Mbarek Najeh
Entre las más innumerables características adyacentes a los inmigrantes, especialmente los marroquíes que nos interesan en este artículo, se destaca el desgarramiento político sufrido, por una parte por la exclusión de esa gran parte de la tela social, dado que desde la toma de decisión voluntaria o más bien obligatoria,
por la precaria situación económica, de “destierro”, el inmigrante empieza a flotar en una esfera descrita por la incertidumbre, el desarraigo político-social. Y en segundo lugar, por las enormes dificultades y obstáculos a las que el inmigrante tendría que afrontar en el país de acogida para poder surcar una nueva vida y gozar plenamente de sus derechos humanitarios.
Al llegar al país de acogida, el inmigrante se sitúa en una franja además de ser ilimitada geográficamente es totalmente indescifrable a nivel sociopolítico: por un lado el inmigrante deja de pertenecer a su país de origen por la necesidad y obligación de cumplir con un proyecto anteriormente diseñado y que en la mayoría de los casos aspira a romper la barrera de la pobreza y mejorar su situación económica y su condición de vida. Hecho que le ata al trabajo como primer objetivo y no le deja descubrir el abanico de posibilidades que le ofrece el país de acogida. Por otro lado, el inmigrante que, generalmente es oriundo de un país tercer mundista como es el caso de los marroquíes, nunca se ha interesado por el derecho al voto en su país por múltiples razones que varían entre la corrupción y el fracaso de la fuerzas políticas, elecciones no democráticas, la exclusión política, económica y social, el peso del historial político lleno de fracasos, decepciones, injusticia….
La manía de encontrar un trabajo lo rápidamente posible y la mejora de su situación económica y la de sus familiares o dependientes obliga al inmigrante a incurrir en el error de la no participación o el derecho a pedir la participación en la vida política del país de acogida que no parece a primera vista nada fácil, porque las leyes de cada país de acogida impone ciertas reglas al juego que desfavorecen directamente a los inmigrantes y los clasifican en simples huéspedes que tendrán que dejar algún día el país.
Sin embargo, el derecho al voto y la representación política es uno de los conceptos pilares de toda democracia moderna, y está estipulado y protegido por las constituciones y los tratados. Por lo que el concepto de autorizar que voten las personas que no son ciudadanas del país no es nada nuevo ya que internacionalmente países como Bélgica, Irlanda, Holanda… le permiten votar a los inmigrantes bajo el argumento de que el involucro de ellos en las elecciones garantiza considerablemente una convivencia e integración mejores y respeto al nuevo país.
Si los inmigrantes cumplen con todas sus obligaciones y deberes hacia el estado: el pago de los impuestos y el cumplimiento de las leyes, la buena voluntad de inserción en la comunidad sería tan posible y justo otorgarles el derecho a la representación política y al voto por lo menos en las elecciones municipales, sin importar su estatus legal en el país.
En un país, como España en pleno proceso democrático, el derecho al sufragio para los inmigrantes sigue siendo oscuro y tema de debate continuo debido al número creciente de los inmigrantes y por el hecho de que la inmigración ya es una realidad imprescindible e indisociable de la sociedad española, que para lograr una gran inserción e integración y convivencia está obligada a abrir las puertas de todos los sectores al inmigrante: político, social, económico; derogar ciertas leyes que impidan la participación o imponen tratados bilaterales a sabiendas de que el mayor colectivo de los inmigrantes todavía sus países de origen no han firmado estos tratados.
Las propuestas hechas, en este marco, por algunos partidos consistentes en extender el voto de los inmigrantes en las elecciones municipales han dado sus frutos.
El pasado mes de febrero el gobierno socialista español sorprendió a los españoles y a
los inmigrantes residentes en el país al hacer público la gestión de las notas diplomáticas con 15 países extracomunitarios para el reconocimiento del derecho al voto de los inmigrantes.
Según el Art. 13°, II, de la Constitución Política de España, promulgada en 1978, el derecho al voto es una prerrogativa exclusiva de los nacionales. Sin embargo, el mismo Art., dispone el voto activo (elegir) y pasivo (ser elegido, incorporado en 1992) en las elecciones municipales (sujeto a convenio), para extranjeros residentes en España.
Según el Tratado de Maastricht, 1992, la Unión Europea faculta a los ciudadanos miembros de los estados integrantes a elegir y ser elegidos para los gobiernos locales en cualquiera de los países de la UE. Los extranjeros de terceros países, o extracomunitarios, residentes en la UE, continuaron sin este derecho. Aunque en países nórdicos como Suecia, ya desde 1975, los inmigrantes podían votar y ser elegidos en las elecciones municipales y provinciales. En Dinamarca, Holanda y Noruega desde finales de 1980.
Los 15 países cuyos ciudadanos podrán votar (mas no ser elegidos) en las próximas elecciones municipales españolas del 2011 son: Argentina, Perú, Colombia, Ecuador, Burkina Faso, Cabo verde, Islandia, Trinidad y Tobago, República de Corea, Nueva Zelandia, Paraguay, Uruguay, Venezuela, Chile y Bolivia (con estos 5 últimos el convenio aún no se ha cerrado). Bajo el principio de reciprocidad, España escogió estos países porque en dichos lugares los españoles residentes participan en las elecciones políticas. En el caso de Argentina y Perú, no sólo eligen, sino también pueden ser elegidos como autoridades políticas locales.
El gran ausente es y será el colectivo marroquí (el más numeroso entre los inmigrantes extracomunitarios), en cuyo país los españoles no pueden votar. Lo paradójico es que cerca de un millón de españoles, desde el extranjero (incluso muchos de ellos sin conocer España), definen con su voto los diferentes gobiernos españoles, pero los “nuevos” vecinos que sostienen a España no tenían dicho derecho, y muchos no lo tendrán. ¡Qué paradoja de la democracia! ¿Verdad?
Fuente: revista kalima
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