En el siglo XIX, Iznájar fue cuna de las bases de apoyo más importantes a la sublevación protagonizada por el albéitar de Loja, Rafael Pérez del Álamo, dando así comienzo a una gran sublevación popular llamada la revolución del pan y el queso. La rebelión fué organizada por la Sociedad Secreta, organización liberal y masónica, promovida por el Partido Demócrata donde coincidían los intereses de las clases populares y la burguesía progresista del momento, siendo el primer movimiento campesino, de oposición política y protesta social de envergadura, en la historia contemporánea de Andalucía. El motín se precipitaba con la asonada de Mollina (Málaga) el 24 de junio de 1.861 y estalló en estas tierras por la represión que en la zona aplicaba el general Ramón María Narváez, natural de Loja, a la que convirtió en una pequeña corte. Fué este un importante personaje de la época llamado el espadón de Loja, por basar su poder en aumentos injustificados de la renta de sus fincas, el control político que ejercía en el ayuntamiento, y su intervención en determinadas subastas de Propios para quedarse con las tierras. El veterinario Pérez del Álamo, uno de los mayores contribuyentes de Loja, llegó a movilizar a unos 10.000 campesinos armados así como algunos comerciantes, artesanos y pequeños propietarios que esperaban un estallido general que finalmente no se produjo. Nos ha dejado escrita su propia versión de los sucesos. Según cuenta, en junio de 1.861, cuatro años justos después de la revuelta de 1.857, se pone en marcha el plan. El día 28 entraron en Iznájar, con unos seiscientos hombres, donde sin apenas esfuerzo tomaron el cuartel de la Guardia Civil y el ayuntamiento. No mostraron ningún tipo de violencia con los habitantes del pueblo y publicaron un manifiesto en el que, tras realizar un llamamiento a todo el que sintiera amor a la libertad, dejaron claro que su misión no era otra que la defensa de la democracia y el respeto a la propiedad, el hogar doméstico y todas las opiniones. Con este proyecto republicano comenzó su revolución consiguiendo que unos mil iznajeños, prácticamente la totalidad del pueblo, se sumaran a su causa. Al día siguiente, 29 de junio, continuaron la marcha hacia Loja, donde se les sumaron más revolucionarios, llegando a alcanzar la cifra de 10.000 hombres, ocupándola durante cinco días hasta que las fuerzas militares mandadas por el general Serrano, otro gran terrateniente andaluz, les obligaron a dispersarse. A partir de ese momento el Gobierno iniciaría una brutal represión, especialmente con los habitantes de Iznájar que se habían sumado masivamente a la causa revolucionaria. Los consejos de guerra que se sucedieron inmediatamente después de sofocada la sublevación, condenaron a 59 iznájeños, con penas que iban desde dos a veinte años de cárcel, una de cadena perpetua y otra de muerte. Fueron sentenciados a la pena máxima cuatro participantes en la revuelta; un vecino de Loja, otro del Salar, uno de Periana y el iznajeño D. Joaquín Narváez Ortiz, uno de los hombres más ricos del pueblo, su padre era médico, estaba casado en segundas nupcias con la maestra del pueblo. Tenía ocho hijos fruto de sus dos matrimonios. Aunque no tuvo una participación directa en los hechos fue ejecutado a garrote, en el patíbulo levantado en el Calvario el día 6 de Agosto de 1.862. Así lo contaba El Correo Español en sus páginas : Hoy a las once de la mañana, ha sufrido en Iznájar la pena de garrote el reo Joaquín Narváez, uno de los principales jefes de la revolución de Loja. Parece que ha dejado hechas importantes declaraciones. Doce fueron los condenados a cadena perpetua: seis de Loja, uno de Iznájar, otro de Salar, tres de Periana y otro de Zagra. A 20 años: trece de Loja, tres de Iznájar, seis de Salar, cuatro de Algarinejo, cinco de Periana, cuatro de Zagra, uno de Zafarraya y otro de Alhama. Las cadenas de cinco años fueron: dos de Loja, diecinueve de Iznájar, doce de las Fuentes de Segsna. Los sentenciados a doce años: cinco de Loja, tres de Iznájar, 32 de las Fuentes de Cesna, cinco de Salar, 11 de Zagra y cinco de Huétor Tájar. Sentenciados a 10 años: dos de Loja y uno de Huétor. De ocho años de presidio: dos de Loja, veintidós de Iznájar, dos del Salar y cuatro de Periana. A cuatro años de prisión: uno de Iznájar y cinco de Loja. Sentenciados a dos años, nueve de Iznájar. Según “El Correo Español” hasta un total 226, participantes o no, fueron sentenciados. Los condenados ingresaron en los presidios de Baleares, Canarias, Granada y Sevilla donde cumplieron las penas hasta que al año siguiente fueron indultados, gracias a un Real Decreto, firmado por la reina Isabel II, el 3 de Septiembre de 1.862, con motivo de un viaje de la familia real por Andalucía. Curiosamente los condenados recobraron su libertad el día 8 de Septiembre de 1.862, día en que el pueblo de Iznájar celebra la festividad de su patrona, La Virgen de la Piedad. Los iznajeños en la madrugada de ese día, no queriendo dejar en el olvido esta página de su historia, lo cantan cada año en las Coplas de la Aurora, en honor de su Virgen que tanto tendría que ver para poner fin al sufrimiento de estos hombres. En el año del sesenta y uno la fatal desgracia vino a cobijar a este pueblo que humilde te adora… De Canarias a las Balearessurcasteis los mares dando libertad … En tu día cesaron las penas, rompisteis cadenas de una eternidad …
2 Agosto, 2009...11:04 am
LA REVOLUCIÓN DEL PAN Y EL QUESO
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1 comentario
28 Septiembre, 2008 a las 10:39 pm
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