Kamala Orozco
“Allí” es en el desierto del Sáhara, en el hogar de Moussa Ag Assarid, un lugar en el que “todo es simple y profundo” donde ”hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!”. Moussa es tuareg y escritor. En su libro “En el desierto no hay atascos. Un tuareg en la ciudad” cuenta cómo pasó de ser pastor de camellos, cabras, corderos y vacas en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali, a estudiar Gestión en la universidad francesa de Montpellier.
En el libro señala las cosas que le sorprendieron al llegar a Francia, especialmente cómo corría el agua al abrir un grifo y cómo sintió ganas de llorar al verlo. Esa agua tan preciada en el desierto, el agua que había estado buscando todos los días de su vida.
Para Moussa, el agua también significa dolor. Su madre murió durante la sequía de principios de los 90. Él tenía 12 años y ella le había enseñado todo, especialmente, a contar historias y “contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo”, afirma en una entrevista en La Vanguardia.
La historia de Moussa nos muestra que lo que a lo mejor es un pequeño detalle en nuestra vida, puede cambiar la vida de otra persona. Así le pasó a él. Un año, el rally París-Dakar pasó por su campamento y a una periodista se le cayó un libro de la mochila: “Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo”.
Aunque ya a los siete años le habían enseñado las cosas importantes (“a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas… Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua”), Moussa convenció a su padre para que le dejara ir a la escuela. Cada día caminaba 15 kilómetros hasta que el maestro le dejó una cama para dormir mientras una mujer le daba comida al pasar por su casa. Para Moussa, eso significaba que su madre estaba ayudándole.
Así consiguió una beca para estudiar en Francia. Cuenta que lo que más añora de su hogar es la leche de camella, el fuego de la leña, caminar descalzo sobre la arena caliente y mirar las estrellas: “Allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra… Aquí, por la noche, miráis la tele”.
Moussa tiene nostalgia del desierto, donde “cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!”
Como tuareg, se dedica ahora a defender a su pueblo. No quiere que se pierdan sus valores y sus tradiciones. Los tuareg son los “señores del desierto”. También les llaman los “hombres azules” porque su turbante azul, teñido con una planta, el índigo, les deja la piel de ese color. Moussa explica que ‘tuareg’ significa ‘abandonados” porque es un pueblo nómada, orgulloso y solitario. En bereber, así mismos se dan el nombre de imuhagh, que significa ‘los libres’ o ‘los nobles’.
Pertenecen a la etnia bereber o amazigh, desconocida y muy interesante. Lo único que se suele saber es que habitan en el norte de África, pero desconocemos, por ejemplo, que hay 12 millones de personas que hablan lenguas bereberes y se comunican con una escritura común, el tifinagh. Aparte de anécdotas como que el cous-cous y la música rai son bereberes, es interesante saber que, en la sociedad bereber, las mujeres no se tapan la cabeza y pueden elegir marido. Los hijos pertenecen al linaje de la madre y las mujeres participan en la estructura social activamente. Ellas pueden divorciarse y buscar otro compañero. La hospitalidad es otra de las características de esta sociedad. Encontrar a nómadas bereberes ha salvado a muchos viajeros de perecer en el desierto. Ellos han ofrecido su hogar, su comida y su agua a los que se han adentrado en el Sáhara. Estas son unas pequeñas pinceladas de esta interesante cultura a la que pertenece Moussa, en la que no hay atascos y sí tiempo.
http://gente5.telecinco.es/blogs/entierradenadie/2009/08/24/aqui-teneis-reloj-alli-tenemos-tiempo/


















¡Qué maravilla de civilización!