La contaminación ideológica, el principio de autoridad académica entendido del peor modo, la rutina, la falta de ganas y de imaginación para romper con prejuicios establecidos desde muy atrás, se han aliado para mantener la interpretación de Al-Andalus, una de las etapas más brillantes de nuestro pasado, en la situación sabida, alienada de la civilización occidental, como un paréntesis exótico, pero ajeno, incluso como el origen de mucho de lo que hemos venido considerando un lastre histórico que nos impedía estar a la altura de nuestros vecinos: complejo que arrastramos como nación desde la toma de conciencia de una presunta decadencia. Ideología y más ideología aplastando a la historia.
Pese a las protestas de incredulidad que producía el relato tradicional ha sobrevivido sin mayores trabas porque satisfacía una demanda ideológica sobre el origen de las naciones hispánicas, desde que se creara el mito de la pérdida de España y su reconquista. Volver la historia a su justo término ha sido la tarea de unos investigadores impertinentes que han puesto ante nuestros ojos con el descaro del que busca la verdad desprejuiciadamente incongruencias y absurdos frente a explicaciones llanas y coherentes:
Ignacio OLAGÜE: La Revolución islámica en Occidente. (Ed. Plurabelle. 2004). He aquí la obra que produjo la polémica en los términos en que está planteada en la actualidad. La primera redacción del libro data de los años sesenta en que se publicó una síntesis en francés (Les árabes n’ont pas envahi l’Espagne). En 1974 la fundación Juan March propició la publicación en español. La de 2004 es resultado de una subvención de la Junta de Andalucía, pero ya está agotada (es posible encontrar el texto en Internet). Comienza Olagüe la exposición de su tesis con una presentación de la mezquita de Córdoba, analizándola de modo novedoso y singular, pero muy sugerente y verosímil pese a lo atrevido. Su teoría plantea dos cuestiones básicas: 1) Es imposible que se produjera una invasión árabe islámica en España en el 711; 2) Al-Andalus es el resultado de la evolución natural de la situación religiosa y cultural de Hispania en la antigüedad tardía y comienzos del Medievo, coherente con la del N. de África y Oriente Medio, de donde recibirá una progresiva arabización, convergiendo al tiempo con el Islam. Para analizar ambas ideas despliega un exhaustivo análisis y crítica sagaz de las fuentes y recurre a bibliografía que los historiadores españoles han solido obviar, como las investigaciones de G. Marçais sobre la historia del Magreb o las observaciones del general Bremond sobre la imposibilidad del tránsito de una caballería por los desiertos norteafricanos para alcanzar occidente. El resultado es un libro apasionante que al profano puede parecerle que se demora en exceso en el análisis de las querellas teológicas, tarea clave para entender el proceso de asimilación del Islam.
Emilio GONZÁLEZ FERRÍN, profesor de la Universidad de Sevilla (Dir. Dpto. de Filologías Integradas) publicó en Ed. Almuzara (2006) una Historia General de Al Ándalus, en la que a lo largo de 600 páginas confirma y desarrolla la tesis de Olagüe, enriqueciéndola con nuevas aportaciones. Bajo esta perspectiva, revolucionaria en la historiografía española, analiza el completo discurrir de la historia de Al-Andalus, desde su prólogo visigodo al epílogo morisco. Se esfuerza en hacer ver que la eclosión cultural andalusí es un primer renacimiento europeo de impresionante riqueza, sólo que en árabe. Incluso establece un bello paralelismo entre la situación política en el Renacimiento italiano y las repúblicas urbanas (taifas) en que se descompuso el centralismo cordobés en el S.XI.
Por esta peculiaridad idiomática y la distancia, que a la postre quedó entre la fe occidental y el islam, los propios historiadores españoles, con una miope visión de la realidad histórica, lo han ninguneado, como si de un cuerpo extraño, en el ser cristiano occidental de la nación, se tratara.
«Al Ándalus es un componente […] de la Europa que conocemos como matriz de Occidente y que en Al Ándalus saltó del Medievo para vivir un primer Renacimiento.»
Para ser ecuánimes habría que decir que el autor utiliza a veces un estilo enrevesado que no favorece su lectura o requiere una cierta habituación.
Una especie de síntesis en 22 páginas se puede encontrar en Al-Ándalus: del mito asumido al Renacimiento, del mismo autor.
Un equipo de biólogos investigadores de la Pompeu Fabra de Barcelona (E. Bosch, F. Calafell, S. Plaza, A. Pérez-Lezaun, D. Comas, J. Bertranpetit) publicaron en Investigación y Ciencia (nº 317, feb. 03) un trabajo titulado Genética e historia de las poblaciones del norte de África y la península Ibérica. Analizaron en él el perfil genético de poblaciones norteafricanas algunos de los cuales se consideran a sí mismos bereberes y hablan lenguas bereberes, mientras que otros se identifican como árabes y hablan árabe, situación compatible con la idea tradicional de una invasión árabe –la dinastía alauita que reina en Marruecos se declara descendiente de Mahoma a través de un ancestro que como Abderraman I en Al-Ándalus, llego del oriente Omeya–. El resultado fue que no existe diferencia genética entre ambos grupos y no hay rastros importantes que dejaran ancestros procedentes de Oriente Medio, por lo que, a falta de confirmación, habría que descartar la invasión y reducir a la condición de mito la existencia de dos poblaciones de diferente origen. Ni que decir tiene que esta aportación de la ciencia genética es inestimable y nos sitúa a la espera de más estudios serios sobre el particular.
