Cuando el Dictador pronunció su famosa frase de “todo queda atado y bien atado” con ocasión del nombramiento de Juan Carlos de Borbón como sucesor suyo “a título de Rey”, en 1969, no hacía referencia con ello a una continuidad, tal cual, del régimen surgido del Golpe de Estado del 18 de julio del 36. Era plenamente consciente de que su papel y el de la Dictadura estaba cumplido. Que era imprescindible su adaptación a los tiempos. Revestirlo de los formalismos democráticos al uso que le proporcionase la legitimidad que le permitiese perpetuarse. De ahí que preparase el terreno desde los años sesenta mediante leyes como la de Sucesión y la fabricación de una oposición “moderada” y “responsable”, antecedentes del PP y PSOE. A la que hay que sumar el colaboracionismo revisionista eurocomunista y su política de “reconciliación nacional”.
El Estado Español durante el primer tercio del Siglo XX era una excepción, en muchas circunstancias, con respecto al resto de estados europeos. El intento de imposición de de un Estado-nación español y una identidad española común había fracasado, y el renacer de las identidades de los pueblos y sus reivindicaciones soberanistas iban en constante aumento. Tampoco se había conseguido meter en el redil del reformismo al sindicalismo de clase o la reconversión a la socialdemocracia de la Izquierda. Por el contrario, la expansión del sindicalismo revolucionario, representado principalmente por la CNT, y el avance de los idearios políticos anticapitalistas y sus organizaciones entre las clases populares era imparable. La revolución asturiana fue para la burguesía un ejemplo de hasta qué extremo peligraba su domino. Sin embargo, lo que constituía un mayor riesgo a ojos del Sistema era que ambas luchas populares, nacional y social, se interrelacionasen en un sólo combate liberador global, como comenzaba a suceder.
En Andalucía el nacionalismo popular surgido en torno a Blas Infante y los liberalistas, desde un principio se había ido conformado sobre éstas bases unificadoras, siendo el primero que reniega de interclasismos, apostando decididamente desde sus inicios por la unión entre liberación nacional y social, por un nacionalismo de clase que eclosionó en 1931 en una alianza electoral entre andalucistas y marxistas-leninistas, apoyada por libertarios: la Candidatura Republicana Revolucionaria Federalista Andaluza, que habría podido constituir el germen de una unidad soberanista y anticapitalista para la liberación del Pueblo Trabajador Andaluz. Fue tal el pavor provocado en las élites dominantes que originó la invención, por parte del gobierno republicano, del “Complot de Tablada”, con el objetivo de impedir la fructificación de un movimiento político que levantase Andalucía al grito de “¡tierra y libertad!”, terminando con el colonialismo.
Estas fueron las razones del 18 de julio. España sólo ha sabido y podido mantenerse mediante la fuerza de un ejército que, aún hoy, tiene como tarea prioritaria “defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”. Esa “integridad” que supone negación y opresión de los pueblos y ese “orden” que, además, conlleva la explotación capitalista. Estatalismo y capitalismo han sido las dos constantes y los dos porqués de todos los españolismos, y fue el peligro de la desaparición de ambos por lo que la burguesía utilizó de nuevo a esos guardas jurados de sus intereses, al ejército, para asegurarlos. El fracaso del asentamiento durante la II República del Estado único y la “democracia parlamentaria” hizo que optasen por el golpe y la guerra de exterminio.
Ni las características de la guerra, ni la duración del régimen fascista, ni la continuidad del neofranquismo, han sido casuales. El 18 de julio supuso un genocidio premeditado contra unos pueblos trabajadores y una clase obrera consideradas “irrecuperables”. Se trataba de acabar físicamente con ellos, sustituyéndolas por nuevas generaciones condicionadas para aceptar a España y el capitalismo como algo “natural”. El resultado fue la actual “madurez” ciudadana. Habiendo logrado el moldeamiento de la población mediante el terror de Estado y el condicionamiento socio-cultural, se dio el último paso de normalización, esa “Transición” que les hizo aceptar lo que sus padres repudiaron: Estado Español forzoso, democracia formal, entreguismo sindical y socialdemocracia política. Nacía así ésta “España constitucional” y su “Estado de las autonomías”.
