FLAMENCO COMO APELACIÓN

flamenco-sin-apelativosJuan José Santos Rivas

Se ha escrito mucho sobre el origen de esta palabra. Dícese que “flamenco” procede de aquellas tonadillas que canturreaban los soldados españoles al regreso de las provincias de los Países Bajos, comúnmente llamados Flandes. Flamenco es el habitante de Flandes. El populacho asimiló aquella acepción y la aplicó a un nuevo estilo de música que nacía al sur de la Península porque al parecer encontraban algún que otro parecido. Otra teoría versa sobre la esbeltez de cierta ave y el tradicional traje andaluz. Pero para ser exacto, a mi juicio, la palabra “flamenco” que se emplea para designar a los gitanos andaluces tiene un entroncamiento más hispánico, más arabizante. Luís Antonio de la Vega dice que la palabra flamenco procede de felahikum o de falahmen-ikum que es el canto de los campesinos. Otras raíces árabes apuntan hacia felamengu -hombre errante- y flahencon, cancionero. Ello no prueba el supuesto origen musulmán de los gitanos, si no que se encamina hacia otra meta: si éstos nunca llegaron a la Península por el Sur de la misma, es indudable que al hacerlo por el Norte, en el 1.417 pudieron entrar en contacto con el reino Nazarí de Granada hasta la definitiva caída de éste, que se produjo en 1.492 y más tarde con la salida de los moriscos por orden de Felipe II. No es probable que se pueda establecer alguna relación, como apunta Clebert, entre los ”tingitanos” habitantes de Tánger, la antigua Tingis Tingitana y los gitanos. Sería como decir que los habitantes de Berja, pueblo de la provincia de Almería, cuyos habitantes son conocidos como “virgitanos” tiene alguna relación histórica y directa con los zíngaros. Y añado que también se podría establecer una relación entre la actual lndanha-a-velha, pueblecito portugués, conocido antiguamente por Egiptanía, por aquello de “egiptano”, “egipciano”, “gitano”.

Setenta y cinco años transcurrieron desde que los calós entraran por primera vez en España por Cataluña y Aragón, hasta la caída de uno de los más esplendorosos reinos árabes del Mediterráneo Occidental, el Reino Nazarí de Granada, que comprendía a grosso modo las actuales provincias de Granada, Almería y Málaga. Y aunque no existen documentos sobre ello, se podría pensar, en hipótesis, que los gitanos pudieron haber conocido ese reino musulmán y recíprocamente, los musulmanes debieron conocer a estas extrañas gentes, que llegadas desde el norte de la Península, eran absolutamente distintos de los cristianos y que además se hacían llamar condes del pequeño Egipto. ¿ No pudieron los sabios de la corte nazarí haber tenido conocimiento oral de la existencia de gentes semejantes en Persia, Siria, Irak y Egipto, llamados felamengus -hombres errantes-? Es indudable que al menos los moriscos del siglo XV, tenían frecuentes contactos con los calós, tal y como lo atestigua el documento más antiguo sobre la presencia en Granada, (una carta de Carlos V, el Emperador) de gitanos. Por otro lado, la palabra “flamenco” nació en Andalucía Occidental pero también en la Alpujarra, donde se han mantenido algunas costumbres moriscas muy antiguas. Tras trescientos años de aislamiento general en la Sierra de Granada, en las Alpujarras la palabra felamengu, transformada ya en ”flamenco”, se extiende por toda Andalucía y aparece en Granada y en Sevilla acompañando a un nuevo estilo de baile y música que irradiaron desde Sacromonte y Triana.

Pocos son los que piensan que una palabra es fácil que permanezca durante trescientos años en una comarca. Ello es posible en un terreno como las Alpujarras de Granada y Almería, que además se conecta indirectamente con la misma Serranía de Ronda y ésta con la de Grazalema de Cádiz. Es necesario conocer a fondo lo que son las Alpujarras para comprender que este conjunto de pueblos y aldeas posee y poseyó una personalidad distinta al resto. Estas comarcas son propias para las formaciones de dialectos o al menos de palabras antiguas que permanecen inalteradas. Hay que tener en cuenta que en estos terrenos, pese a haber sido colonizados por familias de Galicia, Aragón, o Castilla, habían sido durante años la protección de la población musulmana, que huía de los cristianos, nuevos dueños de Granada, y se refugiaba en las montañas. Muchos de ellos fueron obligados a convertirse al cristianismo, adoptando nombre y apellidos cristianos, sin embargo conservaban muchas de sus costumbres, y por qué no, palabras. Si alcayata es de origen árabe y designa clavo, ¿por qué no pudo transformarse felamengu en flamenco? El español está plagado de cientos y cientos de léxicos de origen árabe, y no existe ninguna vinculación entre los flamencos de Flandes y los flamencos o gitanos de Andalucía. Sí existe vinculación entre los cantos del Norte de África llamados falah-men-ikum, felahikum, felamenguy el flamenco. Por último, los calós que entraron por la frontera hispano-francesa, nunca habían estado en Flandes, ya que estas tribus o familias llegaron, al parecer procedentes de Grecia.

Extraído de “Historia del Pueblo Gitano” pág 189-190.

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4 comentarios

Archivado bajo Andalucia: La otra historia.

