Abdelkarim García Cazorla/Identidad Andaluza
Octavio Nogales, fue catedrático en la Complutense de Relaciones Internacionales, profesor en la escuela diplomática, ensayista de prestigio, tertuliano radiofónico y ocasional visitante de los platós televisivos. Su prestigio académico y la autoridad docente vinieron a quebrarse un mal día, cuando alguien empezó a notar unas notas estrafalarias cada vez más presentes en el análisis brillante y riguroso al que tenía acostumbrado a sus alumnos y oyentes.
El propio Decano le recomendó con insistencia la visita a un especialista, que diagnóstico una esquizofrenia asintomática y el fin de su tiempo como un intelectual de altura y prestigio reconocido. Jubilado y olvidado recaló en Almería con sus tres gatos y Amadou, un senegalés gigante que lo seguía a todos lados y cuidaba como a un hijo.
Hace ahora tres años, que compró un mapa de España lo clavó con chinchetas en la pared, después tiro un dardo que hizo diana en Almería. Aquí me vine a morir, decía siempre Octavio Nogales.
Octavio cree que la causa de las revoluciones en Túnez, Egipto y Libia, tienen que ver con las nubes de cenizas del volcán de Islandia, que el año pasado ennegrecía el cielo de medio mundo. Islandia al sur del círculo polar ártico, tierra de basalto y lava, de volcanes indómitos y géiseres que escupen agua ardiendo como el que pega un salivazo en señal de ofensa.
-Esta gente de Islandia ha hecho una revolución, se niegan a pagar la deuda externa, los directores de algunos grandes bancos son reclamados por la Interpol y funcionan como una democracia directa; los ciudadanos eligen a ciudadanos sin intermediarios ni partidos políticos. Todo sin un solo tiro, sin sangre pese vivir en una tierra extrema y salvaje, pero las nubes de lava volcánica dispersaron por el cielo este espíritu del pueblo islandés y otros se han contagiado a su manera de esta revolución silenciosa y silenciada.
El corazón de los hombres marca el pulso del planeta, su tensión y el nervio de la tierra se relacionan, como si fueran vasos comunicantes. Si el hombre apacigua su pecho y serena el ánimo, la tierra descansa y deja de rugir estremecida.
-Eso es como decir que nosotros establecemos el ritmo de la historia, que nuestro corazón ralentiza o da velocidad a los acontecimientos. Dije poco convencido.
- Me has entendido a la perfección. Octavio hizo un gesto rápido y Amadou, puso el mapa en la pared y un dardo en mi mano.
- Si comprendes esto ya puedes elegir el lugar donde debes de morir. Apunte cerrando un poco los ojos, quizás demasiado y también hice diana en Almería. ¿Qué tendrá esta tierra?

