Esa ha sido la gran victoria del fascismo, haber logrado, tras décadas de represión y condicionamiento social, la aceptación mayoritaria como “natural” tanto de la idea de la “unidad” estatal como de los “valores” del “libre mercado”. A tal extremo se ha llegado, que incluso las supuestas alternativas no pasan de ser lavados de cara al Sistema que no atentan contra sus dos pilares sustentadores: España y capitalismo. La izquierda del régimen, la domesticada, sólo reclama formulas de mayor participación ciudadana, leyes que impongan límites a excesos del Capital, o mayores cotas de competencias y grados de financiación a las “comunidades”. En su “radicalidad”, incluso se apuesta por cambiar formas de Estado, instaurar federaciones o confederaciones, o refundar desarrollismos sobre bases “sostenibles” y “sociales”. Más España y más capitalismo.
Tras setenta y cinco años de franquismo y neofranquismo triunfante, ha llegado la hora de acabar realmente con el régimen. De iniciar el camino de la ruptura, aún pendiente desde la muerte del Dictador. Una ruptura no sólo con respecto a sus instituciones, sino también a sus principios y valores. Y si el régimen se fundamenta en el robo de la soberanía de los pueblos y en la explotación social, no habrá cambios auténticos, no habrá ruptura, sin adoptar los presupuestos contrapuestos. Sin la previa devolución de su libertad nacional y social a los pueblos trabajadores bajo el yugo del Estado impuesto. No se trata de que los estados españoles “concedan”, sino que los pueblos desde su libertad decidan. La emancipación nacional y social del Pueblo Trabajador Andaluz sólo puede ser obra suya. Mostrarla y conducirla es el deber de sus propias organizaciones. A ellas corresponde aunar fuerzas y esfuerzos para derrocar el neo-franquismo españolista y capitalista, ese espíritu vivo del 18 de julio, posibilitando la construcción de un futuro de libertad real, que pase por la recuperación y ejercicio de su soberanía nacional y popular, instaurando la República Andaluza de Trabajador@s.
¡El españolismo es fascismo y capitalismo!
¡Sin soberanía no hay democracia ni autonomía!
¡Por la República Andaluza de Trabajador@s!
¡Por Andalucía libre y socialista!
Nación Andaluza – Comisión Permanente
http://www.nacionandaluza.info/comunicados/18%2007%2011.html

















Cuanto daño hizo Paquito a los andaluces.
Yo vi’ desi’ una cosa ar que lleva esta pagina:
Si esto e’ una pagina dedica’ a Andalusia, lo primero que tenei’ que ase’ e’ ecribi’ en nuetro lenguaje
Habra bien, habra andalu’
Lo que propones, ateo, es una caricatura del hablar andaluz. Te estás cachondeando y tu consejo no tiene ninguna gracia.
De caricatura na’ si a ti te parese una caricatura nuestra forma de habla’ ya me lo esta’ diciendo to’ , asi que coge er camino y vete d’Andalusia
Verguensa me da a mi de la gente que sa’ verguensa’ de nuetra forma de habla’
Ateo yo tengo una proposision sabes lo que Andalusia la haria differente hablar el Arabe y se quitaria esa forma de habler en latin.
Menos llorar y poneos a trabajar. Desgraciaos
¡¡¡Muy bien dicho marwanhussein!!! Totalmente de acuerdo contigo. Eso es, en efecto, lo que nos haría diferentes a los andaluces: recuperar el árabe, la lengua que nos robaron los castellanos católicos y genocidas.
¿Arabe? Ni en broma, para estar todo el dia mirando a La Meca….Quita, quita. Los andaluces hablamos ANDALUZ, ni arabe ni castellano.
El andaluz rajao (que es de lo que está hablando realmente ateo) es un derivado tardío y horrible del latín. Me niego a hablar como lo hacen los sevillanos y sobre todo los gaditanos, con todos los respetos. En Granada no hablamos así, desde luego, y afortunadamente. Es más, no solo soy nacionalista andaluz, sino que considero como otros muchos que hay que recuperar el Reino de Granada, pues nosotros, los de Andalucía Oriental somos una Nación y no queremos ni tenemos nada que ver con la Bética, y estamos hasta el gorro del centralismo sevillano, que lo ha absorbido todo. Ni Sevilla ni Madrid. ANDALUCÍA ORIENTAL INDEPENDIENTE.