Juan Carlos Garrido Curbeira
Otra vez en lo mismo, un fenómeno de conflicto cultural o intolerancia ideológica, de puntos de vistas encontrados, miradas divergentes, voces de cólera, incomprensión hacia las otras maneras de entender cómo vivir en otras geografías mentales. Najwa Malha no puede asistir a la escuela Camilo José Cela, en Alcorcón, Madrid, a no ser que se quite el pañuelo o hiyad que lleva en la cabeza. Tiene 16 años, es una adolescente, vive un mundo de fantasías y conflictos en su cabeza: se halla en su primera crisis de identidad, de crecimiento biológico y emocional, toda crisis que hemos vivido en el tránsito de la adolescencia a la primera juventud. Ha dejado de ser una niña y se está convirtiendo en una adulta.
Y la escuela le ha fallado, sus maestros, su director, la Consejera de Educación de Madrid, el Ministerio de Educación de España. Todos le han fallado. En su búsqueda de una temprana razón de ser, ha encontrado el rechazo de los otros, y peor, de la institución que representa al Estado que dice ser libre y democrático. Han fallado porque la han expulsado, no le han permitido entrar en sus espacios sociales por llevar una prenda que la hace ser otra; porque aclaremos, no tiene la misma carga simbólica llevar en la cabeza una gorra Nike que un pañuelo. Son símbolos de diferente origen cultural.
¿Cuál es la función social de la escuela? Al decir de Foucault, ¿vigilar y castigar o educar al individuo en una serie de valores compartidos? Ante este hecho ¿es la exclusión un método de enseñanza eficaz? He escuchado, una y otra vez, argumentos a favor de la medida: vive en España y tiene que acatar las leyes de este país o sino que se vaya al suyo; pero venga hombre, a cuál país ¿y si se ha nacido aquí, como muchos españoles de nacimiento hijos de inmigrantes, qué hacer? ¿Expulsarlos? ¿En qué España estamos viviendo, o mejor, en qué mundo?
La escuela le ha fallado porque su función es la de educar sobre la base de valores tan elementales como el respeto y la tolerancia, más que prohibir su entrada se debieron abrir canales de diálogos disuasivos para llegar a un acuerdo de partes, y para crear un clima de cordialidad en el que la convivencia entre todos se haga más viable. Lo ideal sería ir en cueros, pero no se puede. Cada cual manifiesta en su vestuario rasgos de su personalidad: ropa ancha, ropa estrecha, zapatillas de marca, con cordones, sin cordones, colores estridentes, sombríos, claros, oscuros, con textos en inglés, francés, dibujos, logos, en fin, que nadie, nadie, ha quedado libre de expresar, directa o indirectamente, su modo de pensar y entender el mundo a través de la moda. Llevar un pañuelo en la cabeza es un agregado más a este cóctel de prendas e ideas. Como mismo disfrazamos a nuestros hijos con las camisetas del Real Madrid o el Barça FC según nuestras preferencias.
Que el tema es religioso, suprimamos entonces todos los crucifijos y los elementos alegóricos a cualquier religión de las aulas y ya veremos, aunque en un acto de verdadera libertad, lo ideal sería agregar más que quitar, porque incluso ser ateo e imponer esta ideología, es también una manera de dominar. Hay que dialogar y argumentar, aprender a convivir y más en este mundo que se ha convertido en un gran mosaico de culturas, razas y rezos. De momento, ya varias alumnas se han puesto pañuelos en solidaridad con su compañera. Cuidado, queridos docentes, nuestros hijos no son tan tontos como nos lo imaginamos, un acto aislado puede convertirse en una intifada escolar. Ojo con ello .
Y ¿cuál ha sido la repercusión social? Miremos:
http://lacomunidad.elpais.com/garridocurbeira/2010/4/21/el-hiyad-najwa


















PAÑUELO SI, PAÑUELO NO ¿ESA ES LA CUESTIÓN?
Quienes creemos firmemente en la Democracia y luchamos para que nuestras sociedades se transformen en espacios inclusivos, nos sentimos cruelmente decepcionados con algunas de las posturas que en estas semanas se están expresando.
Me pregunto si realmente, el debate sobre el pañuelo de la mujer musulmana en la escuela es el interés real y prioritario de estas manifestaciones. De alguna u otra manera, se están poniendo al descubierto ciertos tintes discriminatorios y por qué no decirlo, el preludio de una tímida islamofobia, reflejo y contagio de la ya existente en Europa.
La islamofobia, que no es otra cosa que el miedo irracional, en este caso al Islam, se alimenta del temor a lo desconocido, o lo que es peor, a la asociación de determinadas prácticas y tradiciones que nada tienen que ver con el Islam y que ponen en tela de juicio el respeto a los derechos fundamentales de las mujeres musulmanas.
Uno de los argumentos principales que se están esgrimiendo en este debate nacional, no es el referido en sí al uso de ?símbolos religiosos? dentro de la escuela sino, el supuesto significado del hiyab. Así, el postulado de la mayor parte de la sociedad (no musulmana), es la de considerar esta prenda como un símbolo de subordinación y discriminación de la mujer, y por ende, debe ser suprimido.
