Óscar Celador Angón
El reciente aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001 será recordado por dos acontecimientos de cierta peculiaridad. Por una parte, el debate sobre la posibilidad de construir la Casa Córdoba –un centro islámico con una mezquita– en las proximidades de la denominada zona cero. Y por otra, el protagonismo mediático que ha conseguido el pastor de una pequeña iglesia evangélica de Florida, gracias al anuncio de que planeaba quemar públicamente ejemplares del Corán si no se detenía la construcción del proyecto mencionado. Estos hechos están alimentado una auténtica ola de islamofobia, cuyos resultados todavía no son predecibles, pero que no por ello dejan de ser preocupantes.
En nuestro país la situación de los musulmanes también es muy delicada, tal y como se desprende de un reciente estudio que indica que el 53% de los españoles tiene una opinión desfavorable sobre este colectivo, y del hecho de que uno de sus principales problemas sea la dificultad para construir lugares de reunión para sus fines culturales y religiosos, pese a que, al igual que ocurre con la Casa Córdoba, su financiación sea privada.
La Ley Orgánica de Libertad Religiosa protege el derecho de las confesiones religiosas a establecer lugares de culto o de reunión con fines religiosos, pero en algunos supuestos este derecho es obstaculizado por el elevado nivel de discrecionalidad que los ayuntamientos tienen en este terreno. En unos casos, los alcaldes han cedido con excesiva facilidad ante las movilizaciones de los vecinos contrarias a la construcción de mezquitas, debido al temor de perder un puñado de votos en las elecciones locales; y en otros casos, como acaba de ocurrir en Lleida, se ha ordenado el cierre cautelar de una mezquita por exceso de ocupación, y este se produce, como es evidente, porque la comunidad musulmana carece de los espacios necesarios para la práctica de su culto religioso.
La posición de estos ayuntamientos obstaculiza el ejercicio de un derecho fundamental y obliga a los musulmanes a reunirse en lugares inapropiados y clandestinos, lo que promueve su marginación y siembra la sospecha sobre el objeto de sus reuniones. Se trata de una situación conocida por el Gobierno, y que se habría solucionado si este hubiera impulsado la tantas veces prometida reforma de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa, que ignora en exceso las necesidades de las minorías.
El autor es Profesor de Derecho Eclesiástico del Estado y de Libertades Públicas
Fuente: http://blogs.publico.es/delconsejoeditorial/833/islamofobia/


















Obviamente estoy en contra de la islamofobia pero viendo la foto de la mujer que sostiene la pancarta me he puesto a pensar si alguien en todos estos años en los que los musulmanes han vivido en España…si alguien le dió dawah
¿Estarían las cosas cómo están si los musulmanes hubieran traído el islam consigo cuando recién llegaron de sus países?
Horrible que lo diga, pero muchos fueron a España buscando la dunya y no la victoria para Allah.
“Se os pide contribuir por la causa de Allah, pero entre vosotros hay quienes se muestran avaros. Sabed que la avaricia es en perjuicio propio y que Allah prescinde de toda Su creación; y por cierto que sois vosotros quienes necesitáis de Él. Si no creéis, Allah os sustituirá por otros que no obrarán como vosotros [sino que creerán y obedecerán a Allah].” (47:38)
Librero tu as leido algo del Islam pero te has perdido en el bosque, un Mouslim nunca va a ser sustituido por otro como tu dices y menos por otros que estan en rangos mas bajos aunque seas una (buena persona) tu seras juzgado en quien en que has creido no por decir yo no he hecho ningun mal tienes seguridad de algo.Le digo tambien un poco de razon a ben barka aqui hay algunos personajes que intenta hacer un Islam a la espanola como si fuera una tortilla de patatas eso no es el Islam y aparte de eso le dan todavia peor imagen que la que tiene el Islam es el Islam no de ningun pais y su forma de interpretarlo.
Invitar a los no musulmanes al islam es una obligación: un fard, y quien no lo hace será juzgado por ello.
Por otro lado la animosidad de los no musulmanes hacia el islam bien podría ser contrarrestada con dawah.
El musulmán debe aceptar sus responsabilidades y la consecuencia de sus actos.
Si en cambio, dejamos que sean los medios de comunicación los que le digan a la sociedad lo que es el islam, no podemos esperar otras reacciones.
Así que no vale quejarse por la islamofobia que Allah no es injusto, que Allah no castiga más que a quien se lo merece.
Es ingenuo echarle la culpa al “otro” antes de tomar las riendas de nuestras obligaciones, pues así las cosas sólo irán a peor.
¿No acaso las cosas se comenzaron a venir abajo cuando los musulmanes derrotados por Charles Marttel en Francia se volvieron a España a disfrutar y le dieron la espalda a la yihad? Los historiadores musulmanes saben que ese fue el principio del fin.
“En verdad que Allah no cambiará la condición de las personas, hasta que ellas cambien lo que llevan dentro de sí mismas” 13:11
Assalam aleikum wa rahmatullah wa barakatu