UN ZAPATO DE TACÓN Y EL PADRÓN

Abdelkarim García Cazorla/Identidad Andaluza

Una mujer y su amiga, sentada en la parte de atrás, hablan  mientras el marido conduce. El vehículo se detiene, el semáforo está en rojo,  el hombre ajeno a la conversación y aburrido, mira distraído hacia los pies de su mujer que calza unas zapatillas deportivas y entonces ve un zapato de tacón. La noche anterior estuvo con su amante, piensa que ella ha cometido un olvido fatal y que está a un paso de ser descubierto, sino logra hacer desaparecer la prueba de su infidelidad.  

Ellas siguen conversando, él con un gesto rápido y certero logra coger el zapato hasta esconderlo en la chaqueta, como lo sujeta con su brazo muy pegado al costado, le cuesta trabajo conducir. Necesita tirarlo, abre la ventanilla, pero la mujer le pide que cierre, es una mañana fría, obedece pues le gusta complacerla. En el siguiente semáforo abre con cuidado la puerta, deja que aquel testigo incomodo caiga con suavidad sobre el asfalto. Aliviado arranca y siente un arrebato de vanidad casi balsámico que le relaja, ha resuelto con sencillez un gran problema, las cosas seguirán  igual; no desea sobresaltos, nada tiene porque cambiar. 

Las dos mujeres le indican que pare, antes de salir, la amiga busca sus zapatos, sólo encuentra uno, le hacían daño y dentro del coche se descalzó. Él mira también debajo de los asientos para disimular y se ríe, con el gesto amargo y la lucidez de saber que lleva una vida tan ridícula, como lo que acababa de pasar con el zapato.  

Esta escena de una película española, ensalza el absurdo desde una perspectiva cómica al igual que el asunto del padrón y la negativa de los Ayuntamientos de Vic y Torrejón de Ardoz de asentar en sus respectivos padrones a los inmigrantes irregulares, ha propiciado el desatino político y el esperpento en el que incurre los agitadores del miedo y quienes alimenta de forma explícita tensiones sociales de imprevisibles consecuencias. 

El tiempo ha demostrado la conveniencia del registro y anotación en un padrón, para empezar proporciona una buena información para la confección de estadísticas fiables, sin la cuales no es posible evaluar nuestras necesidades y diseñar programas de políticas migratorias y otros de naturaleza complementaria.

En segundo lugar los derechos a la educación, la sanidad, la tutela judicial y otros que no enumero no nacen a partir de la inscripción en este o aquel padrón, son inherentes a la condición humana.

El padrón además tiene la virtud de detectar las mafias que especulan con  los pisos pateras y con la venta de falsos arrendamientos para facilitar el asentamiento en el padrón y perfila con concreción el problema de la infravivienda.

Podremos deshacernos del zapato, creyendo que este es nuestro problema como hace el personaje de la película y podemos hacer invisibles a los inmigrantes si es este nuestro deseo, pero en realidad el problema está en saber hasta dónde queremos llegar con nuestras miserias, con nuestra generosidad. No creo que una generosidad ilimitada sea sostenible, pero no sería justo que tuviéramos que avergonzarnos de aquí a unos cuantos días de nuestra mezquindad.

Una mujer y su amiga, sentada en la parte de atrás, hablan  mientras el marido conduce. El vehículo se detiene, el semáforo está en rojo,  el hombre ajeno a la conversación y aburrido, mira distraído hacia los pies de su mujer que calza unas zapatillas deportivas y entonces ve un zapato de tacón. La noche anterior estuvo con su amante, piensa que ella ha cometido un olvido fatal y que está a un paso de ser descubierto, sino logra hacer desaparecer la prueba de su infidelidad.  

Ellas siguen conversando, él con un gesto rápido y certero logra coger el zapato hasta esconderlo en la chaqueta, como lo sujeta con su brazo muy pegado al costado, le cuesta trabajo conducir. Necesita tirarlo, abre la ventanilla, pero la mujer le pide que cierre, es una mañana fría, obedece pues le gusta complacerla. En el siguiente semáforo abre con cuidado la puerta, deja que aquel testigo incomodo caiga con suavidad sobre el asfalto. Aliviado arranca y siente un arrebato de vanidad casi balsámico que le relaja, ha resuelto con sencillez un gran problema, las cosas seguirán  igual; no desea sobresaltos, nada tiene porque cambiar. 

Las dos mujeres le indican que pare, antes de salir, la amiga busca sus zapatos, sólo encuentra uno, le hacían daño y dentro del coche se descalzó. Él mira también debajo de los asientos para disimular y se ríe, con el gesto amargo y la lucidez de saber que lleva una vida tan ridícula, como lo que acababa de pasar con el zapato.  

Esta escena de una película española, ensalza el absurdo desde una perspectiva cómica al igual que el asunto del padrón y la negativa de los Ayuntamientos de Vic y Torrejón de Ardoz de asentar en sus respectivos padrones a los inmigrantes irregulares, ha propiciado el desatino político y el esperpento en el que incurre los agitadores del miedo y quienes alimenta de forma explícita tensiones sociales de imprevisibles consecuencias. 

El tiempo ha demostrado la conveniencia del registro y anotación en un padrón, para empezar proporciona una buena información para la confección de estadísticas fiables, sin la cuales no es posible evaluar nuestras necesidades y diseñar programas de políticas migratorias y otros de naturaleza complementaria.

En segundo lugar los derechos a la educación, la sanidad, la tutela judicial y otros que no enumero no nacen a partir de la inscripción en este o aquel padrón, son inherentes a la condición humana.

El padrón además tiene la virtud de detectar las mafias que especulan con  los pisos pateras y con la venta de falsos arrendamientos para facilitar el asentamiento en el padrón y perfila con concreción el problema de la infravivienda.

Podremos deshacernos del zapato, creyendo que este es nuestro problema como hace el personaje de la película y podemos hacer invisibles a los inmigrantes si es este nuestro deseo, pero en realidad el problema está en saber hasta dónde queremos llegar con nuestras miserias, con nuestra generosidad. No creo que una generosidad ilimitada sea sostenible, pero no sería justo que tuviéramos que avergonzarnos de aquí a unos cuantos días de nuestra mezquindad.

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2 comentarios

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2 Respuestas a UN ZAPATO DE TACÓN Y EL PADRÓN

  1. Alberto

    excelente articulo. Pinchad sobre la fotografia para ampliarla y leer el texto: merece la pena.