http://aerrece.blogspot.com/2010/05/el-extrano-caso-de-los-arabes-invasores.html


















Resulta curioso el esfuerzo “genetista” (racista, en realidad) de los adocenadores expertos de la Pompeu Fabra, aficionados a dogmatizar sobre “repoblaciones” y exterminios de la población indígena islamizada, con alguno de los cuales me he llegado a enzarzar en una discusión tras sus peroratas, insufribles pildorazos doctrinarios, al tiempo que se endiosaban como suprema voz autorizada del sanedrín académico.
Los mismos que, con la cara de cemento armado, van de científicos del “divide y vencerás” catalán-catolici$ta por el Norte de África; sin embargo en Al-Andalus nos pintan a todos poco menos que descendientes de celtas.
¿Os imagináis la patochada ensoberbecida de los fulanos? Un Mare Nostrum que lleva milenios de relaciones entre sus orillas, unas rutas comerciales de milenios hacia el Níger, China, la India, pasando por Asia Central, Persia o Arabia y los caballeretes a lo masón de vía estrecha, intentando convencernos de una supuesta “raza pura” en plan kukluxklan con barretina JaJaJaJa…!!! Vamos, que el templo mayor de Alejandría se llama Masyid ash-Sheijj al-Mursíí, la Mezquita del Maestro Murciano (Ibn al-Arabi, claro), seguro que por alguna abducción extraterrestre que incluyó transfusión sanguínea JaJaJaJa…!!!
Todo esa enfermiza obsesión por aniquilar toda relación natural y evidente entre Al-Andalus y Las Andalucías -incluyendo las del exilio-, no tiene otro motivo que el complejo secular que arrastran: no deben creer en el fondo que “el catalán” exista. Se sienten aragoneses trufados de judío y flamenco achulao JaJaJaJa…!!!
Pilarica, que los arrollo, olé la grasia con seny…!!!
Esto echo del dna es relevante pero la gente tambien lo sabe que minimo de poblacion de 98%es berber con otros dialectos ,solo los governantes an echo distincion de este echo si bienes de una familia de arabe parlantes eres arabe y esto no es cierto, ahora en el caso de andalusia nuestro parentesco genetico con los berbers esta tambien probado y se que a mucha gente en andalusia no le gusta saber esto,reniegan de este echo y de nuestro pasado musulman.
Lo del ADN es sencillamente una patochada. Lo mismo que lo de la “España musulmana”. ¿En qué quedamos señores hijos de mil putas y contradictorios fascistas rojigualdas, es un “anacronismo” hablar de Al-Ándalus para referirnos a Andalucía pero no lo es para aplicarlo a la “España musulmana”?
¡Váyanse a joder a sus reputísimas madres, señores europedos! Con esa mentalidad europea, asquerosamente tóxica.
No hago más que ver documentales donde se afirma sin ningún rubor que Al-Ándalus (término moderno para distinguir entre la Andalucía de hoy y la de ayer) es la “España musulmana”…
Yo escucho a los catalanes hablar de sus reinos, blablablá, que si Aragón, que si Castilla, que si Galicia y la puta musiquita Nueva Era con gaitas, etc. Pero ojo, que Andalucía no tiene historia propia… que ya la llaman “España musulmana”, y a lo que nosotros cantamos lo llaman “música española”, “flamenco español”, o “universal”, lo que viene a decir: “antes reconocer que el flamenco es chino que andaluz”.
Es sencillamente ACOJONANTE. Es verdaderamente aberrante ver como extranjero hablan en Youtube sobre Al-Andalus apropiándosela a los árabes, a los “españoles”, a los bereberes, a los … vamos, Al-Ándalus antes china que andaluza.
No hay nada que hacer, vivimos en una Andalucía que no se quiere reconocer como pueblo y es lo que hay. Una Andalucía indolente que le importa un cojón que se apropien de lo suyo.
Y eso es lo que hay. Hay que joderse mucho, pero esto es Andalucía.
Cuanta razon que tienes y esos racistas reinos catalanes que son los que formaron el escudo de espana son los que tienen la boca mas grande y sabes porque nuestra dignidad esta vendida por los politicos que goviernan andalusia todo lo que es nuestro se vende como espanol y la gente con el miedo no tenemos ya suficiente con 400anos de esclavitud ellos solo piensan que el moro esta en la costa ellos quieren hacer un muro de contencion de andalusia que tenemos que ver nosotros con sus miedos eclisiasticos con su basura , nuestra solucion es ser independientes como pais tenemos la geografia nuestra gente y nuestro orgullo como pueblo que nadie va a destruir como dijo Blas Infante ese complejo tenemos que quitarlo no somos europeos ni espanoles somos andalusis y solo una bandera verde y blanca.