Aldelkarim García Cazorla/Identidad Andaluza
“Al amanecer del día uno de mayo de 1091 ha muerto Al Mutasim, rey y poeta al que he servido y admirado muchos días de mi vida. Entré a su casa siendo un zagal gracias a mi habilidad con el laúd. Aquel mismo día como era costumbre, hice juramento de lealtad al soberano sobre El Corán, él tomó mi mano entre las suyas y dijo mirando a mis ojos; mientras haya una gota de arrogancia en tú corazón no entrarás en el paraíso. Sentí mi cara sonrojada y él notó mi vergüenza de niño sorprendido en su debilidad, pero me consoló diciendo que el pudor es una bendición de Díos.
El día que decidí partir y dejar Almariya pues había planeado viajar hasta Bagdad para probar suerte en la corte, estaba entristecido y recordaba aquellas palabras suyas, de alguna forma quise decirle adiós y fui andando hasta su tumba, a la sombra de la higuera que su madre plantó el día de su nacimiento. Quizás el paraíso que todos buscamos en la tierra, sólo se encuentre a los pies de nuestra madre y por eso quiso ser enterrado precisamente aquí.”
Son un extracto del libro de Daud Albayaní, músico en los recintos de la Alcazaba, descubierto hace ahora dos años en una biblioteca de El Cairo. Son también parte de una memoria oculta sin descubrir, una entre otras muchas que tiene este espacio emblemático, olvidado por los almerienses e incomprendido por algunas autoridades. Ya se dictó un Decreto Real para su demolición, a cambio el que lo realizará podría aprovechar para su beneficio todos los materiales del derribo.
Estoy convencido que un maleficio poderoso aún recorre sus murallas y nos hace olvidarla, la vuelve invisible como sí aquel fatídico decreto se hubiera cumplido.
La Alcazaba emplazada sobre un promontorio que domina la ciudad y la bahía por los cuatro puntos cardinales, no puede convertirse en un testigo enmudecido de nuestra historia, en una referencia muerta, tiene que ser un centro de irradiación cultural intensivo, un espacio poblado y vivo que nos enorgullezca e invite al acercamiento y la presencia no esporádica u ocasional. Hace falta interés por la acelerar la labores de recuperación arqueológica en el interior, agregar atractivos sugerentes manteniendo la sintonía con la propia naturaleza de este espacio tal y como se viene haciendo desde hace ya algunos años y proseguir con el saneamiento del entorno, que a veces es motivo de vergüenza. Si, como la vergüenza del niño músico en la corte de Al Mutasim, pero por otras causas.














2 comentarios
13 Julio, 2009 a las 2:23 pm
Ya en el S. XIX el alcalde de Almería, Muñoz, destruyó las murallas que rodeaban la ciudad para que desapareciera el aspecto moruno de Almería y se convirtiera en una ciudad “moderna”. Años después se intento derribar la Alcazaba, hoy en pie porque ningún empresario quiso afrontar la empresa. Hoy el barrio moro está abandonado por las autoridades y el mayor monumento de la ciudad, la Alcazaba, sufre de graves deterioros y la ausencia de inversiones que la hagan recuperar su aspecto original. Parece como si a los políticos les molestara este monumento. El recuerdo de otras épocas, de esplendor, cultura y riquezas, en las que Almería no era cristiana, aflora cada vez que se visita o se divisa en el horizonte este monumento. ¿será por ello por lo que nuestros gobernantes quieren borrarla de nuestra memoria?
14 Julio, 2009 a las 6:54 pm
Qué pena de Alcazaba. Cuanta dejadez, desínteres y desprecio por una parte de nuestra historia. Ese monumento, el más importante de la provincia de Almería, se ha convertido en una muestra del desprecio y el miedo que los políticos tienen a nuestra historia. Esas piedras inmóbiles son testigos de las mentiras que durante 500 años nos han contado, y de un pasado andalusí esplendoroso, del que los almerienses debemos sentirnos orgullosos, aunque a nuestros políticos le joda.