Abdelkarim García Cazorla/Identidad Andaluza
Incidente relatado por el Marine Sam Green, identificación 111.201, destinado en Bagdad en las unidades de los controles rutinarios, Cheikpoint:
“ Día 19/11/2004. 9.50 horas a.m. un hombre se acerca deprisa hasta la distancia de seguridad, hacemos la primera advertencia con una bengala pero prosigue. Viste con ropas árabes podría ser un suicida y llevar explosivos ocultos, recibe una ráfaga de intimidación pero aún corre hacia nosotros, en el siguiente disparo cae derribado .La npolicía irakí nos dijo que era un demente sin familia y nuestros artificieros no encontraron nada”.
Yo conocí a Sam, nacimos en el mismo pueblo, pasamos algunos días juntos en la escuela , aunque él casi nunca iba. Su familia no eran agricultores como mis padres, buscaban trabajo como braceros por todas las grandes plantaciones. Se les consideraba unos pobres infelices por no tener hacienda y unos vagabundos errantes.
El hermano gemelo de Sam nació con problemas y se quedó bobo, un alma de Díos decía su madre, la señora Olivia Green. Ella con mucha paciencia logró enseñarle a saludar a los amigos de su hijo, sin atropellarse con las palabras y de forma educada, para que Sam no sintiera vergüenza de su hermano.
Mi amigo se alistó en el ejército para huir de una vida previsible y ramplona, para viajar por el mundo. El pobre que no tiene dinero sólo viaja de marinero, decía Olivia cuando le escuchaba contar sus sueños . Me gustaba ir a la casa de los Green o a la cueva de las 25 latas, como la llamaban toda la gente del pueblo. Ellos hablaban con sinceridad de cualquier cosa incluso de sus sentimientos y eso resultaba extraño para mi, educado para ser discreto ante todo.
Ocultaba a mis padres mis visitas a aquella choza de planchas de metal, que habitaban personas menos toscas que los propietarios de aquel Valle del Trigo, obsesionados por la espiga y el grano, la prosperidad y el buen nombre. Y a decir verdad sentí allí la ternura de un mujer sabia como era la señora Olivia, un padre callado, tranquilo y complaciente. Recorrí los riachuelos libre, volando como la imaginación desbordada de Sam, junto a la presencia cándida de su hermano que a veces nos acompañaba en nuestras aventuras.
Hace unos tres años el soldado regreso al Valle del Trigo, ya no viven sus padres y el hermano esta internado en un hospital psiquiátrico federal. Sam se ha instalado en la casa de las 25 latas. Ahora lleva el pelo y parece más reservado y huraño, sólo intercambio un saludo rápido con él en la superficie comercial, junto a la gasolinera, pero hace dos semanas leí las filtraciones WikiLeaks. Por eso he vuelto a aquella casa, por la jodida curiosidad, aparco el coche y veo, tras la ventana, que él está dentro, cocinando algo, abro la puerta y pregunto por si puedo pasar.
-Ya lo has hecho Tom- Responde Sam, mientras pone un plato en la mesa y cubierto para los dos.
Quiero saber que paso aquella mañana de Noviembre hace ahora casi cinco años
-Esperaba que alguien viniera a preguntármelo, pero no pensé en ti, pero ya que lo haces te diré que si, fui yo quien acerté. Tuve siempre buena puntería y tu lo sabes.
Nuestro presidente dijo, vestido de aviador, sobre la cubierta de un portaviones y con la sonrisa de los vencedores: “misión cumplida”. Se equivocó, sólo hace unas semanas cuando las goteras del sistema permitieron la filtración, es cuando la misión está cumplida . Quizás nadie más venga por aquí, pero basta con tu pregunta, consideró que cometí un crimen.
- Volvía a frecuentar la vieja choza y a pasar buenos ratos de pesca con Sam en las pozas más profunda del rió. Noto su ausencia muchas veces, como si aún siguiera en las calles de Bagdad, pero tendrá que olvidar si quiere vivir.
