4 Respuestas a FLAMENCO COMO APELACIÓN

  1. El Joraique

    Interesante en cuanto a la relación entre moriscos y gitanos y el significado de la palabra flamenco, aunque hay un pero, la repetición del mito de la repoblación de gallegos y castellanos en la Alpujarra. Cualquiera que viaje por esta tierra entre las provincias de Granada y Almería, comprobará que las costumbres, lexico, acentos y otras aportaciones culturales nada tienen que ver con Galicia ni con Castilla. Entonces, ¿como es posible que estos repoblaran las Alpujarras y no dejaran ninguna huella cultural? La respuesta es bien facil: la repoblación no es mas que un Mito.

  2. ENRIQUE

    Hola:
    Desde que leí que Blas Infante en uno de sus viajes por el norte de Marruecos identificó la palabra felag-mengo (Flamenco) con campesino uido (morisco) creo que como hipotesis cualquier cosa valdría, pero como circunstancia enlazable historicamente CON LA VERDAD (aunque no este escrito) es evidente que es el camino más recto para dejar de hablar en hipotesis el que D. Blas nos ofrece y lo único que queda es cojer la verdad para depurarla.

    Ya en otras ocasiones he dado mi opinión sobre este tema y creo que hay una cosa que es evidente y aclara el tema (en mi opinión, solo para confirmarlo).
    Los gitanos no son una población que herrante como pueblo solo se da en España.
    Gitanos los hay por muchos paises y si su tradición fuera el cante flamenco hoy nos encontrariamos con variantes del cante flamenco en otros paises del mundo.
    Y es evidente que esto no es asi.

    Ni Flamencos-pajaros. Ni flamencos de Flandes presentan una tradición por más vueltas que le demos, que vincule con una historia como la que se vivió en España aúnque no se escribió, por tanto aún al día de hoy los andaluces tenemos que buscar nuestras raices en ” despistes” como los Pajaros, Holandeses, y Gitanos (con todos mis respetos, porque si hay que agradecerles el que fueran transmisores de hombre y cantes) venidos de no estamos muy seguros que sitio.
    ¿Es que no es sencillamente visible,
    el desgarro,
    el dolor,
    la margura,
    el sentimiento, la pena, etc. etc. que se refleja en el cante flamenco como para no estar viendo por nuestros propios ojos lo que representa de nuestra história el cante flamenco?

    Esa historía no escrita y que se sale precisamente por las coplas, letras y cantes.

    Aqui si hay multitud de variantes sobre el cante, pero aquí en Andalucia, no en Holanda, ni en Egipto, ni en los zoologicos de aves, ni en ningún otro lugar del mundo.
    Ya me gustaría que nuestra historia estuviese superada y pudiesemos decir sin tapujos, “EL FLAMENCO ES LA HISTORIA CONTADA CON EL DESGARRO DE LAS VIVENCIAS DE UN PUEBLO.
    EL ANDALUZ”

    • Carmen Maciñeira Quilis

      Gracias por tu comentario Enrique. Es riquisimo para aclarar el concepto de la historia no escrita de España. Sigue con tus comentario por favor.
      Carmen Maciñeira Quilis.
      lady_carrmen@hotmail.com
      Buenos Aires, Argentina

  3. La palabra flamenco, procede del árabe فللح المنقوس, (transcrito fallah al manquus) y que significa “campesino menguado, menospreciado). Sin duda alguna, el cante del flamenco es el cante del morisco, no solo el campesino, sino también el carpintero (an nayar) en el banco, el herrero (al haddad) en la fragua, el marinero (al bahri) en el barco, el sastre (al fayat) en el taller, el alfarero (al fajar) en el torno, y así casi cada uno de los oficios artesanales que predominaron en al andalus caído.
    Si cierto es que el pueblo gitano procede del subcontinente Indio, es allí donde aún pervive un cante sufí, de nombre Qawwali, que es eminentemente vocal y muy parecido al cante hondo. Ver a Ali FAiz Ali, cantando Qawwali, es como ver a Tomatito pero en lengua pakistaní. Si ya se mezcla con Duquende y la guitarra de Chicuelo, la confusión es total.
    No obstante, supongo que el empeño de renegar del vínculo flamenco y andalusí debe provenir del mismo círculo que sigue aún creyendo que la Iberia secular fue conquistada por los árabes y que niegan el esplendor andalusí, su supremacía cultural hasta la fecha (en términos relativos se entiende) y el posterior genocidio de sus gentes y su cultura. Ya es suficientemente grave, que en un país que se dice Reconquistado por astures, vascos y francos, y actualmente regentado por una dinastía francesa, tenga como principales signos de identidad cultural el sol, los toros, la mezquita de Córdoba y la Alhambra de Granada y que deba el descubrimiento de América a la tecnología y navíos de los andalusíes, como para sumar otro hito más, el flamenco, de evidente reconocimiento internacional.
    Negar el vínculo andalusí-flamenco, no es sino signo de ignorancia por parte de aquellos sesudos que no tuvieron la precaución, ni la suerte, (dicho sea de paso), de disfrutar una velada musical en las casas andalusíes del norte africano, Tetuán, Xefxauen, Tánger o Rabat. Es desconocer la voz de Abdesadaq Cheqqara, el r’bab de el Brihi, el laúd de Temsamanni o Lukili, y de tantos otros que se aferran al legado musical granadino y andalusí, como si en ello les fuese la vida, como si fuese el principal legado que dejar a sus generaciones posteriores.
    Pueden, quienes quieran, continuar en su ignorancia, mientras otros, más afortunados, tenemos la suerte de haber encontrado este patrimonio, sentirlo y disfrutarlo como parte de la historia y de la dignidad cultural de nuestros ancestros más remotos y más genuinamente andaluces.