La cosmología islámica es clara en defender que cualquier acto de fe (como lo es el uso del hiyab) incumbe exclusivamente al individuo, sin que absolutamente nadie pueda entrar a preguntar, recriminar y/o cuestionar su ejercicio. De igual forma, la Constitución española, en el segundo punto del artículo 16, deja claro que ?Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias?.
Desde este punto de vista, que el pañuelo de las mujeres sea copado en la esfera pública y se genere un debate colectivo, no hace sino vulnerar un derecho fundamental como lo es el de la intimidad, en el que una vez más, las mujeres somos objeto pasivo de estudio y no sujetos activos de participación.
Las mujeres musulmanas ¿tendremos algo que decir al respecto?, ¿tenemos capacidad para utilizar nuestro legítimo derecho a la libertad de expresión? Evidentemente sí, puesto que quienes luchamos en el día a día por generar sociedades participativas y basadas en el respeto democrático, creemos firmemente que nuestras opiniones, como la de los demás, deben estar consideradas como el resto de la ciudadanía. Simplemente, porque las mujeres musulmanas, también formamos parte de esta sociedad.
Imaginemos por un momento, de manera hipotética, que esto fuera cierto, que verdaderamente el pañuelo fuera un símbolo de opresión hacia la mujer. ¿No sería lógico que fuese el propio colectivo de mujeres musulmanas que reivindicase su supresión? ¿O es que acaso, se cree que las mujeres musulmanas somos seres inútiles, ?cuerpos sin cabeza?y sin capacidad racional?
Una vez más, emergen determinados postulados paternalistas que quieren venir a poner voz a quienes ya la tienen, abanderando una cuestión que no les afecta en primera instancia. Parece que vuelve a abrirse el baúl de los recuerdos, rescatando las mismas argumentaciones coloniales de antaño que defendían los valores ?europeos? como los válidos y universales. Quienes intentan defender la causa de las mujeres musulmanas, acallando sus voces, no hacen sino repetir un esquema hegemónico de imposición que nada tiene que ver con el sistema democrático y con el respeto a la diferencia que desde nuestras leyes se están proclamando.
Somos nosotras, las mujeres musulmanas, quienes tenemos que crear nuestras propias agendas y priorizar cuestiones que verdaderamente son importantes. Precisamos empoderar al género femenino musulmán, ocupar el espacio público, alcanzar puestos de decisión y por encima de todo, universalizar la educación, porque es nuestro derecho como mujeres y nuestro deber como musulmanas.
¡Eso es lo verdaderamente importante! Que se haga con pañuelo o sin él, es lo de menos, urge preservar nuestro legítimo derecho a defender nuestras convicciones y poner en práctica, con total libertad, nuestras creencias, también en el espacio público. Porque lo público no puede separarse de lo privado.
M. Laure Rodríguez Quiroga
Presidenta de la Unión de Mujeres Musulmanas de España y Directora de la Consultora Social e Intercultural Torre de Babel
¿La tolerancia es cosa de tod@s no, incluyendo l@s religios@s?
¿Y por qué la niña se quedada traumatizada por el hecho de no puede llevar el velo al colegio?
¿Es una reacción bastante preocupante en una joven, no?
La niña no está traumatizada, la niña, simplemente exige su derecho a llevar velo. A ver si para ser tolerantes hay que renunciar a Derechos fundamentales de la persona, como es decidir sobre su vestuario y la religión que practica.
“La joven estudiante, de 16 años, lleva toda la semana sin asistir a clase. El lunes, según su padre, sufrió un ataque de ansiedad derivado de este asunto que se ha agravado con el paso de los días y que la ha mantenido recluida en casa, mientras sus amigas volvían a las aulas del Camilo José Cela con el velo puesto a ratos en señal de protesta.”
Madrid – 24/04/2010 http://www.elpais.com/articulo/madrid/Najwa/podra/volver/instituto/elpepiespmad/20100424elpmad_5/Tes
Puede que la niña esté traumatizada. No sería extraño. El motivo de esa traumatización podría ser el no entender porqué le quieren prohibir llevar velo. Quizás no entienda la injusticia que con ella se está cometiendo. A lo mejor no entienda que una sociedad que hace bandera de la libertad le impida llevar en la cabeza lo que ella libremente decida. Realmente es traumático para una joven inocente que todavía no entiende nada de la hipocresía de esta sociedad, que no sabe que todos esos valores de los que presume la sociedad occidental solo sirven si tienes el dinero suficiente para comprarlos. Entiendo su ansiedad y entiendo que se sienta marginada y maltratada por un Estado que aún mantiene los valores sobre los que fué creado: imposición cultural, religiosa, política y linguistica.
“Puede que la niña esté traumatizada. No sería extraño.”
Quizás no para usted, pero para mi, el hecho de que una niña de 16 anos esta traumatizada, por que no puede llevar el velo al colegio, me parece bastante preocupante, especialmente al nivel de salud mental y presiones en torno al ambiente familiar.