En este contexto, el andalucismo es un instrumento válido para afrontar el futuro. Desde una posición responsable y comprometida, que en muchas ocasiones ha sido útil para resolver los problemas de Andalucía, empezamos una nueva etapa.
Existe un hueco para el Partido Andalucista en la sociedad andaluza. Hay razones objetivas y subjetivas para afirmarlo. Tenemos 550 cargos públicos municipales, tenemos una historia lúcida y generosa que nos pertenece y nos proyecta hacia el futuro y tenemos, sobre todo, la vocación de continuar trabajando al servicio de los andaluces y de las andaluzas. Cualquier fuerza política que naciera ahora querría tener este bagaje. El andalucismo no es un valor transversal como la igualdad, el pacifismo o la ecología, valores de los que todos quieren apropiarse. El andalucismo es una opción política que sitúa a Andalucía en el centro de nuestra acción, en el objetivo de nuestro trabajo. Esa opción la encarna el Partido Andalucista. Es curioso y revelador que en este momento en el que el Partido Andalucista está fuera del Parlamento Andaluz, las demás fuerzas políticas pretendan apropiarse del concepto ‘andalucismo’ o pretendan añadir el calificativo ‘andalucista’ a sus siglas para apropiarse de nuestro espacio.
Nada más lejos de la verdad. Con todo respeto, con nuestras luces y con nuestras sombras, los andalucistas somos nosotros. Los otros se han dado cuenta de que el andalucismo puede ser el hilo para salir del laberinto en el que se encuentra Andalucía. Nosotros ya lo sabíamos. Estamos fuera del Parlamento Andaluz, pero no somos invisibles en la sociedad andaluza y no vamos a permitir que los embaucadores confundan a los ciudadanos.




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