DOCTOR GAELIUS

Abdelkarim García Cazorla/Identidad Andaluza

Gaelius Tarzan Sugar, su segundo nombre y el apellido lo escogió su madre, incondicional de las viejas películas de tarzán, aquellas que Jhonny Weismüller, nadaba más rápido que los cocodrilos y lo de sugar, era por el azúcar que las mujeres regalaban después de un parto. Aunque esto sólo podía ocurrírsele a ella, curandera y hechicera de la aldea, heredera de la visión y el trance, a la que ningún hombre quiso para su casa, ni la vio parir.

Un día Gaelius dijo que quería buscar la vida en Europa, ella preparó un amuleto y le dio sus bendiciones. Fue la noche antes de emprender camino para llegar hasta las costas de Mauritania, cuando la madre se acercó hasta la cama, sabía que su hijo no podría dormir, susurro al oído estas palabras: “Mira al que sufre y piensa, piensa dentro de él, como si tú ya no estuvieras”, no dejo de repetirlo hasta que el hijo quedó dormido.

Había oído dar estas explicaciones unas cuantas veces, tenía la convicción, aún hoy la conservo, que Gaelius mentía aunque sabía hacerlo tan bien que nadie se lo reprochaba.

Desde hace más de diez años, es el psiquiatra de moda en Madrid, sus colegas lo

acusaron de brujo y esto hizo crecer la curiosidad de unos pacientes que buscaban

magia; algo más potente que los viejos remedios de venta en farmacia o la salmodia

cansina y a media luz de los psicoanalistas.

Fuimos compañeros en las aulas de medicina y en la residencia del campus, yo regresé a San Sebastián a la clínica de mi familia y él se encumbró a la fama con curaciones milagrosas de millonarias depresivas y excéntricas crónicas, que habían perdido toda esperanza, artistas y deportistas adictos incorregibles al sexo compulsivo, taciturnos banqueros jubilados con retiros millonarios a los que ni la filantropía apaciguaba su mala conciencia… Decir que tu psiquíatra era el Doctor Gaelius, era una distinción en la alta sociedad, casi un toque de elegancia equivalente a donar unos cuantos millones a una ONG y una nota étnica o primitiva que añadir al currículum.

Días antes de mi partida , encontré en el cuarto de baño el amuleto de Gaelius, debió de olvidarlo pues nunca lo apartaba de su pecho. Un pellejo curtido y duro cosido con hilo encerado, envolvía algo. Quise averiguar que había dentro y un montoncito de arena cayó sobre mis pies mojados y el plato de ducha, no sabia que hacer, pero me vestí y corrí hasta el jardín para coger algo de tierra y asegurarme que él no pudiera notar la diferencia, al fin de cuentas sólo se trataba de una superstición o al menos eso creía en aquel momento. Nunca tuve el valor de contarle lo sucedido.

Esta tarde, la vieja hechicera vino a visitarme, ella sabía que estudie en la misma Universidad que su hijo, pero no recuerdo hablar de ello con nadie y llevo en Benin más de tres años. Felicia Tarzán quería saber si llegué a conocer a Gaelius, he dicho que si y además somos amigos, la sentí radiante, pero cambio el gesto y le vino la pena, en África no se esconden los sentimientos, el pudor se reserva para otras cosas.

-¿Cómo que tú estas aquí y él no?

-No puedo responderle a esta pregunta, pero venga cuando quiera, ahora debo atender un parto.

Antes de tomar mis vacaciones, Felicia Tarzán, vino buscarme, llevaba envuelto en un pañuelo dos amuletos, uno para Gaelius y otro para mi, ella lo colgó en mi cuello.

En el avión descosí como pude la piel de cabra y encontré un puñado de tierra negra con

algunas briznas de hierba, parecida al relleno que puse en el amuleto de Gaelius cuando

se derramó . Enseguida imagine lo que habría en el otro amuleto.

Llegué a Madrid y esa mañana llame a Gaelius, quedamos para almorzar y a los postres puse en su cuello el amuleto de mama Felicia y le susurre al oído. “ Mira al que sufre y piensa, piensa como si tu ya no estuvieras”. Tal y como la Sra. Tarzán me había pedido,. noté su emoción, como una sacudida que le hizo temblar de los pies a la cabeza.

Mi amigo se levantó y dijo que tenía que irse, yo le pregunté que a donde iba.

- Tu ya lo sabes no tienes que preguntarlo.

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